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Decidieron ocultárnoslo

El reconocimiento oficial de que al menos 1.068 navarros y navarras fueron torturadas entre 1960 y 2018 no ha generado escándalo alguno, ni político, ni policial, ni judicial, ni mediático. La conclusión es obvia: igual que lo oficial es ahora el reconocimiento, antes lo fue la tortura.


El informe oficial sobre la tortura en Nafarroa reconoce un drama invisibilizado y, con ello, revela además la parte ocultada de la tragedia colectiva de dos siglos de violencia política. Hasta aquí el hecho, objetivo e incontestable. Ahora reparemos en las reacciones.

¿Es un hecho político relevante? No, a tenor de su presentación ni de su impacto el pasado lunes. El Gobierno navarro lo difundió en una nota de prensa escueta y con una sola imagen, sin convocatoria ni comparecencia posterior.

Por su parte, UPN y PP, partidos que han gobernado Nafarroa y el Estado durante la mitad del periodo 1979-2015 Nafarroa en que todo esto ha ocurrido, no han visto nada que valorar: bastante tenían ese día con cuestiones electorales mayores como cambiar a Maya por Ibarrola y abrir la puerta a Sayas y Adanero.

¿Es un escándalo policial? Tampoco. Ni Guardia Civil ni Policía española han salido a poner el grito en el cielo por tal imputación de violencia masiva y continuada. De hecho, el mismo silencio espeso recibió en 2017 al informe de la CAV, y cinco años ya daban tiempo de sobra para romperlo -en honor a la verdad, sí que han cometido algo más feo, que fue intentar torpedear el proceso de reconocimiento y reparación a las víctimas con 500 solicitudes fraudulentas-.

Ni exministros, ni exdelegados del Gobierno, ni comandantes, ni subdelegados... dijeron algo entonces, aunque fuera en defensa de su honor.

¿Es un error judicial?

Que 1.068 casos se les hayan pasado por alto a los tribunales suena a fallo muy gordo; no son los «cuatro de Guilford». Sin embargo, ni la Audiencia de Nafarroa ni la Nacional han salido a la palestra. Tampoco el Consejo General del Poder Judicial, acostumbrado a saltar como un resorte ante el mínimo cuestionamiento del funcionamiento de juzgados de instrucción y tribunales.

Si se hace memoria, tampoco respondieron a las sentencias de Estrasburgo que han ido denunciando la falta de investigación de la tortura. Por cierto, la mitad de ellas (cinco de diez), en Nafarroa.

¿Es una noticia de impacto? Va a ser que tampoco. Ciertamente hay algunas excepciones, pero, como detalle ilustrativo, que en su provincia se haya torturado a 825 personas durante el «periodo democrático» supone una minucia para el diario más vendido en Nafarroa. El informe no entró en la portada de la edición digital del lunes y ayer se despachó en papel con tres cuartos de una columna.

La conclusión de todo ello es tan obvia como predecible.

Lo oficial es ahora el reconocimiento, pero antes lo fue la tortura. Si su confirmación pública no es un hecho político relevante, si no es un escándalo policial, si no es un error judicial, si ni siquiera es una noticia de impacto, es porque todos lo sabían (por lo menos) o lo perpetraban (por lo más). Es porque, tuneando la reflexión habitual de Paco Etxeberria, no es que no se lo pudieran creer, ni siquiera que no se lo quisieran creer, sino que algunos decidieron perpetrarlo y otros optaron por ocultarlo. No es lo más importante ahora, pero tampoco cabe olvidarlo.