
Acompañados de un séquito musical de txistularis y gaiteros, y escoltadas por los cabezudos, los gigantes han bajado al recinto festivo del Arenal y han recorrido las calles del Casco Viejo bilbaino, entre el deleite de la mayoría de los chavales y los sustos de algunos de los más pequeños.
Y es que la mañana festiva en la capital vizcaína ha estado dedicada a los más pequeños de la casa, también con la apertura del «Txikigune», el recinto en el que disfrutan con instalaciones hinchables y se encuentra Gargantúa.
Con 30 grados que marcaban los termómetros al sol en el Arenal, y mientras los jóvenes se reponían de la primera noche de fiestas, las familias con niños y los jubilados se han adueñado de un tranquilo recinto festivo.
Por la tarde, miles de personas, en su abrumadora mayoría niños con sus padres, han presenciado el desfile de la ballena que llega todos los años en las fiestas.
En una soleada tarde, el desfile de la gran ballena Baly y su séquito de fauna marina y terrestre -grandes figuras de plástico en su mayoría- se ha convertido de nuevo en uno de los actos más multitudinarios de Aste Nagusia.

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