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Minsk

Advertencias y desacuerdos, pero urgencia para evitar la guerra total

Fuentes bielorrusas anunciaron a última hora que la cumbre de Minsk ultimaba la negociación de un documento final que, según algunos medios, incluiría la entrada en vigor hoy de un alto el fuego seguido de la retirada de armamento pesado. La insistencia de Ucrania en su «integridad» evidenciaba las dificultades, tantas como la necesidad de poner punto final a una escalada hacia una guerra total.

Presentada como la cumbre de la última oportunidad para evitar una guerra total en Ucrania -aún más total, habría que matizar en nombre de sus miles de víctimas- la reunión a cuatro entre Rusia, Alemania, Estado francés y Ucrania arrancó ayer a última hora de la tarde en la capital de Bielorrusia bajo la atenta mirada, cuando no supervisión, de EEUU.

La canciller alemana, Angela Merkel; el presidente francés, François Hollande, y los presidentes ruso y ucraniano, Vladimir Putin y Petro Poroshenko, quienes protagonizaron un frío apretón de manos previo, iniciaron una reunión a cuatro a la que tenían previsto sumarse luego sus respectivos consejeros y equipos asesores.

El escenario de la cumbre, el Palacio de la Independencia de Minsk, era un imponente edificio de estilo soviético con una sala inmensa con no menos fastuosas columnas de mármol. Todo un recordatorio de una Guerra Fría que la crisis ucraniana ha resucitado y que, todo apuntaba, será difícil devolver al cajón de la historia.

Y es que todas las delegaciones llegaron a Minsk con amenazas más o menos veladas. El presidente ucraniano, quien se reunió nada más llegar con Hollande y Merkel -estos últimos habían ultimado antes su estrategia negociadora-, advirtió de que, en caso de fracaso de la cumbre, impondrá la ley marcial «en todo el territorio ucraniano». A estas alturas, el Gobierno ucraniano casi da más miedo con estos anuncios a sus propios gobernados que a los rebeldes del Donbass. Consciente quizás de ello, Poroshenko aseguró que las potencias occidentales y Ucrania iban a hablar con «una sola voz» en la cumbre recién iniciada.

Esta contundencia suena más a excusatio non petita que a otra cosa. Más cuando el plan de paz que barajan Berlín y París incluye, según las filtraciones, varios compromisos, incluida la federalización del país -habría que ver en qué grado-, que no son sin duda del gusto de los halcones de Kiev.

Lo que no quiere decir que Merkel y Hollande llegaran a Bielorrusia con una rama de olivo. Desde Bruselas, la Unión Europea advirtió de que podría descongelar sus pospuestas sanciones desde hoy mismo -arranca el Consejo Europeo- en caso de que la cumbre acabe sin resultado alguno. Más aún, Bruselas añadió que el citado consejo podría incluso dar un impulso político a nuevas sanciones económicas.

No obstante, a nadie se le escapa que la UE está dividida sobre la cuestión de las sanciones. Mientras Gran Bretaña y los países vecinos de Rusia defienden incluso rearmar abiertamente al obsoleto Ejército ucraniano, otros como Hungría, Italia y el Estado español son renuentes. A estos se ha sumado con fuerza, y seguro que con más determinación -relacionada con el bloque de las negociaciones sobre la deuda- la Grecia de Syriza.

Obama llamó a Putin

La Casa Blanca informó de que el presidente de EEUU, Barack Obama, llamó en la noche del martes a Putin para advertirle de que, «si continúa con su estrategia agresiva en Ucrania, incluido el envío de tropas, armas y financiación en apoyo a los separatistas, Rusia verá como aumenta su precio a pagar». No concretó el precio, pero su Administración sopesa la entrega de armamento letal al Ejército ucraniano.

El viceministro ruso de Exteriores, Serguei Riabkov, advirtió por su parte de que Rusia «no podrá permanecer al margen» si EEUU decide suministrar armamento al Gobierno de Ucrania.

Rusia y sus compatriotas

«Si esto ocurre, tendrá consecuencias dramáticas para la tragedia de Ucrania, y las personas que viven en el sureste del país perderán toda perspectiva de normalización», alertó, para añadir, obvio, que «esas armas van a matar a gente» y concretar luego que «esas armas van a matar a nuestros compatriotas». Esta identificación de los ucranianos del este como compatriotas de Rusia explica más sobre la implicación de Moscú en la crisis que cualquier sesudo análisis o desmentido.

En medio de un clima incierto, y mientras Serguei Lavrov hablaba de «progresos notables», cobraban fuerza los desacuerdos entre las distintas partes.

En torno a un eventual alto el fuego, Rusia y los rebeldes exigen la retirada de los soldados ucranianos del frente de guerra y que Kiev restaure la financiación de Donetsk y Lugansk. Ucrania urge, por contra, a retomar junto con la OSCE el control de los 400 kilómetros de frontera con Rusia en manos ahora de los rebeldes prorrusos.

Kiev tampoco reconoce la nueva línea de frente después de que los rebeldes hayan ganado 500 kilómetros cuadrados en su reciente ofensiva. Como no ve con buenos ojos la propuesta federalizadora del Donbass -Poroshenko recordó que la pide Rusia, «el país mas centralista de la región»-.

Finalmente, rechaza la presencia de tropas rusas, incluso bielorrusas o kazajas, de interposición para velar por el alto el fuego. Ucrania se habría resignado a asumir la presencia de cascos azules en lo que considera su territorio. Pero Rusia tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad y tratará siempre de estar presente, como sea, en un territorio que considera poblado por sus compatriotas.

Hospital

Las autoridades rebeldes de Donetsk denunciaron la muerte de un civil en un bombardeo del Ejército ucraniano contra la sala de extracciones de sangre y el área de Neurología del Hospital Número 20 de la ciudad.

Ecos balcánicos

Una veintena de veteranos croatas se han unido al batallón Azov, milicias de voluntarios de extrema derecha, en Mariupol. La presencia de voluntarios serbios prorrusos era ya visible desde marzo pasado en Crimea.

Bosnia

Presionada por la minoría serbia de la República Sprska, Bosnia ha paralizado desde ayer las exportaciones de armas y municiones a Ucrania al asegurar que el conflicto debe resolverse por medios pacíficos. Rusia hizo una petición en este sentido.

El IISS contrapone la incapacidad ucraniana a la visión estratégica rusa

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) anticipa como «poco prometedoras» las opciones de alcanzar un acuerdo político que ponga fin al conflicto en Ucrania dada la falta de «voluntad» por parte de los gobiernos de Ucrania y Rusia.

«Mientras que la UE parece estar centrada en alcanzar un alto el fuego, los separatistas, así como los gobiernos de Ucrania y Rusia, están pensando de un modo más estratégico y sus objetivos son claramente incompatibles», sostuvo el presidente del IISS, John Chipman, al presentar el informe anual de este instituto, con sede en Londres, publicación que coincidió casualmente con la cumbre de Minsk.

Chipman añadió que mientras el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, estaría decidido a asegurarse de que Kiev «gobierna por completo el este de Ucrania y controla la frontera sureste», el inquilino del Kremlin, Vladimir Putin, quiere, por contra, una Ucrania «fracturada e incapaz de huir de la órbita rusa para acercarse a las instituciones europeas».

Pese a reconocer que Ucrania tiene un plan, puso en duda su viabilidad al asegurar que, al bloquear económicamente a los enclaves rebeldes del este, Kiev «ha obligado a Moscú a apoyarlas». Más aún, el presidente del IISS certificó que «Ucrania parece incapaz de ganar, tanto en el campo de batalla como en la mesa de negociaciones».

Ben Barry, analista del IISS, fue más allá y recordó que, incluso en el caso de que Occidente acabe suministrando armamento letal a Kiev, el Ejército ucraniano, «mal equipado y demasiado dependiente de suministros que datan de la época soviética», tardaría tiempo en obtener ventaja militar.

«Parte del problema es que las fuerzas ucranianas están menos modernizadas y menos entrenadas. Eso quiere decir que las armas entregadas deberían ser del tipo de las que ya tienen. Para manejar armamento de precisión avanzado, necesitarían algún tiempo de entrenamiento», señaló, para añadir que la entrega de armas occidentales desencadenaría un apoyo aún mayor de Moscú a los rebeldes».

El informe anual del IISS destaca que Rusia lleva a cabo una «guerra híbrida» en Ucrania en la que combinaría distintos tipos de operaciones militares, todas ellas secretas, con campañas de comunicación masivas en las redes sociales. Concretamente, asegura que Moscú lleva a cabo una «guerra limitada, con objetivos limitados» pero que a la vez practica una política de negación sistemática de su participación, lo que desestabiliza la capacidad de respuesta occidental y refuerza a los rebeldes del Donbass.

El IISS concluye que esa «guerra híbrida» constituye un desafío para los ejército regulares de los países occidentales, demasiado focalizados en las operaciones convencionales y, a la postre, poco eficaces, y, a su juicio, mal preparados para contrarrestar la propaganda enemiga. GARA

¿ESPIONITIS?

Rusia ha multiplicado las detenciones por espionaje. Entre los últimos detenidos están Vladimir Golubev, experto nuclear; Evgueni Petrine, empleado de la Iglesia ortodoxa, y Yuri Solochenko, exdirector de una fábrica militar en Ucrania.