Asier VERA SANTAMARÍA
Jerusalén

Israel, a un paso de dar la espalda a Netanyahu por su mala gestión económica

Benjamin Netanyahu podría ser desalojado mañana de la Jefatura del Gobierno por una desencantada ciudadanía que desaprueba su gestión económica cuando la economía ha pasado a ser la principal preocupación de los israelíes, y no descarta dar una oportunidad para el «cambio» al laborista Isaac Herzog, favorito en las encuestas.

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, no dormirá tranquilo esta noche sabiendo que en un día, su partido, el Likud, podría perder las elecciones legislativas. Muy diferente será la noche para el 20% de la población, los 1,3 millones de descendientes de los palestinos que se quedaron a vivir en Israel tras su creación, en 1948.

La minoría árabe sabe que su voto puede hacer oscilar la balanza del nuevo Gobierno israelí entre el derechista Netanyahu y la coalición de centroizquierda Campo Sionista de Tzipi Livni e Isaac Herzog, a la que todas las encuestas dan la victoria, con 26 escaños, cuatro más que el Likud. Eso podría suponer la salida de Netanyahu del poder, donde lleva desde 2009. Pero para ello, el partido ganador deberá recabar el apoyo de otras formaciones.

Y la llave puede tenerla la Lista Árabe Unida, que agrupa a tres partidos árabes y uno árabe-judío y al que todas las encuestas sitúan como tercera fuerza con 13 escaños. Ya ha anunciado que apoyará desde fuera un Gobierno de centroizquierda, aunque Herzog se mostró ayer dispuesto a nombrar un ministro árabe si alcanza el poder. Por eso, en los últimos días Netanyahu, en un intento a la desesperada, ha apelado a los partidos de ultraderecha para que no le dejen solo y le apoyen en un momento en el que, dice, «hay una conspiración mundial para sacarme del Gobierno».

Los israelíes son conscientes de que mañana se juegan, sobre todo, un cambio en la política económica, dada la dificultad de mucha gente para llegar a fin de mes ante la carestía de la vida. Y este asunto es el que puede aupar al poder a la coalición de centroizquierda, que ha basado su campaña en esta cuestión, mientras Netanyahu se centraba en Irán, la seguridad y el Estado judío. Herzog sabe que las preocupaciones de los israelíes van por otro lado y ha prometido que en menos de un año pondrá en marcha el programa de Trajtenberg para crear un cambio socioeconómico integral. Este plan fue propuesto durante las protestas de 2011 por el economista argentino Manuel Trajtenberg, quien será ministro de Finanzas si Campo Sionista gobierna. Una de sus primeras medidas será bajar los precios de la vivienda, motivo que hace cuatro años sacó a 500.000 jóvenes a la calle y hace una semana a 50.000 personas en Tel Aviv. Y la agenda económica de su Ejecutivo buscará que los buenos datos macroeconómicos del país -5,6% de paro, aumento del PIB y 0,2% de inflación negativa en 2014- tengan reflejo en los bolsillos de una población cada vez más empobrecida.

Netanyahu ha eludido hablar de ello en campaña refugiándose en la manida cuestión del plan nuclear iraní, el riesgo de ceder tierra a los palestinos y su obsesión por la seguridad que justifica en que la vida es más importante que su carestía.

Estado palestino y colonización

Una de los asuntos paralizados en el tiempo desde la creación del Estado de Israel en 1948 es la cuestión de Palestina. Netanyahu no tiene intención de cambiar nada al oponerse a la creación del Estado palestino y argumenta, ante la actual situación en Oriente Medio, que la retirada de Israel de cualquier territorio supondría su caída en manos del extremismo islámico y de organizaciones «terroristas» apoyadas por Irán. En cuanto al derecho de retorno de los palestinos refugiados tras la expulsión de sus tierras, subraya que eso no sucederá dentro de las fronteras de Israel, sino en un hipotético Estado palestina a cuya creación se opone, igual que rechaza poner fin a la colonización.

Herzog, por su parte, aboga por iniciar una negociación encaminada a repartir la tierra entre israelíes y palestinos, con el fin de asegurar el futuro de Israel como Estado judío democrático. Defiende la reactivación del proceso de paz, si bien remarca que el Muro de las Lamentaciones debe permanecer bajo soberanía de Israel. Su compañera de coalición, Tzipi Livni, aclara que ya explicó a los palestinos que el acuerdo no supondría volver a las fronteras que había en 1967. Respecto al derecho de retorno, afirma que la idea de crear un Estado palestino es dar una respuesta nacional a los palestinos estén donde estén, y apuesta por eliminar los asentamientos para poner fin al conflicto.

El candidato de la Liga Árabe Unida, Ayman Odeh, sostiene, mientras, que los palestinos merecen igualdad social y nacional, tras haber luchado durante los últimos años por la justicia social. Por eso, critica que se tache de radical un Estado para todos sus ciudadanos y se considere una idea «de centro» un Estado de todos los judíos. Su compañero de coalición, Masud Ghnaim, recuerda que éste es el país y el legítimo hogar nacional de los palestinos y que no se les puede comparar con los colonos.

La tercera cuestión clave en Israel es el programa nuclear de Irán. Netanyahu se opone tajantemente a un acuerdo al considerar que solo servirá para aplazar su verdadero objetivo, que cree que no es otro que la fabricación de una bomba nuclear para atacar a Israel, al tiempo que aboga por incrementar las sanciones sin descartar una intervención militar aunque sea sin apoyo de EEUU.

Al respecto, Herzog plantea que trabajará para que Irán no se dote de capacidad nuclear, y aunque dice querer evitar un mal acuerdo, sostiene que las pretensiones de Irán solo se pueden parar con la cooperación de EEUU. No obstante, considera que los verdaderos problemas están en Israel, en referencia a Gaza, el norte de Israel y Jerusalén, aunque sin subestimar a Irán.