Ingo NIEBEL
COLONIA

El G7 renueva sus amenazas a Rusia por la crisis de Ucrania

Ante el paisaje de los montes bávaros la Cumbre del G7 terminó ayer en el Palacio de Elmau llevando tanto el enfrentamiento con Rusia como también la presión contra Grecia a un nuevo nivel. Las siete economías más potentes de Occidente y la UE intentan consolidarse como grupo de presión ante la emergente competencia del grupo BRICS

El G7 finalizó su cumbre queriendo dar una imagen de unidad, sobre todo contra Rusia. La anfitriona, la canciller alemana Angela Merkel, definió al grupo, compuesto por EEUU, Canadá y Japón, Gran Bretaña, las repúblicas alemana, francesa e italiana, como una «comunidad de responsabilidad» que «representa libertad, democracia y derechos humanos». También participaron en el encuentro, que duró 24 horas, los presidentes de la Comisión Europea y el del Consejo Europeo, Jean Claude Juncker y Donald Tusk, respectivamente.

El año pasado los siete mandatarios habían excluido a Rusia, por la adhesión de Crimea a su territorio. Desde 1998 Moscú había formado parte del grupo y ahora se ha convertido en el blanco primordial de sus amenazas.

En su comunicado final, el G7 exigió al presidente ruso, Vladimir Putin. que deje de apoyar a las milicias prorrusas en el este de Ucrania y que respete el Acuerdo de Minsk. «Estamos dispuesto a tomar más medidas restrictivas para elevar los costes para Rusia, si sus actuaciones lo requiriesen», advirtió Merkel.

El presidente de EEUU, Barack Obama, fue más drástico diciendo que Putin tendría que reflexionar sobre si quiere aislar más a su país «solo por el deseo erróneo de recuperar el esplendor del Imperio soviético».

Al mismo tiempo alabó a Merkel y a su homólogo francés, François Hollande, por «su extraordinario aguante y paciencia» en las negociaciones con el mandatario ruso. Tal vez con estas bonitas palabras, Obama quiso hacer olvidar que en dos ocasiones la encargada para Europa del Departamento de Estado, Victoria Nuland, arremetió duramente contra la política de la UE en la crisis de Ucrania, con un sonoro «Fuck the EU».

La idea de endurecer las sanciones contra Rusia vienen ante todo desde Washington porque dañan al comercio de la UE con la Federación rusa mientras que benefician a empresas estadounidenses. La prensa alemana ventiló que las actuales sanciones podrían haber obligado al Banco Central ruso a desembolsar 150.000 millones de euros. Desde Moscú llegan informaciones que dicen que el país vive un auge económico, financiero y bursátil ya que pudo lidiar con las consecuencias de las sanciones de la UE. Mientras tanto, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, se mostró contento por la posición del G7.

Sin embargo, el tema es más complicado. Merkel tiene la suerte de que sigue liderando las encuestas y que no hay ningún partido de oposición que opte por otra política hacia Rusia, haciendo caso al sector prorruso de la economía e industria alemanas. Solo los ex cancilleres socialdemócratas Helmut Schmidt y Gerhard Schröder han vuelto a criticar la exclusión de Putin y la actual política exterior. Más difícil lo tiene Hollande que podría verse sometido en un carísimo pleito si no entrega los buques de guerra que Moscú encargó a París. Además, la propia Merkel reconoce que sí se necesita el diálogo con Putin porque «solo con Rusia se puede combatir crisis internacionales como el conflicto de Siria».

«Un país europeo medio»

Por su parte, las autoridades ucranianas afirmaron ayer que se enfrentan a una fuerza equivalente al ejército de «un país medio europeo» en el este del país, donde ayer volvieron los combates.

Los militares ucranianos y milicianos voluntarios que participan en el conflicto suman unos 50.000 combatientes, que se enfrentan a una fuerza de «42.500 hombres», compuesta en sus tres cuartas partes por rebeldes y el resto, cerca de 10.000, por soldados rusos, según aseguró el ministro de Defensa, Stepan Poltorak, en una reunión del Consejo interparlamentario Ucrania-OTAN. Poltorak añadió que estas fuerzas disponen de 558 tanques y numerosas piezas de artillería.

«Tal cantidad de armamentos sería suficiente para armar a un Estado medio europeo», sostuvo el ministro, que acusó a Rusia de ser «el principal organizador e impulsor del conflicto».

Siete soldados ucranianos murieron ayer al estallar una mina antitanque al paso de un vehículo militar cerca de la localidad de Krasnogorovka, situada a menos de 20 kilómetros de Donetsk, principal bastión prorruso. Más allá de las declaraciones de los políticos del G7, algunos académicos occidentales ya alertan de que Rusia ha encontrado su alternativa al G7 en el grupo BRICS que forma con Brasil, India, China y Sudáfrica. Desde su fundación en 2006, esta organización crece de forma estratégica. En julio quiere fundar el «Banco Nuevo Desarrollo» que sería una alternativa al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. Estos últimos son, como también el G7, dos instrumentos que EEUU diseñó en su día para blindar su posición hegemónica a nivel internacional. Después de haber perdido el control sobre una buena parte de América Latina, Washington ha de temer ahora que le va a salir un grupo rival difícil de domar. Este temor comparten también los otros seis miembros del G7 que están dispuestos a dejar de lado sus rivalidades internas, muy características de su modelo capitalista, para hacer frente al BRICS.

De ahí se explica asimismo el sumo interés de Merkel y de otros líderes europeos en firmar cuanto antes Tratado de Libre Comercio con EEUU y Canadá. Para ello evocan la histórica amistad «transatlántica» y crean nuevos términos huecos como «comunidad de responsabilidad».

Pensando en dimensiones geoestratégicas y globales, se olvida pronto el impacto económico a nivel nacional, o sea. local. Sobre estos peligros avisaron los miles de manifestantes que primero en Munich y luego en los alrededores de Elmau protestaron contra todo lo que representa el G7. No lograron materializar su lema «Stop G7 Elmau» porque Berlín y Munich aportaron 300 millones de euros y 26.000 policías para hacer posible la cumbre y tener su fiesta en paz.

La geografía y el tiempo, con una lluvia torrencial que inundó el campamento de la protesta, les ayudaron. Esas circunstancias evitaron que la represión, que se saldó al menos con 90 detenciones, fuese más patente

 

Obama se suma a la presión sobre Grecia

El presidente de EEUU, Barack Obama, afirmó en la cumbre del G7 que Grecia debe hacer «importantes reformas» y adoptar «decisiones políticas duras» para lograr un acuerdo con sus acreedores que permita desbloquear ayuda urgente del rescate. Obama señaló que todas las partes comparten un «sentimiento de urgencia» para encontrar una solución. Ello «va a exigir a Grecia seriedad en la puesta en marcha de importantes reformas», que a su juicio no son «solo para satisfacer a sus acreedores, sino también para crear una plataforma que permita a la economía griega empezar a crecer de nuevo y prosperar». «Los griegos van a tener que cumplir y adoptar algunas decisiones políticas duras que serán buenas a largo plazo», insistió el presidente de EEUU. En su opinión, «si las dos partes (Atenas y la troika) muestran suficiente flexibilidad, podemos resolver este problema», aunque «se necesitarán decisiones duras de todos los implicados».

Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, advirtió de que «no queda mucho tiempo» y de que «cada día cuenta» para alcanzar un acuerdo con Grecia, pero insistió en que Atenas «deberá aplicar una serie de medidas». A su vez, el presidente francés apremió a Atenas, señalando que el plazo para un acuerdo vence a finales de junio «y creo que le conviene a Grecia ir más rápido para evitar dudas o especulaciones». El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, pidió a Merkel que pronuncie «un discurso de esperanza» para Grecia similar al que emitió el secretario de Estado de EEUU James E.Byrnes en Stuttgart en 1946 para abrirles perspectivas a los alemanes tras la guerra. Mientras, un equipo negociador griego ha viajado a Bruselas para dar un empuje a las conversaciones. GARA

 

Compromiso conjunto para reducir la emisión de gases de efecto invernadero

A seis meses de la cumbre del clima de París, los países del G7 estimaron «necesaria» una «disminución importante de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero» a lo largo del siglo XXI.

Los líderes de las siete mayores potencias económicas abogaron por el objetivo mundial de reducir de aquí a 2050 las emisiones entre un 40% y un 7 %, en comparación con los niveles de 2010, aunque sin especificar objetivos concretos para cada estado. Igualmente, se comprometieron a asumir su parte de responsabilidad «para lograr una economía mundial sobria en carbono a largo plazo». Para ello deberán reducir sensiblemente en las próximas décadas sus emisiones de los gases que aceleran el calentamiento global. Los siete representan en torno al 10% de la población mundial y una cuarta parte de las emisiones de CO2. «Elmau ha cumplido sus promesas» opinó Martin Kaiser, de Greenpeace. Pero en Bonn, donde se preparan las negociaciones para la cumbre de París, Alden Meyer, analista de la Unión de Científicos Preocupados, destacó que el G7 formula objetivos para todos, pero cada uno de sus miembros evita compromisos concretos. «No está claro en qué medida van a transformar el debate, señaló. La canciller alemana, Angela Merkel, dijo que quieren «reglas vinculantes» para el acuerdo de París. El presidente de EEUU, Barack Obama, estimó que se ha avanzado hacia un «sólido acuerdo», y para el presidente francés, François Hollande, el comunicado recoge compromisos «ambiciosos y realistas». GARA