
El rugby profesional vasco se derrumba como un castillo de naipes, con una profunda crisis económica, deportiva e institucional en sus dos integrantes, Aviron de Baiona y Biarritz Olympique, que cuentan con una centenaria historia, muchos millones de presupuesto y miles de seguidores.
Si este martes era Serge Blanco, presidente del Biarritz Olympique, el que presentaba de viva voz su dimisión en el transcurso de una asamblea en la que el proyecto de fusión era rechazado, hoy ha sido el turno de Manu Mérin, su homólogo en el club de la capital.
Nada más conocer la decisión de la asamblea del Biarritz Omnisports, Mérin declaró que «se ha enterrado al rugby vasco». El Aviron se topa con la necesidad de «encontrar un millón de euros» en el plazo de una semana. En cuanto a la plantilla, jugadores importantes había ligado su continuidad a la fusión, desaparecida esta última tienen vía libre para escuchar otras ofertas.
Manu Mérin, quien vivió por su parte una turbulenta asamblea ante varios cientos de aficionados, lo ha consultado con la almohada y esta mañana ha hecho pública su decisión de dimitir «en unas semanas. Antes quiero dejar el club bien encarrilado. Es muy complicado dirigir al Aviron Bayonnais y estoy agotado. Mi decisión es firme e irrevocable».

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