
Las seis monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) han declarado al partido-milicia chií libanés Hizbulah como «organización terrorista», una decisión que aumenta la presión sobre el grupo aliado de Irán, que tiene una gran influencia en Líbano y juega un papel clave en la crisis siria, además de acentuar la crisis diplomática entre Líbano y Arabia Saudí. Aunque los países del CCG, incluyendo Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, ya habían catalogado al grupo como organización «terrorista» de forma individual y habían impuesto sanciones a sus miembros, el secretario general del CCG, Abdullatif al-Zayani, anunció que ahora es una decisión conjunta del organismo. «Mientras la milicia continúe con sus prácticas terroristas, los estados del CCG la considerarán como una organización terrorista y tomarán las medidas que sean necesarias para aplicar esta decisión sobre las leyes antiterroristas del CCG y las leyes internacionales similares», explicó Al-Zayani.
La decisión se anunció un día después del discurso pronunciado por el líder de Hizbulah, Hassan Nasrallah, en el que acusaba a Arabia Saudí de empujar a Líbano a una nueva fase de conflicto político ante la suspensión de las ayudas que la petromonarquía concede al Ejército libanés. Nasrallah también criticó a Arabia Saudí por dirigir ataques con coches bomba en Líbano, que se ha convertido en otro escenario de la rivalidad entre Teherán y Riad que está aumentando por todo Oriente Próximo, desde Siria a Yemen.
Por su parte, Al-Zayani acusó a Hizbulah de cometer actos hostiles contra los países del CCG, incluyendo el reclutamiento de hombres «para que promuevan los levantamientos e inciten al caos y a la violencia».
Más allá de Hizbulah, en el punto de mira del CCG se encuentra Irán, potencia rival en la región. Arabia Saudí, suní y el mayor miembro del CCG, mantiene una influencia considerable en Líbano mediante el apoyo al político suní y exprimer ministro Saad Hariri.
Las tensiones entre Hizbulah y Hariri derivaron en un conflicto en 2008, cuando una disputa alimentada por la rivalidad entre Riad y Teherán desencadenó una breve guerra civil, que Nasrallah aseguró que no se repetirá. Hariri apoyó ayer la decisión del CCG, pero el también exprimer ministro Selim al-Hoss opinó que la medida «pone en peligro la estabilidad, la seguridad y la paz civil» en Líbano.

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