
«Si para que haya un gobierno de coalición mi presencia es un problema, estoy dispuesto a ceder y no estar en el Gobierno». Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, se echa a un lado en el reparto de puestos en un hipotético gobierno junto a PSOE e IU y anuncia que estaría dispuesto a no ocupar ninguna cartera si facilitar el acuerdo. Así lo ha anunciado en la rueda de prensa que ha seguido a la reunión mantenida junto a Pedro Sánchez, líder del PSOE. Este sin embargo, no renuncia a su acuerdo con Ciudadanos. «Todo el acuerdo con el que me presente a una investidura tiene que contar con el «sí» de Albert Rivera», ha insistido.
En un giro en su tono, mucho más conciliador, Iglesias ha remarcado que el acuerdo de Podemos, PSOE, Compromís e IU llega a 161 diputados, «la opción que está más cerca del gobierno». A partir de ahora él encabezará el equipo negociador, un gesto que ha desvinculado de las desavenencias con Iñigo Errejón, que hasta ahora lideraba el grupo. Su oferta sigue siendo la misma de siempre: un acuerdo smiliar al que hizo a Ximo Puig presidente en el País Valencià. En este caso, sin embargo, plantea dar un paso atrás para quebrar las reticencias del PSOE, donde se veía con malos ojos lo que se interpretaba como «soberbia» del líder de Podemos.
Ahora, Iglesias se ceñirá a dirigir las negociaciones. Como posible vicepresidente, el líder de Podemos ha indicado que miembros de su partido como el propio Errejón o Carolina Bescansa podrían ejercer esta labor. Sánchez ha eludido comentar el baile de nombres.
Lo que está claro es que el líder del PSOE insiste en mantener su acuerdo con Ciudadanos. Frente a la «vía 161» que propone Iglesias, Sánchez aboga por la «vía 191». Es decir, un acuerdo entre PSOE, morados y naranjas. Para ello, el aspirante fallido a presidente insiste en denominarles como «partidos del cambio». Y elude hablar de las diferencias expresadas tanto por Iglesias como por Rivera. En diversas comparecencias, ambos han expresado su veto hacia el otro.
Catalunya
Catalunya es uno de los puntos que más les separan. En este ámbito, Iglesias ha propuesto una reunión entre el PSC y En Comú Podem para presentar una propuesta basada en la consulta que defiende su formación. Una idea que no ha rechazado Sánchez pero que, en la práctica, es inviable, ya que su partido se niega a preguntar a los catalanes. Además, el acuerdo que ya tiene firmado con Ciudadanos veta explícitamente las urnas para resolver las demandas nacionales.
Sobre ese acuerdo, Sánchez ha considerado que existen «puntos en común» entre Ciudadanos y Podemos. Ha mencionado, por ejemplo, el fin de los aforamientos y la «paralización» de la LOMCE. Como fórmula para sortear las disputas, el líder del PSOE ha planteado que aquellos asuntos que no se solucionen con el consenso de las tres formaciones se lleven al Congreso español para su debate. Es decir, una maniobra que convertiría al PP en árbitro de los planteamientos que generen conflicto entre los tres partidos. Teniendo en cuenta todos los ámbitos del documento de 66 páginas en los que hay choque, esto implicaría «de facto» una «gran coalición» con la ventaja para Sánchez de haber sido investido con los votos de Podemos.
Al margen de los titulares, lo cierto es que nada ha avanzado. Sánchez ha asegurado que se está «más cerca de un Gobierno del cambio que de elecciones». Pero la realidad es que las posiciones no se han movido un milímetro. Habrá que ver si esto cambia en las reuniones a tres previstas para los próximos días.

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