Alberto PRADILLA

Flores y militares diez días después del «shock»

Casi dos semanas después de los atentados, Bruselas no recupera la normalidad. Las flores y las banderas recuerdan a las víctimas en La Bolsa, convertida en mausoleo al aire libre. Mientras, los controles militares siguen visibles y no parece que vayan a marcharse.

Las banderas y las flores de la plaza de La Bolsa, en el centro de Bruselas, recuerdan a los muertos en el atentado. El centro peatonal, supuestamente vetado a manifestaciones, es un mausoleo al aire libre. La gente llega, deja una flor, enciende una vela, se hace un «selfie» y sigue su camino. Apenas queda rastro de la legión de periodistas que, durante las últimas dos semanas, convirtieron el turístico punto de encuentro en un plató improvisado. Como en la sede de ‘‘Charlie Hebdo’’ en enero de 2015 o la plaza de la República, ambas en París, llegamos, emitimos y nos vamos. Como un gran enjambre. En Bruselas, sin embargo, siguen pendientes muchísimos interrogantes. Sobre los detalles del atentado, la seguridad, la integración o la desigualdad. Después del «shock» quedan las flores y las banderas en el suelo. Y muchos, muchísimos militares desplegados por todo Bruselas. Tantos que, en la entrada de la Gare du Midi o en algunas estaciones de metro, la sensación es más de estar en Israel que en la capital europea.

«Nos hemos acostumbrado. Es como si formaran parte del decorado», dice un joven que trabaja en la farmacia cercana a la Comisión Europea. Una cosa es que estén; otra, que utilicen sus armas, argumenta. No es que antes del 22 de marzo no hubiese camiones caquis ni uniformados en puntos sensibles. Los había. Y pese a ello, los atentados se llevaron a cabo. Una certeza que no impide que la mayoría de bruselenses prefiera la falsa sensación de seguridad al miedo a ser vulnerables a otro ataque.

Mientras las investigaciones se desarrollan y se aclara qué falló (si es que existe la posibilidad de evitar un atentado así), proliferan los controles en puntos clave. En el aeropuerto de Charleroi, el único activo después de que una de las bombas reventase el interior de Zaventem, no se puede entrar sin billete. En las grandes estaciones se vigilan las mochilas, con especial celo si su portador tiene rasgos árabes. Son los denominados «perfiles raciales», de los que tanto presumen en Tel Aviv. ¿Quedarán como medida de emergencia o se eternizarán?

«El terrorismo no tiene nada que ver con el Islam. Hay que controlar, pero la responsabilidad está en las mezquitas, en los colegios y en las casas». El imam Ibrahim, uno de los religiosos del principal templo musulmán de Bruselas, insiste en un mensaje necesario. Ayer, líderes del credo de Mahoma se reunían en La Bolsa para recordar a las víctimas antes de cumplir con el rezo del viernes. Junto a ellos, Marine Pellerine, que sobrevivió a la bomba del metro de Maelbeek. «Hay que perdonar. No hemos llegado aquí por azar. Todos tenemos que cambiar algo», argumenta, tras relatar el penoso trayecto, en medio de la oscuridad, que realizó tras reventar la bomba. El metro, por cierto, sigue a medio gas. Cuando el vagón atraviesa la estación atacada, los pasajeros bajan la voz. En el momento en el que se retiren las flores seguirán los interrogantes. Probablemente, también los militares.

 

Marcha antifascista frente al acto ultra desconvocado

Después de que 450 ultras reventasen el acto por las víctimas del atentado que tuvo lugar el pasado domingo, el siguiente paso para tensionar el ambiente era una marcha «contra el islamismo» que tendría lugar en Molenbeek, uno de los barrios de Bruselas con más presencia de musulmanes. Allí fue donde la Policía belga arrestó a Salah Abdeslam poco antes de la masacre y allí pretendía manifestarse «Generación Identitaria», la rama juvenil del «Bloque Identitario», un movimiento xenófobo creado en el Estado francés en 2003. La cita era para hoy a las 15.00 horas frente a la oficina de la burgomaestre Françoise Schepmans. Finalmente, la marcha fue prohibida y los miembros del colectivo instaron a sus seguidores a no desplazarse al barrio. Fuentes del grupo consultadas por GARA insistieron en que ninguno de sus miembros acudirá. Sin embargo, a través de un vídeo advirtieron de que «no hemos terminado con Molenbeek», lo que no reduce la tensión. Para hacer frente a los ultras, se ha convocado una concentración para dos horas antes en La Bolsa «contra la islamofobia y la extrema derecha».A.P.