
Los representantes que han presentado su dimisión son Ester Rocabayera, Joel Jové, Roger Castellanos –estos tres de Poble Lliure, una de las organizaciones que componen la CUP–; Omar Diatta, Guim Pros y Tomàs Sayes.
En la carta matizan que adoptan esta decisión a título individual. «No forma parte de ninguna batalla entre sectores y solo se fundamenta en la firme voluntad de mejorar a partir de la autocrítica», subrayan.
«Las personas que desde hace un año integramos el Secretariado Nacional (SN), no hemos sido capaces de revertir la inoperatividad expresada por el SN anterior y, por tanto, nos sentimos corresponsables de la situación. No sólo eso, sino que hemos sido testigos del aumento de actitudes sectarias y maquiavélicas que han impregnado, entre otros, dos de los procesos de decisión más relevantes de nuestra historia reciente: la investidura del pasado mes de enero y la reciente cuestión de los presupuestos», explican.
«La batalla por obtener el control de la organización ha condicionado la mayoría de los debates, de la selección de liberados y otros cargos de los órganos nacionales como los propios integrantes del grupo parlamentario. En conjunto, generando graves disfunciones democráticas que ponen en cuestión el modelo asambleario y transparente que ha caracterizado la CUP durante años», añaden los firmantes.
Estas seis personas entienden que «el principal papel de la CUP en este mandato, aunque no el único, es el de ser garantía y acelerador del proceso independentista y somos de la opinión que los diferentes posicionamientos que se han ido tomando nos alejan de la estrategia independentista que habíamos asumido programáticamente».
«No queremos que se nos malinterprete –matizan–. No somos partidarios de Artur Mas, ni de cualquier propuesta de presupuestos. Creemos en la negociación y en la política como herramienta de transformación social y tenemos muchos claros nuestros objetivos de lograr la justicia social y la liberación nacional. No queremos restar culpa al papel jugado por Junts pel Si. Simplemente, somos autocríticos con el papel que ha jugado la CUP como agente político y sus carencias de funcionamiento».
Apuntan que esta situación ha provocado «un goteo importante de bajas» y que por tanto no pueden «seguir siendo partícipes ni legitimando el máximo órgano ejecutivo. Somos conscientes de que con nuestra dimisión obligamos a la organización a escoger un nuevo SN; pero sólo así, y con la esperanza puesta en los equipos que quieran asumir la responsabilidad a través del máximo apoyo de la militancia, podremos recuperar la dignidad y la credibilidad de la organización».

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