
Hace no tanto, las campañas electorales de la Comunidad Autónoma Vasca implicaban un terremoto cuyas réplicas condicionaban toda la política del Estado. En la actualidad, sin embargo, las formaciones con sede central en Madrid compiten con un ojo puesto en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa y el otro al sur del Ebro. El bloqueo y la posibilidad de unas terceras elecciones influyen especialmente en estos partidos, que observan el 25S como una palanca que podría desatascar la investidura española o, por el contrario, ahondar en la parálisis. El primer fin de semana, con el desembarco de líderes como Andrea Levy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias o Albert Rivera, ha dejado claro que a pesar de las competencias de las que disfruta la CAV y su problemática específica, quienes tienen su centro de acción en la capital del Estado siguen con la cabeza en la frustrada investidura.
En realidad, las elecciones de Galiza pueden tener más impacto que los comicios de la CAV a la hora del desbloqueo, ya que si Alberto Nuñez Feijóo no revalida la mayoría absoluta del PP se interpretará como un batacazo de uno de los más estrechos colaboradores de Génova.
En la CAV aparecen dos elementos propios y relevantes. Por un lado, el insistente rumor de que el PNV podría pactar con el PP un «cambio de cromos» por el cual Sabin Etxea daría su apoyo a Rajoy a cambio de la investidura de Iñigo Urkullu. Una teoría que no se sostiene ya que es previsible que los de Alfonso Alonso terminasen votando a los jelkides a cambio de nada si la alternativa es EH Bildu y Elkarrekin Podemos.
Por otro, está la incógnita del PSOE. Las encuestas vaticinan un descalabro de Idoia Mendia y le ubican en ocho parlamentarios, la mitad de los que tiene ahora. Esto afectaría a Pedro Sánchez por «efecto dominó». Hay analistas que consideran que un hundimiento de Ferraz en la CAV y Galiza daría alas a la disidencia de la actual dirección. Aunque el secretario general ha demostrado ser un verdadero superviviente.
Los desembarcos
Los fines de semana son jornadas de desembarco. Así, los portavoces estatales han aprovechado sus visitas de ida y vuelta para lanzarse mensajes a cientos de kilómetros con aquellos con los que, habitualmente, comparten pasillos en el Congreso. Como si la ciudadanía vasca no tuviese sus propios problemas, el cruce de reproches por la falta de Gobierno español marcó los mensajes de un primer fin de semana de perfil bajo. El agotamiento que se percibe en los ámbitos políticos no ayuda a la hora de movilizar a una sociedad hastiada.
Nada más agotador que escuchar los argumentos reiterados una y otra vez. El PP instando al PSOE a abstenerse y permitirle gobernar. Sánchez con su triple «no» y deshojando la margarita y Podemos y Ciudadanos haciéndose ascos pero rechazando las terceras elecciones españolas. Como si todos hubiesen comprado el discurso del PNV y considerasen a Araba, Gipuzkoa y Bizkaia un «oasis» sin problemas propios que debatir.
«Desbloquear España»
Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Análisis del PP, fue una de esas paracaidistas. «El voto al PP en el País Vasco es un voto para desbloquear España», fue su gran argumento para atacar al PSOE. Paradójico, porque las dos grandes formaciones españolas apenas tienen presencia en los comicios de la CAV. Si las encuestas se cumplen, serán la cuarta y la quinta fuerza y su pelea es por no quedar el último en la cola de Gasteiz.
También el domingo, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, se paseaba por Gasteiz para tirar la oreja de Unidos Podemos y Ciudadanos, a quienes señala para quitarse de encima la presión para que abstenerse y permitir que gobierne Rajoy. Con las reuniones en Madrid a medio gas, el secretario general de Ferraz no se salió del argumentario de quien juega con los tiempos pero no se postula como alternativa a Rajoy. Que se celebren los comicios en la CAV y en Galiza ha sido un regalo para Sánchez. Dos semanas más en las que evita un Comité Federal y va preparándose la batalla contra Susana Díaz y los críticos.
Los terceros en discordia son Elkarrekin Podemos. Desaparecidos en combate en Madrid y un tanto descolocados en su arranque de campaña, no se libran del «tic» tan centralista de considerar que lo que ocurre en la capital del Estado es la medida de todas las cosas. Por eso cuando llegó Pablo Iglesias el sábado a Barakaldo no sorprendió que rechazase cualquier acuerdo con Ciudadanos y apelase a la «mano tendida» con el PSOE. Descoloques de hablar en clave estatal cuando se hace campaña en la CAV: el líder del partido que se impuso en las últimas elecciones generales en los tres herrialdes no tuvo nada mejor que hacer que cargar contra Albert Rivera, responsable de un partido que, con suerte, tendrá un escaño en Gasteiz.
Es curioso, pero es Ciudadanos el que menos ha intentado aprovechar el trampolín vasco. También es cierto que su candidato, Nicolás de Miguel, tiene escasas posibilidades de heredar el escaño que la legislatura anterior ocupó Gorka Maneiro en nombre de UPyD, así que para Rivera era más eficaz ser entrevistado en La Sexta Noche que pasearse por las «provincias traidoras» y disfrutar de la agradable sensación de irrelevancia.
Quien intenta aprovechar el embrollo de los partidos estatales, que aterrizan en Bilbo o Gasteiz como si estuviesen en Cartagena o Málaga, es el PNV. El objetivo de Iñigo Urkullu es vender la situación de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa como un paraíso ajeno al caos del sur del Ebro. Y considera que el bloqueo al que está sometido el Estado le facilita. Tendrá que aguantar las presiones para que apoyen al PP o las dudas que sembrará Elkarrekin Podemos.
Habrá que ver si la crisis estatal incide en el voto en la CAV, si se repiten los patrones de los comicios previos al Congreso español o si el Parlamento de Gasteiz tiene una correlación diferente de fuerzas. Lo que es evidente es la dificultad que tienen los partidos estatales de ubicarse en naciones sin Estado y dejar de pensar que Madrid sigue siendo el centro del mundo.

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