Beñat ZALDUA
BARCELONA

La abstención de la CUP cierra la puerta a la investidura de Turull

64 votos a favor, 65 en contra y cuatro abstenciones de la CUP que podrían haber decantado la balanza a favor de Turull. No ocurrió. Es más, los cuperos dieron ayer por finiquitadas sus alianzas con las fuerzas independentistas y se situaron en la oposición. A la espera de lo que ocurra hoy en el TS, Torrent convocó el segundo pleno para mañana.

Explicar lo que pasó ayer el Parlament es relativamente sencillo. Anticipar lo que ocurrirá durante las próximas horas, imposible. Empecemos pues por lo primero, y dejemos para el despiece las especulaciones sobre el futuro inmediato. El resumen es sencillo: Jordi Turull acudirá hoy a la cita con el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena como diputado raso, después de que su investidura fracasase ayer en la primera votación al faltarle los cuatro votos a favor de la CUP. El reparto de las culpas varió según la parroquia, pero los hechos fueron los que fueron.

No fue una jornada alegre para nadie, al menos en el campo soberanista. Tras la frenética jornada del miércoles, que acabó fijando el pleno para las 17.00 de ayer, la jornada empezó con intensas negociaciones entre JxCat, ERC y CUP, que dejaron en la mesa de esta última formación una última oferta para lograr el apoyo de sus cuatro diputados: una cuestión de confianza al cabo de un mes para dar a la CUP la opción de tumbar el Govern de Turull. Pero no fue suficiente. Pocos minutos antes de iniciarse el pleno, el Consell Polític de la formación independentista ratificaba la abstención que dejaría a Turull sin su investidura.

La decisión de la CUP convirtió en un pesado trámite el pleno de investidura, que el propio Turull afrontó con ánimo plomizo. Si se permite la licencia, el de ayer fue el discurso de investidura más gris y desapasionado escuchado por las orejas de quien esto escribe. El exconsejero leyó su discurso a un ritmo récord, visiblemente incómodo, con ganas evidentes de acabarlo cuanto antes. Pero cabe exculpar, al menos parcialmente, a Turull. Mañana a las 10.30 cruzará las puertas del Tribunal Supremo sin que nada ni nadie le garantice que vaya a salir por su propio pie. Hacerlo como president podría tener su carga política, hacerlo como candidato rechazado, desde luego, no tanto.

Un discurso plano

Pero más allá del malhumor comprensible de Turull, el fondo del discurso fue también gris y apagado. A 17 horas de comparecer ante Llarena, el candidato a la presidencia escondió la independencia y la república, que ni siquiera mencionó como ambigua aspiración a futuro, ofreció diálogo al Gobierno español y desgranó un programa de gobierno que podría haber firmado cualquier candidato a la investidura durante los anteriores cuarenta años.

Que no fue su mejor intervención lo manifestó el portavoz de su propia formación, Eduard Pujol, que agradeció al candidato haber asumido la candidatura en un momento tan complicado y que en su turno reivindicó que el mejor discurso de Turull «es su testimonio y su coraje». Con todo, el candidato sacó su nervio en el turno de réplica, repartiendo estopa y recordando que, como parlamentario, Turull es temible. Como candidato, al menos ayer, no.

La jefa de la oposición, Inés Arrimadas, no dudó en entrar con todo en su intervención. El de Ciudadanos es el grupo parlamentario más numeroso del hemiciclo, y cada vez que su líder toma la palabra, se hacen notar. De hecho, el diputado Carlos Carrizosa intentó obstaculizar el inicio del pleno solicitando la reunión de la Mesa, aunque el president del Parlament, Roger Torrent, cortó la intentona por lo sano. En su turno, Arrimadas tildó de «farsa» el pleno de ayer, acusó a Turull de no querer acabar con el 155 y calificó todo el proceso soberanista, simple y llanamente, de «pérdida de tiempo». «¿Para qué ha servido todo esto, señor Turull?», concluyó.

El siguiente, en orden de mayor a menor, fue el portavoz de ERC, Sergi Sabrià, figura que adquirirá cada vez mayor peso en el partido tras la renuncia, ayer a última hora, de Marta Rovira. Siguiendo los mensajes de Esquerra, Sabrià reiteró la necesidad de «constituir un govern de manera urgente» para acabar con el 155.

Le siguieron Miquel Iceta (PSC), que extendió la mano al discurso autonomista de Turull lavándose las manos sobre su implicación en la suspensión de la autonomía, Xavier Domènech (Catalunya en Comú), que no consigue salir de las referencias al Congreso de los Diputados de Madrid, y Xavier García Albiol (PP), que volvió a repartir amores entre el independentismo y Arrimadas, a la que trata de desgastar –en vano– criticándole por no haber presentado su candidatura a la investidura.

Réquiem por el Procés

Pero todas las miradas se centraban sobre la CUP. Fue su diputado Carles Riera el encargado de explicar la abstención de su formación y, de paso, dejar uno de los principales titulares de la jornada: «Damos por acabado el ciclo del proceso y las alianzas que se han dado. Pasamos humildemente a la oposición para combatir la dictadura del estado y también el autonomismo». Ahora queda por aclarar qué otra alianza se puede dar menos autonomista que la de las fuerzas independentistas.

El tiempo lo dirá. Sea como sea, fue inevitable notarle cierto regusto a fin de ciclo o cambio de etapa al pleno de ayer. Quizá una de las principales noticias de la jornada fue que el calendario, esta vez sí, empieza a correr. Si el independentismo no forma Govern en dos meses (22 de mayo), se convocarán nuevas elecciones. Según los primeros cálculos –nuestro santo morenico no lo permita–, podrían tener lugar el 15 de julio.

 

¿Y ahora qué? Todo queda, de nuevo, en manos de Llarena

El fiscal del Tribunal Supremo sorprendió esta semana pidiendo la libertad bajo fianza de 100.000 euros para Joaquim Forn, que está siendo tratado por tuberculosis. La respuesta de la sala de apelaciones del Tribunal Supremo, sin embargo, difícilmente sorprendió. En un auto emitido ayer rechazó poner en libertad tanto al exconseller de Interior como al expresidente de la ANC, Jordi Sànchez.

Los argumentos del tribunal formado por tres jueces pasaron por subrayar de nuevo el supuesto riesgo de reiteración delictiva, y en el caso concreto de Forn, aseguraron que la Fiscalía no acreditó suficientemente la existencia de la enfermedad, que ni siquiera fue alegada por la defensa del propio Forn. Según el TS, Forn es uno de los principales responsables del supuesto «enfrentamiento físico de los ciudadanos con las fuerzas policiales» durante el referéndum del 1-O.B.Z.