Iñaki IRIONDO

El PNV es en sí mismo el verdadero «oasis vasco»

Da igual lo que diga Euskalmet (o quizá todo forme parte del engranaje) pero sobre Sabin Etxea en cada elección sale el sol. El PNV es una máquina de ganar elecciones. Repasen los discursos de campaña de sus líderes, que en su núcleo sustancial se olvidaron deliberadamente de lo de «sujeto, verbo y predicado» para concatenar conceptos positivos.

En términos numéricos, el PNV está en cifras récord lo que, quizá, debiera hacer reflexionar no solo a sus opositores políticos, sino también a quienes en los últimos años vienen ejerciendo de sus leales socios.

El partido que dirige Andoni Ortuzar se ha llevado la victoria en los tres territorios de la CAV y también en sus respectivas capitales. Los resultados son muy distintos en Nafarroa, pero en la cuenta de resultados del partido eso se anota en un libro de contabilidad separado, que parece que no fuera suyo.

«Voto refugio»

Hace unos años, cargos jeltzales se molestaban cuando los análisis indicaban que el PNV tenía, según en qué elecciones, un voto fronterizo y móvil con el PSE o con el PP. Ahora, los diarios más cercanos a Sabin Etxea admiten abiertamente que, en determinadas circunscripciones, «el voto refugio frente a Bildu ha reforzado al PNV».

El del PNV es el voto mainstream, el conservador, el de la gente que no quiere cambios. La tendencia se ha acusado hasta tal punto de que, en Gasteiz, a electores que en 2015 votaron al PP no les ha importado esta vez apoyar a Gorka Urtaran, que fue quien hace cuatro se hizo con la alcaldía de Javier Maroto. Haciendo sumas y restas se observa que los jeltzales son quienes en mayor proporción han recibido las papeletas que ha perdido el PP, que han sido nada menos que unas diez mil, y lo mismo ocurre en el conjunto de Araba. (Y el PSE se lleva la mayoría de lo que pierde Podemos).

El desfase de Gasteiz

Analizando en detalle los resultados del PNV, se observa una curiosidad en la comparación entre el voto obtenido en las capitales para la alcaldía y para las Juntas Generales.

En Donostia, el candidato a alcalde, Eneko Goia, ha tenido un resultado muy similar al de Markel Olano en la capital, con 237 votos más. Lo mismo ocurre en Bilbo, donde Juan Mari Aburto ha tenido también una cifra pareja a la de Unai Rementeria, con 376 papeletas más.

Sin embargo, en Gasteiz, el candidato a diputado general, Ramiro González, ha ganado de calle al alcalde, al lograr 2.581 votos más que Gorka Urtaran, que aun así se impuso para el ayuntamiento de la capital alavesa.

Ni Osakidetza ni «De Miguel»

Ni las irregularidades en cuestiones como las OPEs de Osakidetza ni los macrojuicios por casos de supuesta corrupción como el de «De Miguel»&flexSpace;parecen hacer mella en la confianza que la ciudadanía deposita mayoritariamente en el PNV.

Sin embargo, denuncias locales bien trabajadas sí han tenido sus efectos, como por ejemplo en Alonsotegi, municipio de nacimiento de Iñigo Urkullu, Bakio y algunos otros.

Son elementos que invitan a pensar sobre la capacidad de la acción cercana, pero también sobre el microclima creado en la CAV para que casos importantes no tengan consecuencias.

Opositores y aliados

En estas últimas elecciones se ha vuelto a confirmar que el enfrentamiento que mantienen el PNV y EH Bildu refuerza a ambos combatientes en sus respectivos ámbitos. Los dos suben en votos, pero son los jeltzales quienes al final lo patrimonializan. Por otra parte, que engorden sumando votos del PP hace que el PNV profundice en esa línea de no asustar al autonomismo ni al unionismo, lo que hace prever que nunca vaya a ahondar en cuestiones como el Nuevo Estatus, porque no le resultaría rentable.

Esta vez, al contrario de otras, al PSE también le ha ido bien (salvo en Donostia) su papel de sostén institucional del PNV, pero no siempre va a tener el «efecto Sánchez» para auparlo.

Quizá opositores y socios deberían repensar sus estrategias porque el PNV siempre gana.