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¿Realmente, los bancos cobran comisiones para fidelizar al cliente?

Es probable que choque escuchar que «tu banco de toda la vida» –las cajas de ahorro son cosas del pasado por estos lares– ha decidido cobrarte nuevas comisiones por servicios que antes prestaba «gratuitamente» o que ha subido otras tarifas con el objetivo de «premiar» al cliente más fiel.

El logo de la Fundación BBK en una sucursal de Bilbo. (Marisol RAMÍREZ | FOKU)
El logo de la Fundación BBK en una sucursal de Bilbo. (Marisol RAMÍREZ | FOKU)

Las principales entidades financieras del Estado español han ido encareciendo en los últimos meses las comisiones más básicas con el objetivo de fidelizar al cliente y –según entienden las asociaciones de consumidores– alejar a los que son menos rentables aplicando recargos más allá del coste justificado por el servicio.

La patronal bancaria AEB defiende que para prestar un buen servicio a los clientes, y poder mejorarlo «cada vez más», es necesario un precio adecuado, ya que todos los servicios, también los financieros, tienen un coste y hay que ser conscientes de ello.

CECA, que representa a los bancos de antiguas cajas, añade que «las mal llamadas comisiones» cubren la atención al cliente, el asesoramiento, las inversiones tecnológicas y más servicios bancarios, que se sustentan en esas tarifas, como en otros sectores.

Entre los socios de CECA están Kutxabank y las fundaciones BBK, Kutxa y Vital, así como la Fundación Caja Navarra.

El banco principal de cada cliente

Por su parte, la Asociación de Usuarios Financieros, Asufin, considera que en ocasiones es mejor para el cliente pagar la comisión por un servicio que su banco le presta que vincularse más con la entidad contratando productos que no necesita.

Algunos de los grandes bancos, entre ellos CaixaBank, Santander o Bankia, han elevado en los últimos meses la comisión anual de mantenimiento de cuentas, pero sólo para los clientes que no tienen la nómina domiciliada o al menos un ingreso regular, ya que todos ellos, al igual que BBVA, Sabadell o Bankinter, abogan por librar de este coste a los clientes que les eligen como su banco principal.

Esta misma semana, el consejero delegado del Sabadell, Jaime Guardiola, explicaba, tal como recogió la agencia Efe, que los servicios se empiezan a cobrar, pero los bancos están dispuestos a «premiar» con comisiones reducidas o incluso cero a los clientes con alto nivel de vinculación.

Lo que se producirá, vaticinó, es una pelea de los bancos por los clientes que hará que el número de entidades por cliente sea cada vez más pequeño; solo el banco con el que se tiene una relación importante será el que aplique comisiones bajas.

Comisiones disuasorias

Sin embargo, a día de hoy, el cliente puede elegir entre pagar estas comisiones o esquivarlas si tiene una mayor relación con su entidad, al igual que cuando se le piden estas comisiones, que podríamos llamar “disuasorias”, por un servicio que tiene alternativas más económicas o incluso gratuitas.

Un ejemplo es la comisión por una transferencia inmediata, frente a la opción más económica de que llegue en el mismo día o incluso al instante a través de bizum; el mismo caso, aunque menos frecuente, es la comisión por retirada de efectivo en ventanilla, cuando hay cajeros automáticos disponibles para ello.

Aun así, también Asufin reconoce que la elevada competencia que sigue existiendo entre los bancos beneficia al consumidor, que tiene «muchas opciones» donde elegir productos y servicios; de hecho, algunas entidades siguen ofreciendo una cuenta gratuita, sin domiciliación de ingresos, y una tarjeta de débito sin coste alguno.

Comparador del BdE

La oferta es tan amplia y la política de comisiones tan variada por entidades y según el perfil del cliente que el Banco de España (BdE), en su web, cuenta con un comparador de las comisiones por los servicios más representativos asociados a una cuenta de pago.

En las cuentas corrientes o las tarjetas, el banco tiene la obligación de comunicar al cliente el cambio de condiciones con al menos con dos meses de antelación.

En ocasiones, algunas entidades lo hacen incluso antes para explicar las razones, especialmente si se rompe con una tradición como cobrar por una cuenta remunerada que sirvió como gancho para captar clientes, como ha hecho ING.

Y es que, en el actual entorno de tipos de interés negativo, ya no solo resulta cada vez más complicado obtener rentabilidad con los depósitos tradicionales, sino que los bancos tienen que pagar por ellos al Banco Central Europeo (BCE), un coste que, por el momento, no suelen trasladar a los clientes particulares.