El «striptease facial» es prudente: mascarillas al poder en Bilbo
Tal vez somos una sociedad más responsable de lo que medios y políticos pensamos. La reflexión viene al hilo de este sábado bilbaino, caluroso, con las rebajas recién empezadas y la ciudad llena de actos reivindicativos. Las mascarillas, amplia mayoría. El «striptease facial», prudente.

¿Pero es que nada ha cambiado con la desaparición de la obligación de llevar la mascarilla en espacios abiertos? Pues, lo cierto es que menos de lo que parece. Quienes pronosticaban una especie de desmadre general ante el levantamiento de la prohibición han errado, al menos de momento y a la vista de lo que se está viendo en las calles de la capital vizcaina. Por la noche, no se sabe. Todos los gatos son pardos.
El Bilbo de este sábado, a priori, parece que reúne los elementos para propiciar un cóctel de enfados y desmadre: inicio de las rebajas y buen tiempo, nada menos que 30 grados al mediodía. Pero hasta la cola que invariablemente, y sorprendentemente, se han concentrado desde que abrió el Primark en la Plaza Circular ha desaparecido.
Quienes esperan, lo hacen con mascarilla... muchos, debajo del mentón porque, en esta nueva fase, hemos entrado en el baile de la mascarilla: la subo, la bajo, la meto en el bolso, la vuelvo a sacar... hasta que me harto, y me la dejo puesta.
Por el Arenal
10.30 de la mañana. Llegada al centro de Bilbo, bajamos del autobús y ese momento cómo de liberación de quitarse la mascarilla al pasar al aire libre... se estropea. Cuánta gente. Todos, casi todos, de nuevo nos la ponemos. Casi al 90% la llevamos en el paso de cebra. Parece extraño hasta no llevarla, ¿nos habremos acostumbrado?
11.00 de la mañana, plaza del Arriaga. Ante el teatro, una concentración de apoyo a los encausados en el sumario 13/13. Mayoría de mascarillas nuevamente. Cruzamos el paso de cebra para tomar un café, y un cartel avisa el exterior que «Para entrar hay que usar obligatoriamente la mascarilla».

En el Arenal, en la carpa en la que se celebra durante todo el fin de semana el Día del Orgullo Gay –bajo el lema ‘Ni naizena naiz. Yo soy yo’–, también lo es. José Manuel López de Manzana, director de operaciones de Lagun, la empresa de que se encarga de la organización del evento, nos explica que «la normativa dice que en los eventos que sean sentados y techados, en espacios cerrados, hay que ir con mascarilla. Lo que sean al aire libre, siempre y cuando se pueda guardar la distancia de seguridad, sin mascarilla. En las zonas comunes, tienen que llevarlas y cuando entren aquí, se pueden quitar la mascarilla. En este evento, como se hace consumo de bebidas (son mesas agrupadas, a modo casi de chil out, y hay un bar donde se pueden pedir bebidas), aplicamos la ley tal cual: cuando están con la ingesta se pueden desprender de la mascarilla; tienen que estar sentados, no pueden bailar...».
Es el comentario del día. López de la Manzana también se ha sorprendido del civismo o la prudencia general: «Al salir de casa he visto que todo el mundo va con la mascarilla. No es que nos hayan dejado libres y nos hayamos vuelto locos... por lo menos el sábado por la mañana. De noche, igual es otra cosa».
Seguimos en el Arenal, y en el lateral del Arriaga comienza un bertso saio que forma parte de los actos convocados durante toda la jornada de hoy para reivindicar la oficialidad de la selección vasca, bajo el lema ‘Euskal selekzioa, ofizialtasuna! Euskal Herritik mundura!’. El público, sentado, con distancia de seguridad y sin mascarillas... algunos, porque que se pueda quitar no significa que haya que hacerlo obligatoriamente.
Ver las sonrisas
Patxi Gaztelumendi recuerda, desde el escenario, que esta es la primera actuación de los bertsolaris Amets Arzallus, Oihana Bartra, Jone Uria e Unai Iturriaga en la que el público no lleva la mascarilla. De hecho, Arzallus apunta, en su bertso inicial, que «han venido a ver la sonrisa» del público; no en vano la pandemia ha golpeado a la cultura, en general y a la popular, en particular.

Excepto las citas organizadas por las instituciones, ha habido muy poca actividad en el bertsolarismo debido a las dificultades causadas por el covid, explica Unai Iturriaga.
Oihana Bartra ha tenido hace poco su primera bertso-kalejira. ¿Cómo fue? «Rara», responde.
El centro de Bilbo se llena de todavía más gente. No ha cambiado tanto la imagen desde la víspera. Será miedo, prudencia o que somos más cívicos y solidarios de lo que pensamos. Eso sí, qué gusto da sentarse en un banco y tomar el sol en la cara soñando, aunque sea por un segundo, que no existe la pandemia.
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