NAIZ

Se suceden las reacciones al escándalo de los abusos en Estados Unidos

Los propietarios de Portland Thorns y Chicago Red Stars anuncian su dimisión tras hacerse público un informe sobre el abuso sistemático que han sufrido las futbolistas en la NWSL. Becky Sauerbrunn pide la marcha de todos los responsables por acción o inacción.

Jugadoras durante un entrenamiento.
Jugadoras durante un entrenamiento. (Angela Weiss | AFP)

La investigación realizada por la Federación de Fútbol de Estados Unidos, que ha revelado la «práctica sistémica» de abusos y agresiones sexuales en la NWSL ha provocado reacciones a todos los niveles y también las primeras renuncias.

Concretamente, los propietarios de Portland Thorns y Chicago Red Stars, dos de las franquicias de la NWSL, han anunciado ya que cesarán en la gestión de estos dos clubes aunque no han confirmado si venderán también la propiedad. Sus nombres aparecían en el informe como encubridores de las conductas abusivas denunciadas.

«No puedo disculparme lo suficiente por nuestro rol en un asqueroso y sistémico fracaso para proteger la seguridad de las jugadoras y por los errores que hemos cometido. Lo siento de verdad», ha asegurado en un comunicado el propietario de Portland Thorns Merritt Paulson. En una nota similar, el propietario de Chicago Red Stars Arnim Whisler ha asegurado «sentir profundamente» lo que las futbolistas «experimentaron durante su tiempo en Chicago».

La comisionada de la NWSL Jessica Berman ha asegurado que la renuncia de Paulson y Whishler «son pasos importantes» en el camino a una competición libre de estos comportamientos.

Antes de que se hiciera pública la decisión de los dos propietarios, la capitana de la selección estadounidense Beckie Sauerbrunn sobre la necesidad de liberar al fútbol de todos los responsables de lo sucedido, por acción o inacción. «Todos los propietarios, directivos o funcionarios del fútbol femenino estadounidense que no hayan protegido a las jugadoras, que se hayan escondido tras consideraciones legales y que no hayan participado plenamente en estas investigaciones deberían ser despedidos. Esto incluye a todos aquellos que siguieron decepcionando a las jugadoras una y otra vez, que no se tomaron en serio sus preocupaciones, que no transmitieron la información adecuadamente, que no participaron en las investigaciones… Todos», asegura Sauerbrunn que denuncia así la pasividad de los responsables pese a la acumulación de denuncias y pruebas.

«Estamos cansadas y sobre todo estamos muy enfadadas. Porque ha sido necesaria una investigación por parte de un tercero, han sido necesarios los artículos de The Athleticyt el Washington Post y ha sido necesario que más de 200 personas hayan hecho público el trauma al que se vieron sometidas», explica.

«Me entristece profundamente todo lo que hemos leído en el informe», asegura el seleccionador estadounidense Vlatko Andonovski. «Siento una gran empatía y un gran respeto por las futbolistas que han hablado y participado en el informe –añade–. El fútbol es un deporte que todos amamos y debería ser un espacio seguro».

El sindicato de jugadoras NWSLPA agradeció «los esfuerzos por buscar la verdad» y exigió que la NWSL priorice «la seguridad de las futbolistas», mientras la asociación de internacionales estadounidenses USWNT Players reivindicó el derecho de las jugadoras a «trabajar en un entorno libre de discriminación, acoso y conducta abusiva» y la puesta en marcha inmediata de las recomendaciones incluidas en el informe. En éste se aboga por una mayor transparencia y rendición de cuentas, un reglamento claro en el que se determinen los comportamientos inapropiados y el establecimiento de vías adecuadas para que las jugadoras puedan canalizar sus preocupaciones, dudas o denuncias.

La NWSL, que al igual que el sindicato NWSLPA tiene en marcha otra investigación al respecto, ya ha mostrado su disposición a «asumir la responsabilidad» por lo sucedido, «aprender» y tomar las medidas pertinentes para mejorar, lo que conllevaría «una reforma sistémica» de la competición para asegurar que las jugadoras «sean respaldadas, dentro y fuera del campo, con entornos seguros y profesionales para entrenar y competir».