
Eugenio, inconfundible con su «atuendo de enterrador», de negro riguroso de los pies a la cabeza, con su cruz al cuello, su sempiterno cigarro, su vaso de tubo y sus gafas de cristal ahumado, se defendía de las miradas de la gente como buenamente podía para superar el miedo escénico. Y aquí, en «Saben aquel...», conocemos algunas facetas más íntimas de un hombre complejo e inclasificable.
David Trueba compone una cinta biográfica que recoge una parte muy importante de su vida: desde el momento en el que conoció a la que sería su compañera sentimental, Conchita, a finales de los 60 hasta que su fama como humorista lo llevó a lo más alto, llenando teatros y vendiendo masivamente cintas de cassette con sus chistes que se convirtieron en un clásico de los viajes en automóvil en los 80.
Es una película que sirve a la vez de tributo al genio detrás del humo de cigarro, pues recupera algunos de sus chistes más míticos, que no han perdido vigencia por ser muestras de humor blanco e imperecedero y de reconocimiento a la mujer junto a la que forjó su carrera y era la que estaba llamada a triunfar en los escenarios por su talento, pero que le dejó paso para que emergiera.
Mención especial merece la camaleónica interpetación del actor David Verdaguer.
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