
Horas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara el inicio inmediato de negociaciones con Rusia y confirmara las líneas rojas a Ucrania que su secretario de Defensa, Pete Hegseth, presentó en Bruselas -veto de Washington a su ingreso en la OTAN y advertencia de que deberá asumir pérdida de su territorio-, el coro de declaraciones de dirigentes rusos no ocultaba la alegría del Kremlin en diferentes acciones por el desplante de la Casa Blanca no solo a Kiev, sino a la Unión Europea (UE) y a sus aliados en la OTAN.
Trump, quien tras hablar hora y media por teléfono con su homólogo y amigo, Vladimir Putin, se puso al aparato con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, no solo anunció una posible cumbre bilateral con el inquilino del Kremlin en Arabia Saudí, «con nuestro amigo mutuo», el sátrapa Mohamed Ben Salman como anfitrión, sino que no rechazó la invitación para acudir a Moscú con motivo del desfile del Día de la Victoria, el 9 de mayo, y evocó la posibilidad de invitar a Washington al líder ruso, sobre quien pesa una orden de busca y captura emitida por el Tribunal Penal Internacional de La Haya.
No sería la primera vez. La semana pasada hizo lo propio y recibió al prófugo del TPI Benjamin Netanyahu.
Por contraste, Trump aseguró que no tiene intención alguna de reunirse con Zelenski, a quien acusa de ser un político acabado y amortizado, y a quien ya había obligado a aceptar reunirse personalmente con Putin y a convocar las retrasadas elecciones presidenciales antes de final de año. Zelenski, quien hace frente a un desplome de su popularidad por la evolución de la guerra, y por errores propios, insistió tras hablar con Trump en la ficción de que EEUU y Ucrania «trabajan conjuntamente en los próximos pasos para detener la agresión rusa y garantizar una paz duradera».
Zelenski, quien se negaba hasta ahora tajantemente a renunciar a porción alguna de su integridad territorial de Ucrania, incluida la península de Crimea, aseguró en una entrevista al diario británico “The Guardian” y horas antes del anuncio de Trump que estaría dispuesto a intercambiar territorios con Moscú. Todo un eufemismo para no reconocer que asume que Ucrania perderá territorio. Y es que sus tropas ocupan 600 kilómetros cuadrados en la región fronteriza de Kursk, pero Rusia controla el 20% de territorio oficial de Ucrania.
El líder ucraniano, que lleva días repitiendo que la UE no tiene suficiente capacidad para dar garantías de seguridad a su país, pasó por alto precisamente que tanto el jefe del Pentágono como Trump, coincidieron en afirmar que EEUU no se incluirá en ningún caso entre los garantes y que debe ser la UE la que se haga cargo de todo el fardo.
Se comprende así el entusiasmo de Putin, quien indicó que no piensa llamar a ningún líder europeo y solo cogerá el teléfono si son ellos los que le llaman.
«No tenemos nada que hablar con Londres o Bruselas», dijo recientemente Nikolai Patrushev, asesor del Kremlin y uno de los halcones más destacados de la política rusa.
El ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, se permitió ironizar expresando su «sorpresa» por el «estupor» mundial que parece haber causado la llamada entre ambos líderes, «una conversación normal y corriente entre dos personas educadas».
Rusia pide más
Sin confirmar la cita en Ryad, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó la sintonía entre ambos presidentes para «una solución política, negociada» al conflicto de Ucrania, a la espera, no obstante, de que el futuro trabajo conjunto pueda traducirse en «resultados».
Y es que pese a que coincidió en que la cumbre debe realizarse «rápidamente», insistió en que «hay muchos temas en el orden del día», más allá de Ucrania, sobre todo un «debate en profundidad» sobre «la seguridad en el continente europeo» en su conjunto y las «preocupaciones de seguridad» de Rusia. Moscú considera la ampliación de la OTAN hasta sus fronteras como una amenaza existencial y envió a Occidente en diciembre de 2021, pocas semanas antes del inicio de la ofensiva contra Ucrania, una lista de exigencias para obtener garantías de seguridad.
Estas propuestas incluían una prohibición de que Ucrania y otros países de la ex URSS se unieran a la Alianza Atlántica, así como una retirada de las tropas y armas de la OTAN de los países que se unieron a la organización después de mayo de 1997, que incluyen los países bálticos y Polonia, Rumanía y Bulgaria, que limitan con el mar Negro.
Las principales demandas fueron rechazadas a finales de enero por la OTAN y EEUU, y Moscú lanzó su ataque contra Ucrania un mes después.
El Kremlin también desea hablar con Trump sobre la renovación del último tratado de desarme, Start, que expira dentro de un año, y el control de armas, aunque se desconoce si esto incluirá el nuevo armamento hipersónico ruso que Moscú ha presentado en el frente de Ucrania como una prueba si no de su superioridad tecno-militar respecto a Occidente sí de un potencial equiparable.
Los grandes de Europa y los aliados de la OTAN exigen voz y voto, también para Zelenski
Los cinco países más poblados de la UE, desde el núcleo francoalemán -París y Berlín afrontan crisis existenciales- hasta los dos países mediterráneos, la Italia de la posfascista Giorgia Meloni y la España del socialdemócrata Pedro Sánchez, sin olvidar a Polonia, y Gran Bretaña, exsocio comunitario, han salido al paso del ninguneo de Donald Trump e insisten en que compete a Ucrania decidir a qué está dispuesta a renunciar o transigir en unas negociaciones de paz.
Exigen, asimismo, que la UE, que financió el año pasado el 60% de la ayuda a Ucrania, debe participar directamente en el diálogo. Esta exigencia fue prácticamente unánime en la cumbre de ministros de Defensa de la OTAN en Bruselas. «Creemos que es muy importante que Zelenski esté en la mesa de negociación. Creo que todos decimos de manera unida no a las discusiones sobre Ucrania sin Ucrania. Lo mismo decimos para Europa, porque lo que se negocia también tiene implicaciones para la seguridad en Europa», dijo el ministro de Países Bajos, Ruben Brekelmans.
La representante luxemburguesa, Yuriko Backes, recalcó que«nada» sobre Ucrania debería decidirse«sin Ucrania en la mesa», ni «nada» sobre la seguridad de Europa debería decidirse «sin los europeos en la mesa». Los ministros de Canadá, Suecia, Estonia y Canadá hicieron suya esta exigencia.
«Si no somos capaces de trabajar juntos como un equipo, para el mundo democrático, va a ser la época más oscura desde la Segunda Guerra Mundial», señaló la ministra lituana, Dovile Sakaliene, y agregó que Ucrania «es solo la primera fase de la expansión imperial de Rusia».
Unidad que no existe. El primer ministro de Hungría, el ultra Viktor Orban, definió el reciente comunicado sobre Ucrania de la alta representante de Exteriores de la Unión Europea, Kaja Kallas, y de los seis grandes países europeos como un «triste testimonio del mal liderazgo comunitario». Kallas hizo suya la declaración de Weimar en la que remarcan estar «dispuestos a aumentar el apoyo a Ucrania» y que su «objetivo común» es apoyar a ese país «hasta que se logre una paz justa, integral y duradera» que respete su «independencia, soberanía e integridad territorial».

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