La presión de Trump impulsa una vez más a los liberales canadienses
Canadá elige hoy a su nuevo primer ministro. Son unas elecciones marcadas por completo por la presión ejercida por Donald Trump contra su vecino del norte. Así, los liberales, a los que las encuestas auguraban como grandes perdedores hace pocas semanas, vuelven a ser favoritos.

Las elecciones suelen ser un plebiscito sobre el Gobierno y el partido que ha ejercido el poder. En el caso de Canadá, después de tres legislaturas de dominio liberal, la erosión era evidente y todo apuntaba a un cambio de ciclo hacia la derecha. Hace apenas tres meses, a mediados de enero (justo antes de que Donald Trump empezara a gobernar en EEUU), el Partido Conservador sacaba más de 25 puntos de ventaja a los liberales en una encuesta realizada por Nanos: obtenía 47% frente a un 20% del partido del entonces primer ministro, Justin Trudeau. Otro sondeo del mismo instituto demoscópico la semana pasada situaba a los liberales liderando las elecciones por cuatro puntos a nivel nacional. Una mayoría que se ampliaba a seis puntos en Ontario, la provincia más poblada de Canadá y que elige 122 de los 343 escaños en Ottawa.
Entre las dos encuestas apenas hay cien días. Tres meses en los que Trudeau dimitió como primer ministro. Su sucesor, Mark Carney, adelantó los comicios, ante la nueva situación política en Norteamérica. Para entonces, Donald Trump ya estaba repitiendo la necesidad de que Canadá se convirtiera en el estado 51 de los Estados Unidos y acusaba falsamente a su vecino del norte de la crisis del fentanilo. A la vez, amenazaba una y otra vez con aranceles a un país que siempre ha sido uno de sus aliados más leales y que, ciertamente, tiene una gran dependencia hacia EEUU, ya que un 80% de sus exportaciones son a su único vecino.
La torpeza y las bravuconadas de Trump hicieron que la población canadiense, de costa a costa, se envolviera en la bandera rojiblanca con la hoja de arce: «hecho en Canadá» se convirtió en una gran muestra de orgullo en las estanterías de todo el país, mientras productos como el bourbon estadounidense iban desapareciendo. Así, la campaña no ha sido tanto un balance de las últimas legislaturas liberales, como un ejercicio de patriotismo ante las amenazas de Washington. «Trump es la campaña», asegura el exprimer ministro de Quebec, Jean Charest. «La pregunta en las urnas es quién elegiremos para enfrentarse a Trump. Todo ha cambiado», añade.
Una encuesta en la que se les preguntó a los canadienses si la política de Trump era la que esperaban, mucho mejor o mucho peor, una gran mayoría respondió que está siendo muchísimo peor de lo que creían, con lo que se creó «un efecto de rechazo en Canadá. La identidad nacional, que había estado en su punto más bajo en 35 años, comenzó a fortalecerse a medida que los canadienses se preguntaban si nos van a anexionar», afirma el sociólogo Frank Graves. «Esto produjo un aumento drástico del apego nacional, que fue el principal factor que impulsó a los liberales a su posición tan elevada», señala.
CONCENTRACIÓN DE VOTO
Hace 35 años que la política exterior no afectaba tanto a unas elecciones canadienses. Todo el mundo en el país recuerda los comicios de 1988, cuando el Gobierno conservador firmó el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Esta vez, todo apunta a que el voto se volverá a concentrar en los dos grandes partidos. Hasta hace pocos meses se había observado un movimiento de votantes hacia la izquierda, hacia los verdes o hacia el soberanismo en Quebec. Pero las amenazas surgidas y la sensación de emergencia podrían hacer que el voto se volviera a reagrupar en las formaciones más grandes, como los liberales y los conservadores.
El primer ministro en funciones y candidato liberal, Mark Carney, que presidió los bancos centrales del Reino Unido y de Canadá, se presenta como el líder más capacitado para navegar las turbulentas aguas de la crisis creada por Donald Trump. Desde la oposición, su líder, Pierre Polievre, se presenta como el candidato del cambio que puede restaurar la «promesa canadiense».
Si los liberales vuelven a ganar hoy, estas serán unas elecciones que habrá que estudiar en profundidad, sobre cómo revertir unas encuestas en las que vas perdiendo por 25 puntos. Sin duda alguna, Justin Trudeau aceptó que se había convertido en un líder impopular y que en muchos países occidentales la tendencia era castigar al presidente o primer ministro y al partido en el Ejecutivo.
La influencia de Donald Trump en esta campaña es innegable, pero tampoco lo explica todo, una diferencia de 25 puntos no se evapora de la noche a la mañana. Mark Carney ha sabido distanciarse de su antecesor, y a la vez ha conseguido mostrar al aspirante conservador, Pierre Polievre, como un líder demasiado a la derecha, demasiado cercano al trumpismo, mientras se presentaba como el cambio con respecto a Trudeau, incluso alejándose de algunas posiciones progresistas: eliminó el impuesto al carbono —una política emblemática de la era Trudeau— y rechazó cambios en las normas del impuesto a las ganancias de capital. «Carney se está posicionando como un candidato estable en la era de la incertidumbre impulsada por Trump, que ha tenido buenos resultados en las encuestas, pero también espera convencer a los votantes liberales cansados y a los conservadores moderados de que él no es Trudeau, de ninguna manera», explica en Politico Nick Taylor-Vasey.
Aun si los liberales consiguen salvar los muebles y asegurarse una cuarta legislatura, harían bien en no dormirse en los laureles y observar las tendencias existentes en el país. Por un lado, la misma encuesta que la semana pasada daba cuatropuntos de diferencia a los liberales, observa que entre los jóvenes entre 18 y 34 años, el 49% apoya a los conservadores y solo un 30% a los liberales. Asimismo, aunque la preocupación por Trump se ha situado en segundo lugar en los sondeo, sigue estando por detrás del precio de la vivienda y la cesta básica. El voto masculino también votaría a la derecha claramente: un 45,5 por un 36,7% de los liberales. Son cifras típicas que apoyan a derechas autoritarias como la de Trump o el Brexit y que, paradójicamente, podrían ser derrotadas por este mismo efecto.
MIRANDO A QUEBEC
Tras tres décadas de lento declive para el independentismo quebequés, parecía que estos comicios podrían dar un nuevo impulso al proyecto soberanista francófono. Sin embargo, el huracán Trump también ha entrado en Quebec y con él, «el sentimiento patriótico canadiense está en aumento en Quebec», en palabras de la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Carleton Émilie Foster. «Si hay que elegir, preferimos ser parte de Canadá que serlo de Estados Unidos», remarca.
Se puede analizar de otra manera: tras el referéndum de 1995, en el que Quebec dio un susto a Ottawa y se quedó a unas décimas de la victoria independentista, los sucesivos Gobiernos federales han asumido las demandas francófonas. No hay que olvidar, por ejemplo, que fue el primer ministro conservador Stephen Harper quien en 2006 introdujo la moción para reconocer la nacionalidad quebequesa («esta Cámara reconoce que los quebequeses y las quebequesas forman una nación en el seno de una Canadá unida»). De esta manera, la federación hacía suya una de las reivindicaciones del soberanismo quebequés, que acusaba a la Canadá anglófona de no reconocer el pueblo quebequés. Realmente, fue un movimiento táctico para desinflar uno de los agravios de Quebec. De alguna manera, esta y otras medidas tomadas después por los Ejecutivos liberales han conseguido reducir los números independentistas tanto en las encuestas como en las elecciones de los últimos años.
En 2022, el Parti Québecois (PQ) apenas consiguió tres diputados. Y sin embargo, los sondeos le auguraban un 35% de los sufragios de Quebec en noviembre, mientras que los soberanistas de izquierda de Québec Solidaire apuntaban a un 13%. Cinco meses después, la sensación es muy diferente. Sébastien Dallaire, vicedirector de Ipsos Canada apunta que «es difícil decir que ahora es el momento de hablar de la soberanía de Quebec o ahora es el momento de defender a Quebec, cuando claramente hay una crisis nacional y todo el mundo mira no a Ottawa, sino a Washington como el claro oponente». En estos momentos, los liberales que caían a una tercera posición en noviembre están en un 46% en las encuestas de Quebec y el Parti Québecois, en un 25 %.
La provincia francófona es la más extensa de Canadá y la segunda en población detrás de Ontario. Elige 78 de los 343 escaños de la Cámara de los Comunes, con lo que una victoria aquí podría dar un impulso definitivo a los liberales. La provincia está presidida actualmente por François Legault, que en 2011 abandonó el partido independentista para crear Coalition Avenir Québec, una formación de centroderecha que se ha enfrentado al Ejecutivo de Trudeau en temas como la inmigración, argumentando que Quebec no puede integrar lingüísticamente a los recién llegados.
La coalición gubernamental de Legault también ha conseguido sacar adelante dos textos legislativos subrayando el carácter secular del Estado y reiterando el estatus del francés como la única lengua oficial de Quebec. «Estos tres ejes -secularismo, lengua e inmigración- están directamente en conflicto con la visión del Gobierno federal de Justin Trudeau, comprometido con el pluralismo religioso, el bilingüísmo oficial y, hasta hace poco, una generosa política de inmigración», resaltaba el catalán Marc Duran Riera, periodista y asesor político del Parti Québecois.
En este contexto, el líder del Parti Québecois, Paul St-Pierre Plamondon, ha vuelto a plantear la necesidad de un referéndum sobre la independencia, un tema que los anteriores dirigentes habían aparcado. La propuesta, lanzada mientras se distanciaba de Québec Solidaire, al que acusaba de importar conceptos políticos woke de Estados Unidos, ha tenido bastante éxito en Quebec.
ATROPELLO EN VANCOUVER
Las últimas horas de la campaña electoral también han estado marcadas por el atropello masivo ocurrido en Vancouver. La comunidad filipina de esta ciudad a orillas del Pacífico estaba celebrando el festival Lapu Lapu, que conmemora un líder indígena que luchó contra la colonización española. Al anochecer (primera hora de la mañana del domingo en Euskal Herria), un vehículo arrolló a las personas que celebraban el festival en la calle, matando a al menos once personas, según el último balance.
Algunos de los asistentes consiguieron retener al conductor del vehículo, un varón de 30 años que, según la nota oficial de la Policía, sufría algún tipo de desorden mental y descartaba que fuera un «acto de terrorismo» o estuviera vinculado a las elecciones que se celebran hoy. En los vídeos difundidos en las redes sociales, el supuesto autor del atropello múltiple repite «lo siento» una y otra vez.

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