
El Ejército israelí prosigue con su ofensiva en Cisjordania mientras la ayuda humanitaria sigue entrando a cuentagotas, y el paso de Rafah permanece a la espera de que las negociaciones supervisadas por Qatar lleguen a buen puerto.
En un nuevo episodio de impunidad y arbitrariedad, la vida educativa palestina fue una vez más atacada. El Ejército israelí accedió este martes al campus principal de la Universidad de Birzeit, en la ciudad palestina de Ramala, para detener una protesta solidaria con presos palestinos, dejando cinco estudiantes heridos por munición real, informó la Media Luna Roja Palestina. Hay además otros cuatro heridos por inhalación de gas lacrimógeno y dos más por lesiones tras caídas, elevando la cifra total a once personas damnificadas. El Ejército no vaciló ni un solo instante y, provisto de gases lacrimógenos, granadas aturdidoras e incluso munición real, entró en el campus universitario con la única intención de dispersar la concentración pacífica.
Aunque el rector de la universidad, Talal Shahwan, exigió en una rueda de prensa posterior al ataque el cese de las «intervenciones en la universidad y el sistema de educación superior en Palestina», las autoridades israelíes no han mostrado ninguna intención de asumir la responsabilidad de lo sucedido.
No es la primera vez que el gobierno de Netanyahu ataca una institución académica. Poco queda ya de la Universidad Islámica de Gaza, destruida por las bombas israelíes durante la ofensiva contra la Franja.
Obstáculos y bloqueos
Mientras tanto, la ayuda humanitaria sigue estando lejos de entrar con normalidad en la Franja de Gaza. Así, la Comisión Europea (CE) reclamó este martes a Israel que permita a las ONG internacionales prestar ayuda humanitaria a los civiles necesitados en la Franja.
Esta exigencia tiene lugar después de que la semana pasada el Ejecutivo israelí tomara la decisión de retirar las licencias a 37 ONG, entre ellas Médicos Sin Fronteras (MSF), afirmando que no habían completado un proceso de registro aprobado en marzo de 2025. Dicho registro exige a las organizaciones que proporcionen datos personales de los trabajadores humanitarios.
Más allá de los impedimentos al acceso de la ayuda humanitaria, un ápice de luz puede asomarse al final del túnel. Qatar está tratando de conversar con los principales mediadores en el conflicto —Egipto, Estados Unidos y Turquía— para la reapertura del paso de Rafah. Aunque aún sin fecha concreta y dejando clara la existencia de «dificultades», la apertura del paso, siempre y cuando Israel lo permita, podría suponer una vía fundamental para la entrada de ayuda humanitaria.
Fiscalizado aún menos que antes del acuerdo del alto el fuego, Israel ha recrudecido sus ataques a comunidades y aldeas en Cisjordania al mismo tiempo que obstaculiza la entrada de ayuda a la Franja. Ahora que Palestina no ocupa portadas, los colonos avanzan sabiendo que el mundo mira algo menos y que tienen a su completa disposición la protección del «ejército más moral del mundo».

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