«Ahora la llaman Doctrina Donroe, creo»
El secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, no solo constituye una violación flagrante del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, sino que anticipa un giro explícito de la Administración Trump hacia una política exterior de fuerza abierta.

A expensas de lo que pueda pasar en la política interna del país, el ataque imperialista de EEUU contra la República Bolivariana de Venezuela, anunciado previamente en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de EEUU, supone un aviso para el resto de países soberanos del continente.
Mediante operaciones encubiertas y golpes de Estado, las injerencias de EEUU han marcado el rumbo político de los países latinoamericanos con consecuencias profundas en sus poblaciones. No es algo nuevo; tampoco las flagrantes violaciones del Derecho Internacional, cuyo ejemplo más sonado es la invasión de Irak sin mandato de la ONU.
Lo que carece de precedentes es que en la Administración Trump el disimulo brilla por su ausencia. Su descaro depredador se refleja no solo en las acciones, sino en las continuas declaraciones incendiarias de sus colaboradores. Un tuit del Departamento de Estado de EEUU proclamó el lunes que América «es nuestro hemisferio», una formulación que consagra sin ambages el regreso a la lógica del patio trasero de la Doctrina Monroe, formulada en 1823 por James Monroe y, ahora actualizada como “Donroe” por el propio Trump: «Ahora la llaman la Doctrina Donroe, creo».
La NSS sitúa como prioridad contener la influencia de China en el continente. Según CNN, controlar el petróleo venezolano sería costoso y poco atractivo para las grandes petroleras, pero serviría para frenar el uso de divisas chinas y la expansión de Pekín.
Sin embargo, la operación del 3 de enero, «exitosa» según EEUU pese a las víctimas mortales, y su poderío militar, no deben confundirse con hegemonía política y económica. La propia Administración deja claro en su estrategia el retorno a un repliegue defensivo en el continente. Y en ese punto concentra su presión sobre los países que identifica como enemigos.
De Petro a Lula
Al igual que con Maduro, Trump ha sancionado y acusado al presidente colombiano, Gustavo Petro, de ser un «líder del narcotráfico». Con la vista puesta en las elecciones presidenciales de este año, muchos se preguntan si intentará ejercer su influencia en el proceso electoral.
Cuba es otra obsesión del Secretario de Estado, Marco Rubio, quien afirmó que si «estuviera en La Habana, estaría preocupado aunque fuera un poco». Sin el acceso al petróleo venezolano, Trump afirmó ayer que el país «está a punto de caer». Además, la Administración ha aumentado las sanciones a Nicaragua, y trata de hacerse con Canal de Panamá alegando una influencia china.
«Pensando como región, esto asusta como no lo hacía desde hace mucho tiempo», advirtió Celso Amorim, principal asesor en política exterior del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Trump ha impuesto aranceles a Brasil y sanciones a la Corte Suprema que condenó a Jair Bolsonaro, en un año además marcado por elecciones presidenciales. Washington tampoco controla el Ejecutivo de México, otro de los grandes países de la región, aunque las amenazas no han cesado desde la llegada de Trump a la Casa Blanca.
¿Y Groenlandia?
Pero, sin duda, lo que agitó ayer los despachos de Bruselas fueron las palabras del asesor de la Casa Blanca Stephen Miller, quien justificó la pretensión de EEUU sobre Groenlandia argumentando que «somos una superpotencia». Bajo el hielo de Groenlandia existen importantes reservas potenciales de hidrocarburos y yacimientos de tierras raras. El deshielo acelerado por el cambio climático ha facilitado el acceso a algunos de estos recursos y ha ampliado la navegabilidad de rutas árticas que acortan el trayecto entre Asia y Europa, un factor de creciente interés geopolítico y también militar.
La inquietud europea es evidente cuando el principal país de la OTAN cuestiona la soberanía de otro miembro. No es casual, por tanto, que ayer los ejecutivos europeos emitieran un comunicado conjunto en defensa de la soberanía de Groenlandia.
Sin embargo, ese respeto a la independencia no se aplica por igual. Con Nayib Bukele, El Salvador se ha convertido en un socio privilegiado de Washington por su cooperación estrecha en materia migratoria, al igual que Ecuador bajo Daniel Noboa. En Argentina, la sintonía con Javier Milei ha sido explícita, con respaldo político y financiero internacional a su programa económico.
El apoyo, en todo caso, no es incondicional ni eterno, como ilustra el aislamiento de María Corina Machado desde que dejó de ser funcional para EEUU. El mensaje es nítido y no se limita a América Latina. Trump no ha hecho sino aplicar lo que dejó por escrito, y la NSS también apunta a Europa.

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