
La llama olímpica cumple sus últimos kilómetros camino de San Siro, para que a partir del viernes día 6 hasta el día 22 queden inaugurados los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina, nada menos que las «bodas de plata» de un evento que vio la luz allá por 1924 en la localidad francesa de Chamonix.
En el programa de los Juegos de Londres 1908 figuraba el patinaje artístico, algo que también sucedió en los de Amberes 1920, en los que también hubo hockey sobre hielo; pero los primeros Juegos de Invierno tal como se conciben ahora no se celebraron hasta 1924, aunque recibieron ese tratamiento de forma retroactiva, al ser concebidos inicialmente como la Semana Internacional del Deporte (invernal).
El primer campeón olímpico de invierno fue el estadounidense Charles Jewtrew –en los 500 metros de patinaje– y el primer medallero lo encabezó Noruega, que repetiría en 1928, en St. Moritz (Suiza, en unos Juegos en los que la noruega Sonja Henie brilló al ganar, con 15 años, el patinaje artístico; y en los que el finlandés Arnold Clas Thunberg, que había ganado seis medallas cuatro años antes en patinaje de velocidad, capturó dos nuevos títulos olímpicos.
Una historia por contar
La historia de Milán-Cortina d'Ampezzo, los Juegos que ocuparán el mayor territorio de toda la historia olímpica, distribuido en siete sedes –Milán, Cortina d'Ampezzo, Bormio, Anterselva, Livigno, Tesero/Predazzo y Verona– en una superficie de 22.000 kilómetros cuadrados, que se inaugurarán el viernes, está aún por redactar.
Cada sede contará con su propia Villa Olímpica, un gasto que tradicionalmente sobrecarga el presupuesto: hoteles de estilo olímpico para Anterselva, un cuartel militar renovado en Predazzo, un conjunto temporal de casas móviles en Cortina y seis edificios completamente nuevos en Milán para 1.700 atletas y entrenadores, posteriormente convertidos en residencias de estudiantes.

Pero lo cierto es que llega con cinco deportistas vascos y un mundo inmerso en plena etapa de convulsión: se mantiene la exclusión de los atletas rusos y bielorrusos, competirán sin bandera y bajo las siglas AIN (Atleta Individual Neutral), tal y como sucedió en París 2024, mientras que Israel podrá participar con total libertad, algo que ya supone un desasosiego constante, ya que, según el suizo Christophe Dubi, director ejecutivo de los Juegos Olímpicos, Israel no será excluido porque «respeta la Carta Olímpica», lo cual ya es una elección política.
Como lo es la presencia de efectivos del temible Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) estadounidense, por más que el ministro de Interior de Italia, Matteo Piantedosi, haya asegurado que se limitarán a «tareas de análisis» y «no serán operativos» en el terreno.
Por eso, el Comité Olímpico Internacional vuelve a apelar al habitual sonsonete del «deporte como territorio neutral» libre de cualquier atisbo político, como si el recorrido hasta llegar aquí no hubiera sido una sucesión de decisiones políticas.
Kirsty Coventry, presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), insta a mantener el deporte como «un terreno neutral» y como un «lugar en el que los atletas puedan competir libremente, sin verse frenados por la política».
«Entendemos la política y sabemos que no operamos en el vacío. Pero nuestro juego es el deporte. Eso significa mantener el deporte como un terreno neutral, un lugar donde todos los atletas puedan competir libremente, sin verse frenados por la política o las divisiones de sus gobiernos», declaró en su intervención en la 145ª sesión del COI.
El discurso de la presidenta siguió la línea que marcó en Sergio Mattarella, presidente de la República de Italia, quien pidió que se respete la tregua olímpica en su intervención en la apertura de la sesión, mensaje al que se sumaba también el papa León XIV.
La rodilla de Lindsey Vonn
Los Juegos de Milano-Cortina serán los cuartos de toda la historia que se disputarán en Italia y los terceros de las veinticinco ediciones de una cita invernal. Aparte de los Juegos de Verano de Roma 1960, Cortina d'Ampezzo –que en estos Juegos albergará las pruebas de esquí alpino femenino y las de curling, bobsleigh, skeleton y luge– se convirtió en 1956, en la primera localidad italiana en organizar unos Juegos Olímpicos.
Aquellos Juegos supusieron el debut de la delegación soviética en las citas invernales, ganando además el medallero, aunque los Juegos lanzaron a la fama mundial al austriaco Toni Sailer, que barrió al ganar en todas las disciplinas del esquí alpino, lo que le valió el apodo de «el rayo de Kitz».
Turín, hace exactamente veinte años, se convirtió en la tercera sede olímpica italiana. En las pruebas que tuvieron lugar en Sestriere, el noruego Kjetil Andre Aamodt se convirtió en el esquiador alpino –hombre o mujer– más laureado del olimpismo.
Esos mismos Juegos fueron los segundos de Lindsey Vonn que, con 41 años y una rodilla (la izquierda) de titanio, tras su regreso el curso pasado después de cinco de retirada, apuntará al oro en el descenso de esquí alpino dentro de unos días. Eso si logra recuperarse a tiempo de la grave lesión que arrastra ahora en la otra rodilla, donde sufre una rotura del ligamento cruzado anterior.
«Quiero hacer el descenso del próximo domingo y el supergigante (del jueves 12); y no descarto hacer la combinada (por parejas). Hoy he ido a esquiar, con una rodillera. Mi rodilla estaba estable y tengo confianza en que puedo competir», ha explicado Vonn, quien ya solo por atreverse a esquiar en esas condiciones estará realizando una hazaña, o una inconsciencia. «Tengo que esperar a los entrenamientos de descenso. Mientras la rodilla siga estable, debería estar ‘ok’ todo. Mi sueño olímpico no ha terminado», remachaba.
Alemania ganó el medallero en los Juegos de Torino 2006, aunque el surcoreano Viktor An fue el gran triunfador de esos Juegos, al capturar tres oros y un bronce en short track –el patinaje de velocidad en pista corta–; mientras que la canadiense Cindy Classen –en pista larga– fue la que más medallas ganó, cinco en total, incluyendo un oro.
En estos juegos de 2026, un total de 1.700 deportistas de 93 países tomarán el relevo a los Juegos de Beijing 2022, con la ceremonia de inauguración en San Sito y la clausura en Verona. En un mundo resbaladizo, y en el polo opuesto de la neutralidad, al final vencerá quien mejor guarde el equilibrio.

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