Cae el Nuevo START y el control nuclear entra en terreno desconocido
La expiración del tratado deja sin límites ni mecanismos de verificación los arsenales de EEUU y Rusia, que concentran cerca del 90% de las armas nucleares del planeta. El sistema de control construido durante décadas se tambalea y no hay señales de nuevos pactos a corto plazo.

«Este día demuestra la determinación de EEUU y Rusia, las dos naciones que poseen más del 90% de las armas nucleares del mundo, de ejercer un liderazgo mundial responsable». Fueron las palabras del entonces presidente estadounidense, Barack Obama, tras firmar, hace ya 16 años, junto a su homólogo ruso, Dmitri Medvédev, el último tratado que regulaba y limitaba los arsenales nucleares de ambas potencias que expiró este jueves, 5 de febrero. Hoy, Moscú y Washington dejan de estar obligados a cumplir una serie de restricciones sobre sus arsenales nucleares en un momento de grandes tensiones geopolíticas.
Era el 8 de abril de 2010 cuando, durante la firma del acuerdo en Praga, Obama señaló que, si bien el tratado Nuevo START era un primer paso adelante, se trataba de «solo un paso en un camino más largo». El acuerdo limitaba el número de armas nucleares estratégicas, con un máximo de 1.550 cabezas nucleares para cada una de las dos potencias.
Sin embargo, ambos mandatarios esperaban continuar las negociaciones sobre su reducción, incluidas las armas no desplegadas y la defensa antimisiles. Ese camino «más largo» que auguró Obama se ha desandado por completo y con él se ha evaporado el último marco que, pese a todas sus limitaciones, contenía la escalada nuclear y acotaba un escenario hoy abierto a consecuencias imprevisibles.

¿Por qué ha expirado?
El acuerdo Nuevo START finalizó a las 00:00 horas de este jueves, 5 de febrero, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, no diera seguimiento a la propuesta de su par ruso, Vladimir Putin, de prolongar los términos del pacto, pese a los esfuerzos de la ONU, el Vaticano y numerosos expertos internacionales para que el mandatario aceptara la propuesta del presidente de Rusia.
Cabe destacar, no obstante, que el tratado no pasaba por su mejor momento. Tanto EEUU como Rusia habían mantenido los límites, pero varias disposiciones no fueron aplicadas primero debido a la pandemia y, después, por la escalada de tensión entre ambas potencias a raíz de la guerra en Ucrania. Así, en 2022 Rusia bloqueó inspecciones y reuniones y un año más tarde suspendió su participación en el tratado, a lo que EEUU respondió dejando de compartir datos.
Aunque técnicamente el tratado solo podía prorrogarse una vez –como pasó en 2021 bajo la presidencia de Joe Biden y Vladimir Putin–, Washington y Moscú tenían en su mano pactar un nuevo marco que entrara en vigor cuando el Nuevo START venciera, para evitar un limbo en el que la humanidad ya está inmersa.
Según el Congressional Research Service (CRS), el servicio de estudios del Congreso de EEUU, la extensión de Nuevo START se vio obstaculizada cuando Washington, en el marco del desplazamiento de su prioridad estratégica hacia Asia-Pacífico, condicionó su continuidad a la inclusión de China, introduciendo una exigencia ajena al diseño original del tratado y difícilmente asumible por las otras partes.
Este martes, la cancillería china se sumó a otras voces del panorama internacional que lamentaron que el tratado hubiera expirado, pero afirmó que «en esta etapa» no se sumaría a unas eventuales conversaciones nucleares. «Las capacidades nucleares de China están a una escala totalmente distinta a las de EEUU y Rusia», señaló el portavoz del Ministerio chino de Relaciones Exteriores, Lin Jian.
Rusia, por su parte, considera que el tratado debe seguir siendo bilateral, como todos los grandes acuerdos de control estratégico desde la Guerra Fría. Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, señaló ayer que «los amigos chinos mantienen que su potencial nuclear no es comparable con el de EEUU y Rusia. Y por eso no quieren participar en las negociaciones». «Nosotros respetamos esa postura», agregó.
¿Qué contemplaba el tratado?
El Nuevo START era un acuerdo para limitar, ordenar y hacer visible el poder nuclear de EEUU y Rusia mediante topes cuantitativos claros y un sistema intensivo de verificación. Así, limitaba a EEUU y Rusia a un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por parte de cada uno, lo que suponía una reducción de cerca de dos tercios respecto al START I y aproximadamente un 10% menos que la cifra pactada en el Tratado de Moscú.
Además, limitaba a 700 el número de misiles balísticos intercontinentales desplegados y no desplegados, el de misiles balísticos lanzados desde submarinos y el de bombardeos pesados equipados para transportar y lanzar armas nucleares, al tiempo que fijaba un sistema de supervisión para comprobar que ninguno de los países violaba estos términos.
De hecho, uno de los elementos más importantes del tratado era que las disposiciones de verificación incluían inspecciones in situ, con hasta 18 al año, e intercambio de información sobre el posicionamiento de cabezas nucleares y lanzadores, con comisiones consultivas que se reunían dos veces al año.

¿Cómo se controlaban mutuamente?
Varios estudios académicos y documentación técnica han descrito cómo se articulaba el sistema de inspección entre dos potencias con desconfianza mutua. Con un aviso previo de 32 horas, un equipo de diez inspectores militares se desplazaba a Moscú o Washington y allí elegían la base de misiles a inspeccionar en el último momento, con el objetivo de evitar que el país anfitrión escondiera las ojivas.
Una vez en la base, los inspectores verificaban los vehículos de reentrada, la parte final del misil donde se aloja la ojiva, cubiertos por una lona que protegía la información sensible y catalogada como secreto de Estado. Los militares podían tocar y usar sensores para contar bultos y verificar que no hay más ojivas de las declaradas, sin acceder a los datos clasificados.
Para ello disponían de detectores de radiación, incluidos espectrómetros de germanio que detectan la huella del plutonio y confirman que el objeto es una ojiva sin revelar el esquema interno. Cada año, según datos del Departamento de Estado de EEUU, se enviaban miles de datos sobre el estado, la ubicación y los movimientos de cada misil estratégico, alcanzando las 25.000 notificaciones. Con la muerte del tratado, todo este entramado de transparencia ha dejado de funcionar.
¿Qué supone su expiración?
El pacto se inscribía en una arquitectura de control de armamentos construida tras la crisis de los misiles de Cuba, cuando las potencias entendieron que no cooperar era más peligroso que hacerlo. Así, el Nuevo START sustituyó al Tratado de Reducciones de Ofensivas Estratégicas (SORT), firmado en 2003 y conocido como Tratado de Moscú, y dio continuidad al START I, acordado en 1991 y en vigor desde 1994, así como a la estela del START II, que nunca llegó a materializarse tras el colapso de las negociaciones. Antes, en 1987, Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov habían firmado el Tratado INF, que prohibió los misiles nucleares de alcance intermedio hasta que en 2018 el propio Trump sacó a EEUU del acuerdo.
La desaparición del tratado, por tanto, reduce la capacidad estadounidense para evaluar con certeza el arsenal ruso, y viceversa. Varios informes coinciden en que ambas potencias se apoyarán ahora en las estimaciones de sus aparatos de Inteligencia, tal y como ocurre entre estados con capacidad nuclear que carecen de acuerdos de control, como India y Pakistán.
Moscú y Washington, además, pierden una base estable para negociar futuros acuerdos. En este aspecto, el Kremlin advirtió a Trump de que firmar un nuevo tratado será un proceso «largo y difícil» ante la oposición de Pekín, Gran Bretaña y Estado francés, a reducir sus arsenales. Trump, por su parte, se limitó a decir que quiere un tratado «nuevo» y «modernizado».
¿Qué ocurré con el tratado de no proliferación?
Pero, sin duda, la consecuencia más importante es el mensaje que lanzan al resto de países. La disuasión vuelve a imponerse como garantía última de seguridad y los estados con capacidades intermedias tienen pocos incentivos para aceptar límites, inspecciones o compromisos unilaterales si las dos potencias que concentran el 87% del arsenal nuclear mundial no lo hacen.
En este punto entra en escena el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1968 que, mientras prohibía a los estados sin capacidad nuclear acceder a la bomba, las cinco potencias nucleares del momento, EEUU, Rusia, Gran Bretaña, Estado fránces y China, se comprometían vagamente a proceder a un desarme que nunca llega. Con la erosión de acuerdos como el Nuevo START, el propio tratado de no proliferación pierde credibilidad. Sudáfrica sigue siendo el único país que desmanteló voluntariamente su arsenal nuclear, algo al parecer difícil de replicar.
De hecho, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) publicó el año pasado un informe en el que analizó el estado de los arsenales país por país y, si en el caso de las potencias occidentales constató más modernización cualitativa que cuantitativa, advirtió que India y Pakistán siguen desarrollando nuevos tipos de vectores de armas nucleares y que Corea del Norte está intentando aumentar de medio centenar a noventa sus ojivas, las mismas de las que dispone, sin reconocerlo, Israel. Tel Aviv, país no firmante del acuerdo, ha rechazado siempre las inspecciones, mientras que Pionyang abandonó el tratado en 2003.
Ante el fin del Nuevo START, la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN) alertó ayer de que la carrera armamentística nuclear puede intensificarse, y recordó que la próxima revisión del tratado de no proliferación tendrá lugar en abril o mayo de este año en Nueva York. Varios expertos han advertido que será la conferencia más difícl hasta el momento.

«Usaban a Dios para someter a las internas, para meternos miedo»

La sanción a un mando por tocamientos a una cantinera desata una reacción machista en Irun

Insultan a una esquiadora italiana por hablar ladino en una entrevista

Un vídeo prueba el disparo directo e intencionado a Iker Arana, que perdió un testículo

