
La celebración de competiciones en verano como el Tour se puede ver amenazada por el calor extremo, según advierte un estudio internacional publicado este martes en ‘Scientific Reports’ y realizado por el Instituto de Investigación para el Desarrollo Sostenible (IRD) del Estado francés.
Hasta ahora los corredores del Tour han sido «extremadamente afortunados» y han logrado esquivar las temperaturas extremas del verano por días o, en ocasiones, por décimas de grado, pero esto no sucederá siempre. Es solo cuestión de tiempo que el estrés térmico ponga en jaque esta carrera ciclista.
Los investigadores revisaron los datos climáticos de las últimas cincuenta ediciones de la famosa carrera ciclista para ver en qué niveles de riesgo de estrés térmico se ha celebrado el Tour en distintas localizaciones y fechas entre 1974 y 2023.
Los resultados del estudio revelaron que el riesgo ha aumentado de forma constante, especialmente en la última década, que ha acumulado el mayor número de episodios de calor extremo.
El estudio concluye que aunque hasta ahora el Tour ha conseguido evitar situaciones de riesgo máximo para la salud de los corredores, en algunos casos ha sido por días o décimas de grado, pero no siempre tendrán tanta suerte.
«En cierto modo, podemos decir que es una carrera extremadamente afortunada, pero con las olas de calor batiendo récords cada vez más frecuentes, es solo cuestión de tiempo antes de que el Tour se encuentre con un día de estrés térmico extremo que ponga a prueba los protocolos de seguridad existentes», advierte Ivana Cvijanovic, investigadora del IRD y autora principal del estudio.
«París, por ejemplo, ha cruzado el umbral de alto riesgo por calor cinco veces en julio, cuatro de ellas desde 2014. Otras ciudades han experimentado muchos días de calor extremo en julio, pero afortunadamente no durante una etapa del Tour», detalla Cvijanovic.
Principales «puntos calientes»
El estudio observó que los episodios de niveles de calor peligrosos han sido más comunes alrededor de Toulouse (29,7ºC en 2020), Pau (28,8ºC en 2019) y Burdeos (30,1ºC en 2019) en el suroeste del Estado francés, y cerca de Nimes (30ºC en 2020) y Perpiñán en el sureste.
Lugares como París (28,8ºC en 2019) y Lyon –más al norte–, sin embargo, se acercan cada vez más al umbral de alto riesgo, convirtiéndose en nuevos «puntos calientes», según el estudio.
En el lado opuesto están las cumbres en las que se celebran etapas clásicas de montaña del Tour como el Col du Tourmalet (23ºC en 2006 y 25,9ºC en 2019) y el Alpe d’Huez (20,1ºC en 1992 y 22,7ºC en 2015), que se han mantenido históricamente dentro de umbrales de riesgo bajos o moderados.
El estudio muestra que las horas de la mañana siguen siendo las más seguras, mientras que los niveles altos de estrés térmico pueden persistir hasta bien entrada la tarde.
Para hacer el estudio, el equipo recuperó registros meteorológicos históricos de doce ubicaciones frecuentes de la carrera y usaron el índice WBGT (Wet Bulb Globe Temperature), que combina temperatura, humedad, radiación solar y viento y analizaron las ocasiones en las que se alcanzó la categoría de alto riesgo según el protocolo de la Unión Ciclista Internacional (por encima de los 28 °C WBGT).
Un riesgo para todos los deportes
El estudio, centrado en el Tour, pretende ilustrar el desafío global que el cambio climático supone para la organización de eventos deportivos estivales, porque el calor no solo afecta el rendimiento, sino que puede suponer un riesgo grave para la salud.
En declaraciones a la plataforma de recursos SMC, el investigador en la Unidad de Fisiología de la Universidad de Alcalá, Pedro L. Valenzuela, señala que este tipo de estudios puede servir para buscar fechas u horas más convenientes para las competiciones, «aunque seguramente sean decisiones organizativas que puedan variar enormemente incluso de una semana para otra según la previsión meteorológica».
En la misma línea, Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida, considera que «sería extremadamente ingenuo, e irresponsable, pensar que el Tour se va a seguir librando del cambio climático y antes o después empezaremos a ver los corredores bajo olas de calor extremo».
Por eso, el experto aconseja que sería bueno cambiar las fechas y repensar las ubicaciones para que en los días más calurosos se celebren las etapas de montaña, por ejemplo.

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