Mikel Zubimendi
Aktualitateko erredaktorea / redactor de actualidad
Entrevista
Imanol Uribe
Director, premio especial del 23º Festival de Cine y DDHH de Donostia

«Mi vida va pegada a mis películas, al cine con mayúsculas, sin adjetivos»

Nació en El Salvador, en el seno de una familia procedente de Gernika que instaló allí una fábrica de calzado. Participó en el nacimiento del cine vasco desde  1970, y ha conformado una filmografía muy atrayente, hija de su tiempo, con inquietud social, una trayectoria para «hacer cine y país».

(Jon URBE | FOKU)

El veterano cineasta Imanol Uribe, uno de los grandes del cine vasco, recogerá oficialmente este jueves en el Teatro Victoria Eugenia, el Premio del 23º Festival de Cine y DDHH de Donostia, un galardón que reconoce una carrera «de fondo», de casi 50 años, y más de 15 películas. Con ese premio -con el que posa para GARA- el Festival distingue una obra que ha mirado al país y a sus gentes, y también al público general, apostando por un cine popular. Se siente honrado, aunque este tipo de premios tiene «esa vertiente de querer jubilarte, de decirte adiós» y adelanta que «retirada, ni de coña, seguiré dando guerra».

Levantó a pulso junto con otros «la protoindustria del cine vasco», y se muestra feliz por la «explosión» que conoce nuestro cine, «por la cosecha extraordinaria, sobre todo de mujeres inteligentes que cuentan historias maravillosas». A él le tocó vivir otro tiempo, los convulsos años de principios de la década de 1980. Y como todo en la vida, «sus películas fueron un cúmulo de casualidades». Dirigió “El proceso de Burgos”, “La fuga de Segovia” y “La muerte de Mikel”,-«empezaba la película con una situación política y terminaba con otra»-, obras emblemáticas, de época. Luego se trasladó a Madrid, y adaptó novelas de éxito, dirigió películas que han sido premiadas, siempre desde una «pulsión muy interna».

A la cita con GARA acude acompañado nada más y nada menos que de Javier Aguirresarobe, con el que contactó en 1972 en la Escuela Oficial de Cine y que, junto con Pilar Miró o Fernando Colomo, luego tendría gran importancia en su carrera artística. «Tengo mala memoria y Javier se acuerda de todo», afirma Uribe con una sonrisa pícara cuando nos presenta al reconocido cineasta eibartarra, director de fotografía en muchas de sus películas, que ha trabajado en grandes producciones de Hollywood.

De entrada, Aguirresarobe nos hace una confesión: «Yo estoy en el cine gracias a Imanol. Recuerdo salir de la Escuela Oficial de Cine y, como quien sale de prisión, miras a izquierda y a derecha y no encuestras a nadie. Teóricamente una escuela que era para surtir a la miserable industria del cine que existía en la época, el año 72-73. Yo paso un periodo de desierto y ¿quién me da la oportunidad? La gente que conocí en la escuela. Empezando por Fernando Colomo, que me da la opción de una primera película, y después Imanol se arriesga conmigo y hacemos ‘‘El proceso de Burgos”. Y después, cuando llega el momento de hacer una película de verdad, con todas las garantías de producción, sostenida de alguna forma durante semanas de rodaje, ante la tentación de que lo hubiera hecho otro equipo más consolidado, decide que lo haga yo. Eso para mí es un gran paso».

Dice que el cine es un lenguaje para retratar una sociedad, una herramienta para abordar un momento histórico. ¿Cómo ha llevado la etiqueta de hacer solo «cine político»?

‘‘El proceso de Burgos”, “La fuga de Segovia” y “La muerte de Mikel” fue como tirar del hilo, y en aquel momento había una obsesión por clasificarte políticamente en todo lo que hacías. Recuerdo que con ‘‘El proceso de Burgos” me hacían de Herri Batasuna, con la “La fuga de Segovia”, de Euskadiko Ezkerra, y ya con la “La muerte de Mikel”, del PSOE. Alucinante, cuando no he militado nunca en ningún partido. Solo, tenía mis ideas y contaba lo que pasaba. Hubo un momento en el que me pesó, sí. Pero a mi me gusta el cine con mayúsculas, sin adjetivos.

Permítame la expresión de «yonqui de la adrenalina del rodaje». Puede estar tres o cuatro años de su vida preparando una película para disfrutar de 5 o 6 semanas de rodaje.

Todas las fases son importantes. El guion, que a mi se me da fatal, el montaje, la posproducción, pero para mi el rodaje es maravilloso, el momento de la verdad; si pudiera estaría toda mi vida rodando, en ese estado de excitación, por encima de tus posibilidades.

Yo era testigo -interviene Aguirresarobe- de cómo, un buen día, aparece Imanol por la mañana y dice: ‘Oye, he tenido una especie de sueño y este personaje es determinante, y es otro, no el que estaba antes’. Se remite a algo que ha tenido dentro y lo quiere sacar. Y en el rodaje, la página se rompía, porque un buen director se da cuenta de cuál es el ritmo, qué es lo interesante o hasta qué punto lo que considerábamos importante en el guion no sirve para nada. En esas cosas era muy flexible’.

¿Tiene la sensación de haber hecho un cine que hoy está a contracorriente, quizá por la irrupción de las plataformas digitales? ¿O el cine es universal y cabe todo en él?

Es un tema que nos hemos preguntado todos los que llevamos en esto desde siempre. Resuelves esa incógnita viendo las películas que hiciste en su momento. Yo veo “La muerte de Mikel” y me quedó pasmado. Aquello efectivamente tiene carencias de producción, carencias de todo tipo, era una película pequeña-pequeña, pero si ves como se estructura la historia, qué es lo que cuenta y cómo, ves que en esencia es una película super actual, que habla de nosotros ahora.

¿Y la irrupción de las plataformas digitales en el cine?

Es otro mundo, está claro. Pero, por ejemplo, Javier ha estado en grandes producciones, en Hollywood y básicamente es lo mismo, lo haces con más comodidad, con más medios, en el fondo trabajas para asegurar lo que realmente te piden. Hay una cosa que recuerdo, cómo vivíamos en un piso juntos en Madrid mientras estábamos en la escuela. Y recuerdo una frase que dijiste -dirigiéndose a Aguirresarobe- después de uno de los viajes que hiciste a Los Ángeles: ‘Ahora no me tengo que levantar al amanecer y ver que tiempo hace porque me da igual’. Los estudios dan protección, protección total. En cambio, en las pequeñas películas dependes de la suerte.

Afirma que una película es un cúmulo de circunstancias, muchas veces fruto del azar.

Mi vida va pegada a mis películas, a las que se hacen y a las que no consigo hacer. Y cuándo termino una, siempre me ronda la misma cuestión: ‘¿Y ahora qué?’. Yo hago una película cada tres años, y a veces en medio te has comido unos proyectos que no salen. En mi caso, siempre empiezo con un ‘qué bien, tengo una idea’, pero luego vas escarbando, afinando, localizando, sintiendo, y no la veo. Y si no la veo, se cae, aunque muchas veces se cabreen los productores. Hay una media de tres películas que se quedan en el tintero porque no era el momento de hacerlo. Suelo contar cómo Jose Luis Borau, un genio del cine con el que coincidí bastante tiempo, cuando le comentaba que por cada película que hago se quedan tres en el tintero, me decía: ‘Pues yo nueve’.

¿Cómo ve el boom del cine vasco? Arrasa en los Goya, temáticas nuevas, películas que funcionan super bien.

Es una explosión espectacular Pero yo siempre pienso en las personas. Se da una coincidencia de tres o cuatro, casualmente mujeres la mayoría, con una enorme personalidad, con una forma de contar historias fantástica. Esa es un poco la clave. Obviamente, han hecho que sus proyectos también tengan su interés, además de contarlas de maravilla. Para mi, exclamar eso de ¡qué revolución del cine vasco! No sé, yo siempre voy a las personas. Y aquí vamos a agradecer la forma en que está trabajando Moriarti. Es impresionante, son un fenómeno, ves sus películas y te das cuenta que cada una va por una determinada dirección, y la última, la que se hizo en Canarias, “Maspalomas”... Se lo dije a ellos: ‘Habéis adquirido una madurez impresionante!’ No encuentro a nadie en el Estado que se meta de lleno a hacer una película así, con todo lo que eso significa, y con todo lo que se cuenta. Toda esa coincidencia realmente ha sido explosiva, para bien, pero no es que haya sido una industria que haya decidido ‘vamos a hacer películas’, no, son personas. Quizá seamos los últimos artesanos, pero ahí tienes a los nuevos.

Con «La pelota vasca» en el recuerdo y vistas las polémicas del momento y la obligación de asumir ciertas correcciones, se podría hacer hoy «El proceso de Burgos»?

No, responde Aguirresarobe. Imposible. Aquello fue una cosa excepcional. Imanol tuvo esa gran idea y además el mérito de reunir a todos los chicos aquellos que cada uno tenía una ideología diferente, una forma de ver el país diferente, había unas disputas terribles. Él hizo un milagro y de repente tuvimos a todos a nuestra disposición, incluso tuvimos que ir al otro lado, a nosotros nos vendaron los ojos, para llegar a las citas. Cuando la película llegó aquí las presiones fueron terribles, Milans del Bosch, Mayor Oreja… Tuvimos que andar escondiendo los rollos, fue una aventura preciosa, creía que la Policía lo iba a secuestrar.

Ten en cuenta -continúa Uribe- que a Pilar Miró le habían abierto un consejo de guerra por “El crimen de Cuenca”. Pero después una vez de que se vio, del premio, etc… aquí abarrotó todos los cines de los pueblos, fue una apoteosis. Pero en Oviedo, en Santander, no pudimos proyectarla porque recibían 5 o 6 amenazas de bomba por estreno. ‘‘La pelota vasca” no tiene nada que ver con esto, ¡y la que se montó! Creo que les pillamos por sorpresa.