Mariona Borrull
Periodista, especialista en crítica de cine / Kazetaria, zinema kritikan berezitua

Las fantásticas batallitas de Peter Jackson y Gillian Anderson

El Festival de Cannes avanza con el viento de la idolatría cinéfila ya en popa, gracias a la fantástica clase magistral de Peter Jackson, Palma de Oro honorífica, y a la primera gran película de la edición 79, ‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’, un ‘Viernes 13’ con Gillian Anderson.

Gillian Anderson, Hannah Einbinder, Jane Schoenbrun, Jack Haven y Arthur Conti, en Cannes.
Gillian Anderson, Hannah Einbinder, Jane Schoenbrun, Jack Haven y Arthur Conti, en Cannes. (Olivier CHASSIGNOLE | AFP)

Una estrella de cine es también, por suerte, una magnífica cuenta-cuentos. Por ello, la tercera visita de Jackson a la Croisette llega repleta de anécdotas clarividentes. En su primera vez, explicaba, «un guardia de seguridad me echa a la calle porque llevaba pantalones cortos». Venía para vender en el Mercado del Cine ‘Mal gusto’ (1987), un debut de presupuesto cero que nada tiene que ver con la carrera posterior del cineasta kiwi. En la segunda vez de Jackson en Cannes, llegaba para tratar de salvar el fracaso sonado que la prensa proyectaba sobre ‘El Señor de los Anillos’: «Era un momento extraño, porque la Warner se estaba vendiendo –ya sabéis, ‘todo lo que va, vuelve’– y por eso todo el mundo se refería al proyecto como ‘una gran locura’».

Habían rodado las tres entregas juntas; hoy nunca pasaría. El pase, de un anticipo montado a toda prisa, fue tan ovacionado que redirigió el sentir popular hacia el film. ‘El Señor de los Anillos’ concentró el peso de la conversación, de deleite cinéfilo generalizado. Nacida como excusa para no despedir a los treinta especialistas en efectos digitales que habían contratado para ‘Agárrame esos fantasmas’ (1996) –«sé que no es una razón idónea para hacer películas pero teníamos una empresa y debíamos pagar nóminas cada semana»–, hoy Jackson no volvería a liderar un proyecto de ese calibre («Nueva Zelanda no estaba preparada para producciones de esa envergadura y nosotros éramos novatos»).

El creador de la cinefilia del formato físico, las versiones del director y los audiocomentarios, además, ha opinado acerca de los desafíos de la Inteligencia Artificial, alegando que «no es distinta de las herramientas que han ido apareciendo a lo largo de los años. Al final, todo dependerá siempre de la imaginación y la originalidad de la persona que introduzca las instrucciones en el programa», comparándola a otros efectos con mejor aceptación popular, como el stop-motion.

Por un lado, y tras quince años de ruegos por parte de Steven Spielberg, productor, Jackson anunció en primicia que por fin se encuentra escribiendo el guion de la nueva aventura animada de ‘Tintín’ y que, por otra parte, aún prepara ‘The Dam Busters’, sobre una batalla con bombarderos en la Segunda Guerra Mundial.

Gillian Anderson y Hannah Eibinder destripan el género

El personal, así como el cinematográfico. Tras ‘Vi la pantalla brillar’, Jane Schoenbrun inauguraba la sección competitiva Un Certain Regard con ‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’, cierre de su «trilogía de las pantallas». Inquieta y bella a partes iguales, la película cuenta los días extraños de una joven cineasta (Hannah Einbinder) encerrada en el chalet de montaña de su scream queen favorita (Gillian Anderson), con quien comparte impresiones, manta y cantidades ingentes de pollo frito.

Sobre la extrañeza de un cuento de hadas, con un dominio impresionante sobre el tono, Schoenbrun plaga una película repleta de alegorías abiertas e imágenes sugerentes, ya sea un Jason de género fluido por villano sensible, un agujero en el lado de «donde nacen las películas» o un puñado de cameos a deleite de cualquier fan del fantástico. Pero no hay película sin la relación de afecto profundo que Anderson y Eibinder cultivan, poco a poco, en esta ahijada de la ‘Persona’ de Ingmar Bergman, y que concluye en un drama sorprendentemente íntimo. Sucede cuando nieva y el mundo se detiene a nuestro alrededor: los afectos, paralizados por las exigencias de una sociedad entumecida e hiperproductiva, se desentumecen. La final girl, aquella chica lista y correcta que en el cine slasher llega a la mañana porque en realidad nunca vive del todo... Decía, la final girl vive de nuevo.