Un rapero alemán, estrella mediática del EI y enemigo número uno de Merkel
Alemania no ha tenido ni su 11S ni su 11M, pero las fuerzas de seguridad reconocen que no siempre podrán abortar los atentados en su fase preparatoria. Temen el regreso de yihadistas alemanes como el del exrapero Deso Dogg, su enemigo número uno.
El aparato propagandístico del Estado Islámico (EI) recurre al alemán Denis Cuspert, de casi 40 años, cuando quiere enviar un mensaje al Estado alemán o a jóvenes «reclutables». Ejerce de portavoz del EI al tiempo que desvela la hipocresía política y social de la Alemania oficial. Hijo de padre ghanés y de madre alemana, lleva cerca de tres años en sus filas, desde que se fugó junto a varios correligionarios a Egipto. La Policía le pisaba los talones después de que este ciudadano berlinés llamara abiertamente a la yihad, según las pautas que establece el salafismo. Cuspert dejó atrás una vida muy diferente a la que tiene ahora, aunque existe un denominador común entre ambas.
En su primera etapa representaba la versión alemana del rapero gangsta, haciéndose llamar Deso Dogg. Su vida transcurría entre conflictos con su padrastro, un militar de EEUU, la exclusión social y racial por su color de piel, la delincuencia y el rap. Aunque no logró una carrera musical sí obtuvo cierto eco gracias al interés de la televisión.
En 2008, el canal privado RTL II recurrió a él para un reality sensacionalista en el que tuvo que convertir en rapero a un estudiante universitario en los barrios socialmente más conflictivos de la capital. Este decía sobre él que es «una figura de luz en este oscuro entorno y da un buen ejemplo a los chicos de aquí». Dos años más tarde, la segunda cadena pública, la ZDF, incluyó en su película “Coraje civil” un rap de Deso Dogg que arranca: «Bienvenidos a mi mundo lleno de odio y de sangre». El videoclip de 2007, en blanco y negro, refleja la desesperanza en los suburbios berlineses y en el alma del propio cantante. Ya en esa grabación Deso Dogg hace varias alusiones al islam, a Alá y a la oración y mostrando un tatuaje de la espada musulmana en su brazo.
Paralelamente a su fracaso como rapero, Cuspert se convirtió al islam y empezó a hacer propaganda salafista tan simplista como sus letras. Esta corriente minoritaria dentro del islam profesa una interpretación rigorista de esta religión que convierte a las demás en enemigas y se libra de la necesidad de responder a preguntas que la modernidad plantea. En esa época, Deso Dogg desaparece y surge Abu Malik, que incluso peregrina a La Meca. En 2011, reaparece en un video en el que, llorando, pide a quienes tienen una trayectoria como la suya que dejen la música y vuelvan al islam para tener una segunda oportunidad y aprender a respetar de nuevo a la familia. En otra grabación se mofa de los medios alemanes que entonces le echaban en cara su pasado rapero: «Cuando era delincuente, traficante y musulmán no decían nada, porque les pareció normal».
Pero en un nuevo video lanza un mensaje bien claro Angela Merkel y a su Gobierno: «Vosotros lleváis la yihad a nuestros países, nosotros la vamos a llevar a los vuestros». No son palabras huecas, porque en otro clip muestra cómo se carga una pistola Glock. La Policía encontró una docena de cartuchos en su casa, pero antes de que la Fiscalía pudiera formular una acusación, Cuspert abandonó Alemania. Era 2012, una época en la que personas como él estaban controladas la por Policía y los servicios secretos, pero no evitaron su fuga en un momento en el que bajo el paraguas de la OTAN islamistas salafistas se hicieron con el control en Libia.
En su exilio norteafricano, Abu Malik se convirtió en Abu Talha al-Almani. El rap lo ha sustituido por el nasheed, un canto islámico a capella de contenido religioso, entonado por hombres. Cuspert amplia la banda sonora del yihadismo con sus «nasheed de combate». Los canta en alemán, pero están llenos de términos islámicos. Da también la cara en otros videos de propaganda.
«Queremos vuestra sangre»
En 2014, la privada RTL informó de su muerte en combate. Obviamente la noticia era falsa porque hace una semana la prensa alemana le convirtió definitivamente en lo que siempre ha querido ser, una estrella mediática –al servicio del EI–. Lo hizo con un video con fotos de soldados alemanes en el que se oye a Cuspert cantando un nasheed: «Queremos vuestra sangre, sabe tan maravillosa». Además, sobre imágenes de cadáveres y cabezas cortadas, advierte, en su estilo: «Vuestro fin se acerca, soldados mutilados volverán a vuestra patria, cercanos a la desesperación».
El peligro no está en esas palabras, sino en que la sociedad alemana haya producido cientos de Deso Dogg a los que no ha dado ni dará una segunda oportunidad porque el sistema actual no lo permite. «Los islamistas saben mejor que nosotros cómo hacer trabajo social», admite Ahmed Mansour, trabajador social en los barrios conflictivos de Berlín. El salafismo propaga la conversión al islam como un método para terminar con una vida de cárcel, exclusión y desprecio, como la que llevó a Deso Dogg a convertirse en un luchador por algo real como el califato del EI. Lo que no ha cambiado en Cuspert es el desprecio a la vida.