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Kemalistas y panturcos buscan abandonar el ostracismo político

Tras 13 años en el ostracismo político por las sucesivas y cada vez más amplias victorias del partido islamista de Erdogan, la histórica formación kemalista CHP y el partido panturco MHP aspiran a que sus resultados, e incluso un éxito electoral de los kurdos del HDP, rompan esa tendencia y fuercen al AKP a negociar con aquellos una coalición.

Acto d campaña del MHP. (Ozan KOSE / AFP)

El kemalista CHP y el panturco MHP buscan impedir que el partido islamista AKP logre la mayoría absoluta que le permitiría instaurar un sistema presidencialista. Los últimos trece años han estado marcados por su ostracismo político. Esta realidad, amarga para su panturquismo, podría llegar a su fin si lograsen forzar un Gobierno de coalición, el máximo al que hoy aspiran las ideas del kemalismo.

El líder del CHP, Kemal Kiliçdaroglu, es un economista procedente de Tunceli, una región de mayoría aleví situada en el centro de Anatolia. En 2010 alcanzó su puesto tras la dimisión de Deniz Baykal, desprestigiado por una serie de vídeos íntimos en Internet. A sus 67 años encara sus quintos comicios y si los resultados no continúan la evolución iniciada hace cuatro años, cuando mejoró cerca de cinco puntos, probablemente abandonará el partido heredero de Atatürk, el fundador del Estado turco.

Sueña con lograr su techo electoral del 35%. Esto supondría un ascenso de 10 puntos con respecto al plebiscito de 2011 y el mejor dato desde 1977, cuando Bülent Ecevit fue el líder más votado. Desde entonces, su formación ha ido dando tumbos en busca de una fórmula que le permita recuperar la grandeza de sus inicios. «Algunos sondeos le dan el 30% y esto sería un gran logro», señala Fevzi Bilgin, presidente del centro de estudios Rethink Institute.

Las reformas en sanidad, las medidas ecologistas, las prestaciones económicas a los ciudadanos y las subidas en los salarios mínimos y jubilaciones son algunos de los pilares sobre los que el CHP sustenta un programa electoral orientado a la izquierda. El objetivo es convencer a las personas indecisas que confiaron en el AKP y que ahora ven estancado el desarrollo social y económico. Una apuesta que también podría provocar un resultado opuesto, alejando a quienes consideren irresponsables las promesas del CHP, algo que el AKP no ha dudado en resaltar al preguntar cómo obtendrá Kiliçdaroglu el dinero. El CHP tiene respuesta: «Un presupuesto racional carente de corrupción y sin el despilfarro de los proyectos locos de Erdogan».

Los problemas relacionados con la independencia judicial, la censura mediática y la parcialidad del presidente han servido a Kiliçdaroglu para advertir de que la calidad democrática puede bajar aún más si Erdogan logra su sistema presidencialista. Durante la última legislatura, el CHP ha cargado contra el giro autoritario del AKP y abrazado el proceso de diálogo con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). También ha dibujado un nuevo horizonte para la mujer dentro su partido. Este año, a las candidatas elegidas en las primarias Kiliçdaroglu sumó 50 más. Esta medida –de cumplirse los pronósticos– casi doblará el actual poder femenino hasta conformar el 25% de sus diputados.

A ello se une el incremento del número de candidatos alevíes, una versión del chiísmo que tiene su núcleo político dentro del CHP. En total, el 15% de la población de Anatolia sigue esta corriente religiosa y ve con creciente preocupación el ascendiente suní en el Gobierno del AKP y la opresión educacional de corte suní iniciada por Erdogan. Según señalaba Soner Cagaptay en un análisis en The Washington Institute, la elección de candidatos alevíes dentro del CHP –un partido secular– provocará que, por primera vez, su representación parlamentaria sea igual a su peso poblacional.

Estas buenas medidas no pueden ocultar el mayor error de este partido en la última década: no haber absorbido a la miríada de grupos de izquierda y minorías que carecen de un grupo político con la fuerza suficiente para entrar en el Parlamento. El testigo ha sido recogido por el partido kurdo HDP. «Esta laguna con las minorías se produce por la tradicional defensa del CHP de las bases fundacionales del Estado turco. Va más allá del rol de Kiliçdaroglu», matiza Bilgin al referirse a la influencia de Atatürk. Tal vez por eso su líder no se ha centrado en los derechos de las minorías étnicas, dejando esos quehaceres a los kurdos, a quienes necesita ver representados en el Parlamento si no quiere otros cuatro años de mayoría absoluta del AKP.

El MHP, la llave del AKP. El MHP asume la interpretación extrema de las teorías de Atatürk. Defiende a ultranza el panturquismo kemalista de su fundador, Alparslan Türkes. Desde su muerte, tan solo Devlet Bahçeli ha dirigido a los Lobos Grises, un partido de derechas en el que la religión tiene un importante peso. En las pasadas elecciones lograron el 13% de los votos después de una tensa campaña electoral. Una serie de vídeos comprometidos forzó a varios de sus altos cargos a dimitir. Los autores podrían estar relacionados con el AKP, que hace cuatro años intentó evitar que el MHP entrase en el Parlamento para cambiar la Constitución. Hoy, el flanco para ese objetivo son los kurdos, el gran enemigo del MHP.

Según las encuestas, el MHP logrará una ligera mejoría en estos comicios, en parte porque atraerá a gente descontenta con el AKP. Los valores de este partido no distan en exceso de los que Erdogan ha intentado implantar en la última década. Ambos son considerados representantes de los sectores más conservadores de la sociedad. La principal diferencia son los derechos para las decenas de minorías de Anatolia; ninguno según el MHP. Durante la campaña electoral, Bahçeli ha centrado su discurso en el giro autoritario del AKP y el proceso de paz, considerado como una traición a la herencia de Atatürk. En los mítines ha repetido que nunca apoyará el sistema presidencialista.

Algunos analistas vaticinan precisamente una coalición con el AKP, en parte por algunos acuerdos de las últimas legislaturas y sobre todo porque la unión MHP-CHP no llegaría al 50% de los escaños. Esto tendría repercusiones en dos puntos críticos: el sistema presidencialista de Erdogan podría quedar tocado y el proceso de diálogo con el PKK podría morir. «Si se produjese una coalición, el acuerdo más probable sería entre el AKP y el MHP. Otra cosa será su sostenibilidad a largo plazo. Entonces, el proceso de diálogo con el PKK se convertiría en un camino con baches. El AKP orquestó las negociaciones por su cuenta, pero si se aliase con el MHP tendría que cederle parcelas en las que no capitulará con facilidad. El AKP podría aceptar las demandas del MHP si estos apoyan la nueva Constitución y el sistema presidencialista», considera Bilgin, quien desliza la posibilidad de que Bahçeli rompa su palabra y apoye un sistema presidencialista con ciertas modificaciones.

Devlet Bahçeli nació en la conservadora región de Osmaniye. A sus 67 años, y al igual que sucedió en 1999, puede volver a convertirse en la llave que abra la puerta del Gobierno. «Bahçeli es un líder pragmático que buscará ser parte de una futura coalición gubernamental. Durante la campaña ha usado una agresiva retórica, pero es un político responsable y con el que se puede trabajar», reconoce Bilgin.

El dominio absoluto del AKP desde 2002 ha provocado que los kemalistas, especialmente el CHP, comiencen a suavizar algunas de las doctrinas del intocable legado de Atatürk. Muchos de los grupos étnicos y religiosos que cohabitan en Anatolia aún consideran que la democracia la ha traído Erdogan. Este numeroso grupo teme, debido a la experiencia del ideario kemalista, que los panturcos no respeten sus derechos y vuelvan a enclaustrar al destacado movimiento suní. El CHP ha prometido no discriminar a ningún grupo étnico-religioso y reducir la polarización iniciada hace cuatro años. Unas declaraciones destinadas a evitar una nueva legislatura sin voz ni voto y, sobre todo, a abortar la «Nueva Turquía» de Erdogan.