Red Marcial-Punto Lila ofrece autodefensa gratuita a mujeres
Con el nombre de Red Marcial-Punto Lila, un grupo de expertos en artes marciales ofrece clases de defensa personal a colectivos de mujeres y lo hace de forma gratuita. Se trata de practicar «técnicas sencillas» para repeler ataques, según subrayan.
Un grupo de profesionales de las artes marciales, 14 mujeres y hombres de momento, han creado una red para impartir «enseñanza oficial y de calidad» que transmita destreza en técnicas sencillas de respuesta inmediata a una agresión machista. Resaltan que es fundamental que sea una enseñanza de calidad y que para ello es importante que sean personas expertas en estas técnicas las que impartan las clases. Su oferta está exclusivamente dirigida a colectivos y asociaciones de mujeres y es totalmente gratuita. Son voluntariado. «No hay ningún ánimo de lucro», subrayan. «Somos conscientes de que esta tampoco es la panacea del problema», reconocen de entrada, y apuntan que su contribución está dirigida «a tejer una red más amplia, no solo de concienciación, sino de eficiencia».
Por ello, aclara Guzmán Ruiz Garro, uno de los expertos que trabaja en Red Marcial-Punto Lila, que su iniciativa no tiene ningún fin más allá de intentar ayudar a defenderse en la respuesta inmediata a una agresión. «Lo hemos querido desvincular de gimnasios privados para que no haya suspicacias», explica. Adquirir unos conocimientos mínimos y dominarlos en Hapkido, Judo, Taekwondo o cualquier otro arte «requiere muchos años de práctica», pero es posible llegar a «un mínimo de destreza» en algunos movimientos en 100 horas.
«Lo que impartimos son técnicas sencillas para salir de todo tipo de agarres y ganar posición en el suelo ante un intento de agresión sexual», explica este experto, al tiempo que ahonda en que la destreza es primordial para hacer frente a agresores, sobre todo cuando se trata de individuos con más peso y envergadura a la víctima.
En los cursos que ya imparten trabajan también el empleo de las conocidas como «armas ocasionales», que pueden ser un paraguas o un llavero, y destaca asimismo que son muy importantes los llamados «puntos de presión». Incidir en esos puntos del cuerpo humano con un mayor número de neuroreceptores «ayuda a neutralizar la mayor fuerza del agresor», según indica.
La idea de impartir los cursos surgió entre enseñantes de defensa personal, alumnas y madres de estas, ante el cúmulo de noticias de agresiones contra mujeres. Pero la respuesta no es puntual. Tal y como expone Ruiz Garro, acumulan una experiencia de más de dos décadas colaborando «de manera altruista» con grupos de mujeres en barrios y municipios, con la UPV-EHU y con el área de la mujer de varios ayuntamientos.
A juicio de los expertos, lo previo es controlar el miedo y en esto ayuda «respirar adecuadamente», porque tranquiliza el sistema nervioso. A partir de ahí, el éxito depende de la rapidez con la que se responda. «La respuesta debe ser automática, con mucha determinación», según destaca.
Insiste, no obstante, en que sin un entrenamiento completo la capacidad de respuesta resulta menor o «prácticamente nula» ante un agresor superior en peso y estatura y sobre todo insiste desmontar tópicos simplistas. «No sirve con despacharse con lo de patada en los testículos, que, dicho sea de paso, es bastante difícil de aplicar». Lo que equilibra la desventaja de peso y el componente muscular son las rutinas técnicas, que sirven además «para utilizar la potencia del asaltante en beneficio propio».
De la experiencia que han atesorado con mujeres, quienes imparten estas técnicas destacan que desde las primeras clases «se entusiasman», porque rápidamente son conscientes de su utilidad. Lo que intenta el profesorado voluntario es ser didáctico.
Explican que también suele resultar típica la novatada de llegar a casa y hacer llaves el primer día, que normalmente acaban en fracaso. Según insisten, la clave está en entrenar y en tener presente que «todo lleva su tiempo».
«Algunas de las mujeres que entrenan con nosotros y nosotras llevan 7 u 8 años formándose y cuando un indeseable ha tratado de agarrar o controlar a una de ellas se ha topado con una proyección o con cualquier técnica contundente y directa», expone.
«No tratamos el discurso de género»
Otra de las cuestiones con las que lidia su oferta es su comparación con talleres de autodefensa feminista, con los que aclaran que no pretenden rivalizar. De hecho, Garro Ruiz no oculta que «somos gente progresista» que cree que «es posible compatibilizar la perspectiva de género con una enseñanza de calidad ante agresiones machistas, pero «obviamente la visión y estrategia de género es labor del movimiento feminista».
«En la red también hay mujeres formadoras y feministas, aunque no han considerado oportuno, desde una red mixta, concordar las dos tareas», precisa Ruiz Garro.
Al hilo de esta cuestión, comenta que habría que acabar con «algunos mitos que sitúan las artes marciales como ‘instrumentos patriarcales’ y ajenos a las mujeres». Cuenta que hace unos 300 años una monja budista llamada Ng Mui diseñó y estructuró el estilo “Weng Chun Bak Hok Pai” o el “Wendo”, desarrollado en las décadas de los 60 y los 70 por Anne y Ned Paige, «una mezcolanza de diferentes artes marciales».
Toda la información está disponible en la dirección de correo hapkidoeh@gmail.com y la Federación de Taekwondo de Euskadi.