‘El club de los divorciados’: La comedia machista que se retroalimenta
EL CLUB DE LOS DIVORCIADOS
Estado francés. 2020. 108’
Tit. Orig.: ‘Divorce Club’. Dir.: Michaël Youn. Guion: Michaël Youn, David Gilcreast, Claude Zidi Jr., Cyrille Droux, Marie-Pierre Huster, Alexandre Coquelle. Prod.: Clément Miserez. Int.: Arnaud Ducret, François Xavier Demaison, Audrey Fleurot, Michaël Youn, Caroline Anglade, Benjamin Biolay, Grégoire Bonnet. Fot.: Stéphane Le Parc. Mús.: Oliver Dax, Dominique Gauriaud y Charles Olins.
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Ha sido número uno en el mercado francófono, con una taquilla que ronda los seis millones de euros. La justificación sociológica, por así decirlo, es la de que la gente en tiempos de pandemia necesita reirse, pero sin que nadie se moleste en hallar una explicación al éxito de una trasnochada comedia machista, que a simple vista podría significar una preocupante involución.
Las redes sociales son propicias al lenguaje sexista entre las nuevas generaciones, y el grupo protagónico de ‘Divorce Club’ (2020) se comportan como adolescentes a pesar de que ya son cuarentonres. Sus fiestas no son muy diferentes de las que se ven en las comedias gamberras de Hollywood sobre niñatos que en ausencia de sus padres utilizan la mansión familiar para quitarse la ropa, consumir sustancias y practicar sexo en la piscina, no necesariamente por ese orden.
Es el tercer largometraje tras la cámara del actor Michaël Youn, tras ‘Fatal’ (2010) y ‘Vive la France’ (2013), reservándose esta vez un papel secundario dentro del reparto coral. Si hay que buscar un protagonismo es el que desempeñan Arnaud Ducret y François Xavier Demaison como fundadores del club, al que luego se irán sumando otros socios a medida que van redactando las reglas asociativas. El primero ha sido abandonado por su mujer, la cual le engañaba, a pesar de lo cual sigue enamorado de ella y le gustaría recuperarla. Es el segundo quien le muestra los placeres de la soltería, bajo la idea de que es mejor estar solo que mal acompañado. Como separado puede disfrutar de libertades que no le estaban permitidas bajo el compromiso del matrimonio. El humor pretende ser incorrecto y provocativo, y hasta se permite hacer chistes sobre el productor Harvey Weinstein y sus casting con aspirantes a actrices. La orgiástica villa ‘belle époque’ está situada en Le Pradet, cerca de Tolón.