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Cae el consumo de anticonceptivos y sube ligeramente el de antidepresivos

El patrón de consumo de fármacos a lo largo del año 2020 sirve para entender cómo de diferente fue la vida el pasado curso. Descendió el consumo de anticonceptivos y aumento el de antidepresivos.

Imagen de una farmacia de Gasteiz. (Endika PORTILLO/FOKU)

La pandemia ha supuesto un terremoto sanitario y las farmacias han notado fuertemente las sacudidas. El patrón de consumo de fármacos a lo largo del año sirve para entender cómo de diferente fue la vida en 2020. Sabemos, por ejemplo, que fue menos alegre, pues el consumo de anticonceptivos bajó un 8% y, pese a ello, la natalidad no subió en consecuencia.

La abstinencia no fue cosa de los jóvenes que tuvieron que encerrarse en casa con sus padres y perdieron la ocasión de socializar. La falta de sexo parecen haberla acusado todas las edades. La caída de los medicamentos anticonceptivos sistémicos (hormonales) cayeron en un 8%, al igual que los productos antiinfecciosos ginecológicos. Y este descenso se ha dado exactamente en la misma proporción en la que han caído los fármacos que combaten la disfunción eréctil, más frecuente a edades avanzadas. Pfizer, la farmacéutica que fabrica Viagra, tendrá que conformarse con el beneficio que le reporten las vacunas.

A nadie extraña que el confinamiento y las medidas de distanciamiento social hayan alterado este patrón de consumo de productos relacionados con la salud sexual, pero estos cambios conductuales también han tenido otras derivadas.

Según el Observatorio de la Federación de Empresas Farmacéuticas Españolas (FEFE), también se han registrado en 2020 bajadas considerables en la adquisición de productos dermatológicos. Lanzan, para explicar esto, la hipótesis de que se debe a haber extremado la higiene de las manos, que son las que conducen hasta la cara ciertos patógenos que afectan la piel.

Por otro lado, quizá confinamientos y mascarillas hayan disimulado ciertas afecciones que antes se trataban con cremas. La excepción dentro de los productos para la piel fueron los tratamientos orales contra el acné, con una subida del 10% (pero cuya cuota de mercado es 40 veces inferior a la de las cremas).

Subida de los antitrombóticos

Hay otros apartados del gasto farmacéutico que tienen una relación más directa con la sintimatología del covid, que han modificado los consumos al alza y a la baja. De este modo, el aumento de consumo de antitrombóticos (subida del 9%) y los productos destinados a controlar la coagulación sanguínea (más 30%) –que requieren de prescripción médica– reflejan que la covid no se queda solo en una enfermedad respiratoria, sino que también puede generar ictus u otras enfermedades cardiovasculares. La explicación es simple: se recetaron más antitrombóticos por prevención.

Del lado de las bajadas más importantes, son los fármacos antitusivos, descongestivos, etc. los que han caído con mayor fuerza. A fin de cuentas, las mascarillas y las medidas de prevención no han afectado únicamente al covid, sino que prácticamente anularon la presencia de gripes, rhinovirus, etc. En este grupo de fármacos, las caídas van del -11% de los descongestivos nasales al -29% de los medicamentos contra la tos. Según el informe, una caída tan drástica no se había dado jamás.

Otro apartado que destaca en el estudio de la FEFE es el referente a los antidepresivos, aunque su subida (4%) es más discreta de lo que cabría esperarse en función de lo duro del confinamiento. Se consumieron más analgésicos, también los fármacos antiepilépticos (6%), antisicóticos, además de los antidepresivos propiamente dichos.

El informe liga estos aumentos a las dificultades para conciliar el sueño entre la población y cita una encuesta del CIS que señala que dos de cada cinco personas habían tenido problemas de sueño, o bien «falta de energía» durante el encierro.

Mención aparte, dentro de este conjunto de sustancias, merecen los medicamentos para dejar de fumar. De un año para otro, su venta en farmacias se disparó un 120%.

Menos aire fresco

Uno de los cambios que más han llamado la atención a los expertos de la FEFE es la caída del 90% del consumo de hormonas. Uno de los colectivos que más recurre a este tipo de productos es el de asmáticos. Las hormonas se recetan, por lo general, para combatir procesos antiinflamatorios o de tipo alérgico. «Quizá la explicación haya que buscarla en la reducción drástica de la actividad física y el contacto con la naturaleza en las épocas peores de la pandemia», apunta la FEFE. Este sería, quizás, la única consecuencia positiva de que el confinamiento robara la primavera del año pasado a la población vasca.

Permanecer encerrados trajo más cosas negativas que positivas. Desde el punto de vista de la alimentación se disparó el consumo de productos adelgazantes (7%), los suplementos vitamínicos (11%) y para favorecer la digestión (11%). Curioso es que, por culpa del sedentarismo, se vendieran más medicamentos contra el estreñimiento y menos contra la diarrea.

A medio camino entre lo alimentario y lo coronario están los productos contra el colesterol, que también subieron.

La imposibilidad de salir de casa también conllevó un mejor ejercicio físico y esto se traslada en bajadas muy intensas en las ventas de medicamentos para los dolores musculares, originados por lesiones y excesos. Aquellos runners que florecieron en cuanto se permitió salir de casa unas horas parece que pronto se cansaron de correr.

Asimismo, descendió de forma abrupta el consumo de antiparasitarios, probablemente porque la gente no viajó a lugares donde las parasitosis son más comunes.

Virus, bacterias y vacunas

Las medidas de contención no solo sirvieron para mantener a raya los virus respiratorios. Si bien los últimos estudios han quitado peso a la transmisión por contacto de superficies, el lavado de manos sí parece haber surtido efecto contra otros microbios, particularmente las bacterias. Así, la conjunción de la higiene y el distanciamiento social provocó una caída de los antibióticos del 16%. También se redujeron sensiblemente las ventas de productos contra los hongos (11%) y, en mucha menor medida, los antivirales (3%), si bien los virus más comunes no se tratan con antivirales, cuya finalidad principal son las patologías graves y crónicas.

El dato quizás más alarmante de cuantos se destacan en el estudio es la caída de un 11% en las vacunas. La FEFE la achaca a una evidente disfunción de los servicios pediátricos en el Estado, dado que las vacunas se emplean casi en exclusiva para inmunizar adultos, salvo tratamientos monoclonales muy concretos y aquellas que se administran para viajes a lugares exóticos.

El estudio no vincula, sin embargo, esta reducción del número de vacunas (se han vendido 2,3 millones de unidades) a un eventual auge del movimiento antivacunas a causa de el interés que han suscitado las vacunas frente al covid y su rápido desarrollo.

Cabe destacar, también, que las vacunas siguen siendo un producto caro. Esos 2,3 millones de unidades se convierten en un volumen de 118,5 millones de euros de facturación. Esto nos da una media de 51 euros cada vacuna (aunque la variabilidad de precio entre unas y otras es grande).