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Quien lo ha visto alguna vez, recordará para siempre todo lo que Pau Gasol supone

Su camiseta de Los Angeles Lakers con el número 16 penderá en el Staples Center, es el candidato ideal para ingresar más pronto que tarde en el Hall of Fame y su vida más allá de la práctica profesional del deporte parece encaminada y fuertemente reconocida por compañeros y antiguos rivales.

Pau Gasol con su hija en brazos en la ceremonia de su retirada. (Lluís GENÉ / AFP PHOTO)

6 de octubre de 2021, primer día tras el anuncio oficial de la retirada de Pau Gasol como jugador de baloncesto en activo. Alguna vez tenía que llegar y una gris tarde otoñal fue el momento elegido, en el Liceu de Barcelona, ante su familia, excompañeros de baloncesto, mucho VIP y expectación.

Atrás quedan los partidos grandes, los títulos, medallas, anillos de la NBA; aún más atrás las dudas de su escuálido físico de cuando dio el salto a los Estados Unidos aun en contra del criterio de Aíto García Reneses, las críticas de la supuesta blandura de «Gasoft» y por su forma de buscar el traspaso a los Lakers, mostrando una desidia un poco descarada en sus últimos meses en los Grizzlies, contrapuesto a un liderazgo indiscutible con la selección española, con actuaciones como los 40 puntos a Francia en las semifinales del Eurobasket de 2015. Y hasta su último aliento competitivo, mostrando sus virtudes en los play-offs de la Liga ACB 2020/21, dominando el juego casi a pies parados desde la bombilla, o sus carencias ante ciertos listones de dureza, como se pudo ver en la Final Four de Colonia o en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020, también han quedado atrás.

¿Pero es Pau Gasol icono del baloncesto español? ¡Sin duda! ¡Vaya pregunta! Bueno, teniendo en cuenta que, aún con el galardón de Rookie del Año en poder del mayor de la saga Gasol, había quien afirmaba que Fernando Martín fue más importante y –más difícil todavía– mejor que Pau, igual en su momento no fue una pregunta tan impertinente. Pero en fin. Una de las cosas buenas de la explosión de Pau Gasol y los «Juniors de Oro» fue que en el Estado español borró, por fin, la ya rancia figura del basket hispano anclado en los años 80 y enterrado tras el «Angolazo», llevándolo de una vez y para siempre al Siglo XXI.

No obstante, ¿es Pau Gasol icono solo del baloncesto español? Su camiseta con el dorsal número 16 penderá del Staples Center de Los Angeles, junto con leyendas del calibre de Wilt Chamberlain (13), Elgin Baylor (22), Gail Goodrich (25), Magic Johnson (32), Kareem Abdul-Jabbar (33), Shaquille O'Neal (34), James Worthy (42), Jerry West (44) y Jamaal Wilkes (52) –el Barça no ha dicho otro tanto, pero resulta difícil imaginarse a nadie con el 16 a la espalda vistiendo la elástica blaugrana, y hasta el número 4 de la selección española, ahora que se han «liberalizado» los dorsales, difícilmente lo luzca otro–. Ya solo por eso, y por su futura inclusión en el Hall of Fame, convierten al gigante de Sant Boi en un referente global, uno de los que ayudaron a «acercar» el baloncesto FIBA a la NBA, a hacer que la NBA viera con otros ojos el baloncesto que se practica fuera de sus fronteras.

Cierto es que para cuando Pau Gasol pisó la NBA la presencia destacada de extranjeros –no solo europeos– era una realidad. Divac, Petrovic, Kukoc, Radja, Marciulionis, Arvydas Sabonis, Danilovic o Volkov –por no hablar de Rik Smits o Detlef Schrempf, europeos criados en la NCAA antes de saltar a la NBA– ya habían tenido un éxito innegable –Kukoc formó parte del segundo «threepeat» de los Chicago Bulls y Zan Tabak ganó el anillo de 1995, a la sombra del nigeriano Hakeem Olajuwon–, y otros más como Stojakovic, Turkoglu, Okur, Rebraca y sobre todo, Dirk Nowitzki, ya mostraban al mundo que aquellos jugadores tan aparentemente «blandos» en defensa, muy buenos tiradores, y que en muchos casos combinaban la altura de un pívot con fundamentos de un alero –sin olvidarnos del base canadiense Steve Nash, por ejemplo– que podían competir y salir airosos ante el eminente basket físico de la NBA, añadiendo el triple como un arma global aun para el pívot puro, sin olvidar fundamentos claros como el juego de espaldas o el pase.

Fruto de un divorcio

La explosión definitiva de Pau Gasol en el Barça llegaría en la campaña 2000/01, aunque ya había dado sus primeras muestras el año anterior, como en la Copa de Gasteiz, liderando a la escuadra blaugrana en la remontada contra el Real Madrid en cuartos de final. Los cerca de 10.000 espectadores que abarrotaban el Araba Arena se frotaban los ojos.

Pero con Aíto García Reneses las cosas nunca son fáciles. «Él me inculcó, como más tarde Phil Jackson o Gregg Popovich, la necesidad de cultivarme y tener otras miras más allá del baloncesto», dijo Pau Gasol en su discurso de despedida. El técnico madrileño, que hacía entrenar de escolta y jugar de alero al espigado jugador, tenía al ala-pívot de origen libanés Rony Seikaly –elegido en noveno lugar por los Miami Heat en el draft de 1988 y que llegaba al Barça tras 11 años en la NBA– erigido como estrella de aquel Barcelona.

Seikaly duró cuatro partidos. Para bien y para mal, «Don Alejandro» no se casa con nadie, y tras enfrentarse el jugador con el técnico en un partido de Euroliga contra los London Towers, al preparador madrileño no le tembló el pulso y la directiva culé cerró filas en torno a Aíto. La actitud del jugador, de estrella despechada que ninguneaba al entrenador como «el peor que nunca he tenido» y a los compañeros, facilitó aquel desenlace.

Este «divorcio» puso sobre el tapete la oportunidad que Pau Gasol precisaba, pero que nadie imaginaba que fuera a aprovechar así. Campeón y MVP de la Copa y la Liga ACB y eliminado de la Euroliga por la baja del de Sant Boi por apendicitis.

Si icónico fue su mate en Memphis en la cara de Kevin Garnett –con aquel «¡Uno, dos tres! Olé» exclamado por la televisión estadounidense en imperfecto español–, hubo una jugada no menos icónica en uno de sus últimos partidos en Europa. Contragolpe dirigido en bote por Pau Gasol, dejando atrás con sus 2,15 metros y extremidades atemporales al pívot belga del Real Madrid Struelens –un fajador de 2,06 metros para nada torpe– para llegar a la zona madridista y asistir para el mate de Roberto Dueñas. El pabellón Raimundo Saporta de Madrid dudaba si pitar o aplaudir o tragarse la Biblia en verso ante semejante espectáculo. Aquello no era de este mundo. Si el finado Andrés Montes atinó con algún apodo, fue con lo de «ET, el Extraterrestre», dedicado a Pau Gasol.

Las últimas barreras

Gasol llegó siendo el jugador no formado en los Estados Unidos elegido en la posición más alta, superando con su tercer lugar la novena plaza de Dirk Nowitzki. ¿Significa eso que llegó a la NBA a sabiendas de que triunfaría? No. ¿Se acuerdan de Kwame Brown? Mejor dicho, ¿se acuerdan de Michael Jordan? MJ, a la sazón directivo y jugador de los Washington Wizards después de su Tercera Venida, tuvo el honor de elegir el número uno del draft de 2001, un draft sin un jugador que destacara y en el que las dos primeras elecciones, Kwame Brown y Tyson Chandler, eran dos pívots enormes pero que saltaban directamente del instituto a la NBA. De hecho, los Wizards ni siquiera tomaron en consideración a Pau Gasol y eligieron a Kwame Brown, un jugador con una larga carrera en la NBA, pero más conocido como el primer y mayor fracaso de Michael Jordan como ojeador, amén de mostrarse como un prejuicioso con los jugadores europeos, a pesar de haber conocido de primera mano el talento de un Toni Kukoc.

El ala-pívot catalán salió desde el banquillo en los dos primeros partidos y no brilló. Fue titular en el tercero y las cosas ya cambiaron. No había pasado diez partidos desde su debut en la NBA cuando le clavó en mate en la cara a Kevin Garnett, después de superarlo con un bote y una zancada desde la línea del triple y remontando la línea de fondo. Conocedor del «show bussiness» desde bien joven, el aún imberbe Pau Gasol –su supuesta perilla de chivo mejor no mentarla– se llevaba la mano a la oreja, comunicando que no escuchaba bien la reacción del público, que se frotaba la boca y abría los ojos, o viceversa. Definitivamente, como otros europeos no formados en los Estados Unidos, Pau Gasol había llegado a la NBA para quedarse.

La historia es de sobra conocida, con sus lados luminosos –las tres Finales y dos anillos, llegando a rozar el MVP en el anillo de 2010, luego de batir a los Celtics en un dramático desempate–. La Final perdida en 2008 fue la última barrera que Pau Gasol tuvo que superar, la de la dureza personificada en Kevin Garnet, erigido en una suerte de monstruo de siete cabezas. En 2009 llegaría el primer anillo, pero sobre todo la constatación de que Pau sabía defender, ya que frenó en seco a un Dwight Howard «ungido» para comerse crudo a cuantos pívots se le pusieran por delante. En 2010 llegarían los Celtics del Big Four, con Garnett y otro durísimo defensor como Rasheed Wallace, dispuestos a volver a amargarle la vida al de Sant Boi. «Donde no lleguen las piernas, llegará en corazón», profetizó el jugador antes del duelo de desempate. El gran Xabier Añua precisaría después del triunfo angelino que «ves a Pau que parece que lo van a romper en mil pedazos sus rivales, pero te das cuenta que no, porque sabe jugarles de cara, de espaldas; sabe cuándo tirar o dar el pase preciso. Y no lo pueden parar. 

Esta historia también conoce sus sombras: la mentada desidia de Pau hasta que por fin pudo ser traspasado a los Lakers; –un traspaso que, curiosamente, llevó a Marc Gasol a Memphis, para beneficio de todos–; su condición de «capo» en la selección española, mostrando al Pau más «jefe» y menos «líder» en contextos como el nunca del todo aclarado veto a Fran Vázquez –cuya renuncia a ir a la NBA tras haber sido drafteado por los Orlando Magic Gasol censuró públicamente, pese a que nadie le hubiera pedido su opinión– o su relación con los seleccionadores españoles Mario Pesquera, el propio Aíto García Reneses –el Pau Gasol de Beijing 2008 ya era una estrella de la NBA, no el sustituto de emergencia de Rony Seikaly– o Sergio Scariolo –en aquel Eurobasket de 2009, en el que la desidia hispana de la primera fase acabó con una monumental lección de dominio del propio Gasol, fruto de la «capitulación» del técnico de Brescia en favor de la «autogestión» de unos jugadores tan talentosos en su plenitud como caprichosos, camino de la medalla de oro–.

No todo es perfecto en el mundo de los sueños.

El Hombre del Renacimiento

El verano de 2010 Pau Gasol renunciaba a jugar el Mundial de Turquía, dando inicio a un lento y natural declive físico y de juego que ha llegado hasta el 5 de octubre de 2021. Con muchos picos todavía en el camino; engordando con tremendo protagonismo su palmarés en el basket FIBA y ofreciendo un rendimiento por regla general más que alto en la NBA, hasta que las lesiones y los años lo terminaron de apartar.

Aquel verano de 2010 la cadena ESPN viajaba a Sant Boi para mostrar la figura «renacentista» del ala-pívot de los Lakers. «El Hombre del Renacimiento», se titulaba aquella obra, en el que Pau Gasol parecía la personificación del «Hombre de Vitruvio» esbozado por Leonardo Da Vinci. Estudiante de Medicina –es hijo de doctora y enfermero– truncado por su explosión de jugador profesional, pero que ha seguido ligado a la especialidad al punto de habérsele permitido asistir a operaciones, amén de que la salud, en cuanto a la lucha contra la obesidad infantil a través de sus Fundaciones, ha sido una de sus constantes preocupaciones; aficionado al piano –su fichaje por Chicago tuvo mucho que ver en el interés que Gasol puso en la «vida cultural» de la ciudad, al punto de acompañar a varios de sus compañeros al teatro o a la ópera; Embajador de Buena Voluntad de UNICEF desde 2003...

«Es sin duda uno de los jugadores de su generación que más logros ha conseguido, con dos títulos de campeón de la NBA, seis veces seleccionado al Partido de las Estrellas y tres veces medallista olímpico, lo que ha hecho que sea inspiración para un gran número de aficionados por su pasión por el baloncesto», destacó en ese sentido el Comisionado de la NBA Adam Silver.

Los Ángeles Lakers añadían que «eres un héroe en Los Ángeles, una leyenda del baloncesto en todo el mundo. Felicidades por tu retirada, Pau».

La FIBA también enviaba su recordatorio: «Es el fin de una era como Pau Gasol se retira del baloncesto como uno de los más grandes de todos los tiempos».

Pero el corolario es para su penúlltimo entrenador –el último es Sergio Scariolo–, Sarunas Jasikevicius, que conoció vestido de corto al Pau jovencito y trajeado el último esplendor de Gasol: «Yo estoy orgulloso de tenerlo como amigo. El año pasado nos ayudo mucho en los meses que estuvo aquí, pero me quedo con lo que hace fuera de la pista, influyendo en muchísimas vida, ayudando a muchísima gente y haciendo muchísimo trabajo humanitario».

El mismo martes 5 de octubre, el partido de la Liga ACB adelantado entre el Barça y Basket Zaragoza se paraba en el minuto 16 del choque, con un minuto de cerrada ovación en la que tomaban parte espectadores y jugadores, uan suerte de espectáculo de los que se hacen en la NBA que, en este caso, se exportaba a este lado del Atlántico.

Y es que Pau Gasol ha sido mucho más que un referente deportivo. O más bien es un referente deportivo que ha sabido «venderse» bien y diversificar su imagen. Ligado al deporte, al ejercicio físico y erigido en una suerte de «español universal» que ha sabido no tocar más de la cuenta el conflicto político existente entre Catalunya y España. Pero entre aquel anuncio de «ser español ya no es una excusa», su apoyo a la candidatura olímpica de Madrid 2020 –así como su inquietud y difícilmente disimulado bochorno ante aquellas presentaciones con «Relaxig Cup o café con leche in The Plaza Mayor» y demostraciones públicas de estulticia antes las preguntas sobre el dopaje en el deporte español, tema para nada baladí en aquellos años– y su condición de representante español en el Comité Olímpico Internacional, indican a las claras hacia dónde parece tirar su pensamiento. Es el suyo y es legítimo, aunque ya hay quien, por ejemplo, le ha reprochado levemente que en su despedida el catalán haya tenido espacio casi exclusivamente a la hora de homenajear a su familia y a respuestas de la prensa en catalán.

De un modo u otro, Pau Gasol es quien es, y eso nadie se lo va a quitar, pase lo que pase en adelante. Llegarán mejores jugadores o pobres hombres a los que compararán con él –al bueno de Santi Aldama, hoy en los Memphis Grizzlies, ya le está cayendo ese sambenito, y con eso deberá lidiar, llegue hasta donde llegue– sin que puedan sostener tanto peso. Pero lo cierto es que Pau Gasol es Historia, con mayúsculas dentro del baloncesto y el deporte, y un referente que el martes 5 de octubre de 2021 dijo adiós, pero que quienes lo vieron, disfrutaron y sufrieron siempre tendrán en su retina.