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Entrevista
Paul Rocher
Economista y diplomado en Ciencias Sociales

«Si un Estado no puede gobernar por conciencia, lo hace por la fuerza y ahí entran las armas»

El economista y diplomado en Ciencias Sociales presentó en Euskal Herria su trabajo ‘Gasear, mutilar, someter’, en el que aborda el papel de las llamadas «armas no letales» en la sociedad neoliberal.

Paul Rocher presentó en Katakrak su trabajo ‘Gasear, mutilar, someter’. (Iñigo URIZ | FOKU)

Paul Rocher (Paris, 1987), es economista y diplomado en Ciencias Sociales. Su interés por el neoliberalismo le ha llevado a investigar las protestas sociales y el incremento de la violencia policial frente a ellas, con especial protagonismo de las llamadas «armas no letales». Todo ello toma forma en su libro ‘Gasear, mutilar, someter’, traído al castellano por Katakrak, donde el parisino presentó la semana pasa el trabajo y atendió a NAIZ.

¿En qué momento decide escribir este libro?

Como economista estoy interesado en el neoliberalismo, porque es donde vivimos en la actualidad y también me interesa la forma en la que la gente reacciona ante esas reformas neoliberales. Podemos ver que la gente tiende a protestar, lo que no resulta sorprendente. Además, en los años recientes he visto que ha incrementado la cifra de gente herida, mutilada y, en algunos casos, muerta. Este es el punto de inicio del libro. No solo desde el punto de vista francés, sino más bien internacional, porque pude observar tendencias similares en diferentes países. Quise abordar de dónde viene esa violencia policial y unas de las principales causantes son las llamadas armas no letales y comencé a investigarlas.

De forma breve, ¿qué encontraremos en este trabajo?

Uno de los primeros puntos es la posibilidad que dan las armas no letales a la Policía para disparar más rápido o con más frecuencia. Esto viene, precisamente, de la idea de que llamarlas «armas no letales» anima a la Policía a disparar, porque no les hace sentirse responsables de las consecuencias. Si no son letales, no hay de qué preocuparse, dicen. Contrariamente a lo que apuntan los gobiernos al introducir las armas no letales, podemos observar que está relacionado con el incremento de la brutalidad policial. Es perverso.

El segundo punto es que estas armas no caen del cielo. Son parte de un proyecto político. En los últimos 30 años hemos tenido muchos gobiernos franceses distintos y es lo mismo en distintos países y vemos la misma tendencia de comprar más y más armas no letales. Si los estados no pueden gobernar por conciencia, gobiernan por la fuerza y ahí es donde entran las armas.

Todos conocemos las balas de goma, pero usted acerca un arsenal mucho mayor de las llamadas «armas no letales».

La definición oficial dice que es un arma que no mata, no produce discapacidades permanentes y no mutila. La evidencia nos dice que matan y mutilan. A partir de ahí, hay una gran variedad de armas no letales. Las balas de goma son las más conocidas, también tenemos los gases lacrimógenos, diferentes tipos de granadas (algunas que explotan, otras que emiten gas lacrimógeno) que tienen en común que cuando explotan expulsan pequeños materiales en distintas direcciones, el cañón de agua o armas eléctricas como el taser, todas diseñadas para incrementar la brutalidad policial.

Como reacción contra el uso de estas armas no letales, los manifestantes han comenzado a protegerse con cascos, gafas, mascaras…

Todas ellas llevan muchos años en la calle. ¿Se está investigando en nuevas armas?

Como reacción contra el uso de estas armas no letales, los manifestantes han comenzado a protegerse con cascos, gafas, mascaras… Estos equipos de protección reducen la eficacia de las armas utilizadas por la Policía. Sigue habiendo muchísima gente herida, pero se reducen. La Policía dice que esto es un problema y que necesitan nuevas armas no letales que hagan de bypass frente a esos equipos de protección, pero por el momento no parecen investigaciones eficaces.

El libro aborda la muerte de Remi Fraisse. ¿Qué efecto ha tenido este hecho en las manifestaciones?

El contexto de la muerte de Remi Fraisse es una protesta contra la construcción de una infraestructura, una protesta ecologista, y Fraisse fue asesinado por la noche. Durante aquella noche la Policía disparó cientos de granadas y él murió por una de ellas. Si la Policía, por la noche, cuando no veía nada, lanzó 700 granadas y había 700 personas protestando, es una granada por persona. Ello demuestra que la Policía piensa que las armas no letales no son peligrosas y disparan y disparan y disparan, sin tener siquiera en cuenta cuánto disparan.

De hecho, Remi Fraisse fue una de las víctimas y el efecto global fue que más y más gente comenzó a protegerse. Después el Gobierno dijo que esa gente que vestía cascos y máscaras estaba así para romper cosas y la Policía comenzó a confiscar ese material de defensa.

Además de las propias armas, pone el foco sobre quienes las utilizan. En este caso, los cuerpos policiales.

Trabajando en el libro he observado que el comportamiento de la Policía cambia con el uso de las armas no letales. Si les das una de estas, se convierten en más brutales. Pero hay un argumento más general. En ocasiones los gobiernos dicen  «no te preocupes, la Policía está muy bien entrenada, son buenos ciudadanos, harán buen uso de estas armas». Sin embargo, los datos demuestran que el policía está muy lejos de ser un ciudadano ejemplar y que la mayoría que deciden ingresar en la Policía lo hacen con un concepto puramente represor de ese trabajo.

Después, además de aprender su trabajo, desarrollan cómo ser policía, lo que podríamos llamar una ideología policial y esta se basa en que existen los civiles y la Policía, que considera a esos civiles peligrosos, hostiles. Además, la Policía es un estamento especialmente opaco y con tendencia a la violencia frente a los movimientos sociales.

Defiende que la violencia policial va en aumento y el uso político que se hace de ella.

Son datos. Es curioso que en cada manifestación la Policía informa si hay algún agente herido, pero sobre los civiles heridos, nunca. Por ello es muy difícil evaluar ese incremento de la violencia, porque ni la propia Policía ni los gobiernos producen esos datos. Pero en los últimos años se han creado varias organizaciones civiles que trabajan en ello, que ayudan y contabilizan el número de heridos.

En los últimos tiempos, en Francia ha habido grandes movilizaciones como la de los chalecos amarillos o pensionistas y se han sumado 24.000 personas heridas por la Policía. Si contamos los afectados por el gas lacrimógeno, se superan los 300.000 heridos.

¿Podemos observar lo mismo en otros países?

Creo que las armas no letales están relacionadas con la violencia policial. La mayoría de países del planeta las usa. El efecto es el mismo, disparan más y más, da igual el país al que mires. Catalunya, Chile, Estados Unidos, Hong Kong y siempre vemos que el debate sobre la violencia policial está relacionado con estas armas.

El mundo entero es un mercado muy prolífico. Todos los gobiernos del mundo quieren comprar armas no letales.

En ese caso, ¿existe la posibilidad de otro modelo policial?

Una cosa es lo que tú puedas cambiar de forma inmediata, por ejemplo con la prohibición de estas armas. Sería un mensaje rápido y eficaz. Pero el otro problema es que la Policía, como institución, genera oficiales violentos, y ello lo convierte en un asunto más complicado.

Y detrás de ello hay un negocio armamentístico que lo relacionamos siempre con la guerra.

Es muy interesante porque la industria está muy concentrada. El número de compañías va en aumento, pero en números absolutos es muy pequeño. Es un oligopolio que produce mucho. Lleva una tendencia a la concentración. También podemos observar que hasta hace 10 años el mercado más floreciente era en el este de Asia y en países considerados autoritarios. Ahora ha cambiado completamente. El mundo entero es un mercado muy prolífico. Todos los gobiernos del mundo quieren comprar armas no letales. Hay mucho dinero en ello y los gobiernos son un gran cliente. Además, cada vez que la Policía los utiliza, el gobierno de turno los tiene que volver a comprar. Así, el gobierno decide sobre la regulación y podrían decidir que este arma o el otro es muy peligrosa y prohibirla. Pero no lo hacen.