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Una Madrid hipervigilada ve interrumpida su rutina

Más de diez mil efectivos de fuerzas de seguridad y unos cinco mil diplomáticos y funcionarios extranjeros han invadido la capital del Estado por la cumbre de la OTAN, que obligó a postergar el masivo Orgullo Estatal LGBTI que suele celebrarse estos días. Ciudad  bajo guardia hasta el viernes.

Un hombre con un patinete pasa junto a un policía cerca del Palacio Real en Madrid. (Óscar DEL POZO | AFP)

«¿Se podrá ir hasta ahí o está cortado?, dice un vecino de la capital que vive en La Latina, a minutos de Sol. La pregunta se repite mucho en los grupos de chats entre amigos y familiares que viven en Madrid estos días y que saben que la ciudad estará bajo un operativo histórico de seguridad por la cumbre de la OTAN.

Nada más y nada menos que las delegaciones de más de una treintena de países (los estados miembros y algunos aliados, como Nueva Zelandia) llegaron ayer a los aeropuertos de Barajas y el militar de Torrejón de Ardoz, este último ubicado en el noreste de la comunidad autónoma y que ha recibido la comitiva más importante, la del presidente estadounidense, Joe Biden.

El tradicional Paseo del Prado tenía un aspecto inhóspito y muchos hacían fotografías para recordar esa ciudad vacía que no se veía desde el confinamiento.

Cabe aclarar que la ciudad no está sitiada pero sí bajo un operativo de hipervigilancia inédito y que afecta especialmente a dos áreas: la del distrito Centro y la de la zona cercana a Barajas por el predio de Ifema donde se desarrolla la cumbre hasta mañana.

Los puntos de interrupciones de tráfico, en tanto, están en la principal arteria urbana, el Paseo de la Castellana, en la Avenida de América y en la Carretera de Barcelona, además de algunos tramos más céntricos que traerán más de un dolor de cabeza a los turistas desprevenidos, como porciones de la Gran Vía, del Paseo de los Recoletos y de la calle Goya, además de los alrededores de la Glorieta de Bilbao.

Habrá más de diez mil agentes desplegados, de los cuales 6.550 son policías nacionales, el cuerpo que llevará el peso del operativo, y 2.400 guardias civiles, a los que se unirán efectivos de la Policía Municipal madrileña, de Bomberos y Emergencias, además de seguridad de Casa Real y de Moncloa.

En uno de los pabellones de Ifema se ha constituido el Centro de Coordinación, Cecor, que funcionará las 24 horas y en el que están representados todos los operadores que participarán del plan. El lugar, también conocido como Feria de Madrid, está blindado por la Policía Nacional, que hace un ciberpatrullaje para evitar amenazas virtuales, con especial protección a los sistemas de telecomunicaciones.

La pata más «silenciosa» de la operación de seguridad (bautizada como Eirene, la diosa griega que trae la paz, paradójicamente) la ha asumido la Comisaría General de Información de la Policía en colaboración con el CNI, cuerpos policiales del resto de países miembros de la Alianza, así como Interpol, Europol y Seguridad OTAN.

En cuanto al espacio aéreo, habrá un dispositivo especial para protegerlo coordinado por el Ministerio de Defensa: la ministra Margarita Robles anunció en días pasados el despliegue de artillería antiaérea, aviones de la OTAN, helicópteros y aviones de combate para proteger el cielo madrileño durante la cumbre.

Debido a este dispositivo que ha militarizado partes de la ciudad, la manifestación contra la OTAN se llevó a cabo el domingo pasado, aunque contó con poco más de 2.000 participantes y se vio eclipsada por la protesta vespertina por las muertes de migrantes que intentaron cruzar a Melilla.

Todos los años (excepto el bienio precedente por la pandemia) Madrid se viste con la bandera multicolor estos días de finales de junio por la celebración del Orgullo Estatal, la mayor fiesta popular de esta ciudad, que congrega a más de un millón de personas en el desfile central y recibe a dos millones de turistas durante esa semana. Este año las entidades organizadoras postergaron una semana los eventos por la cumbre de la OTAN. Igualmente el Orgullo Crítico, que se opone a la celebración comercial tradicional, se pudo realizar ayer pero debió ser trasladado al sureño, y menos vigilado, distrito de Usera.