Brasil y Argentina dan brillo al Mundial de Clubes ante la indiferencia europea
Botafogo y Flamengo vencen a gigantes europeos y la pasión de los hinchas latinoamericanos sostiene el nuevo Mundial de Clubes ante la apatía de Europa. El torneo de carácter internacional avanza entre negocios, alianzas geopolíticas y fútbol como espectáculo.
Para leer este artículo
regístrate gratis o suscríbete
¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión
Se te han agotado los clicks
Infantino se frotaba las manos después de que Messi marcara un gol de falta frente al Oporto y de que Botafogo se impusiera al PSG. Al día siguiente era la victoria de Flamengo sobre el Chelsea y un nuevo espectáculo de los hinchas de Boca los que provocaban sonrisas entre los dirigentes del fútbol mundial. Al fin y al cabo, son estos los factores que despiertan interés por un torneo que no termina de ganarse a los aficionados.
Para muchos europeos, la Champions League corona al mejor equipo del mundo y no hace falta un mes de competición al terminar una temporada ya de por sí recargada, para decidir el campeón mundial de clubes. Por el contrario, en Asía, África y sobre todo, en América, la posibilidad de que uno de los suyos derrote a los equipos más poderosos del planeta es un aliciente más que atractivo.
La FIFA está dispuesta a consolidar su nuevo torneo, del que espera obtener grandes beneficios, aunque sigue teniendo detractores y no pudo asegurar su celebración hasta que, el pasado diciembre, firmó un acuerdo con DAZN para emitir el torneo en todo el mundo a cambio de 1.000 millones de euros. Con estos ingresos, la FIFA pudo garantizar a los clubes europeos beneficios suficientes como para que les resultara rentable trasladarse durante un mes a los Estados Unidos. Y para que las cuentas cuadren, el reparto de dinero que la FIFA hace entre los clubes participantes no puede ser equitativo. No, Auckland City o Urawa Red Diamonds no reciben lo mismo que Real Madrid o Manchester City. Había que asegurar la presencia de los clubes europeos y había que asegurar también que jugaran con sus mejores jugadores y la manera de lograrlo era garantizándoles unos ingresos suficientemente altos.
Un mes después de que se anunciara el acuerdo entre FIFA y DAZN, el fondo de inversión saudí PIF compró el 10% de esta plataforma de streaming, que sigue teniendo como principal accionista al grupo estadounidense Access Industries. Se consolida así la alianza entre la FIFA y estos dos países, mientras Europa sigue perdiendo peso en una industria que históricamente había controlado. Infantino concedió el Mundial de Clubes a Estados Unidos, el año que viene se celebrará allí el Mundial de selecciones y en 2034 será Arabia Saudí quien organice el mayor evento del fútbol en el mundo.
La FIFA trata de seducir al público estadounidense, un país que históricamente se le ha resistido y cuya liga de fútbol ni siquiera se ha detenido por la disputa del Mundial de Clubes. Para lograrlo, al inicio de los partidos ha impuesto una presentación de los jugadores más propia de la NBA que del fútbol e Infantino participó en la recepción que se hizo en la Casa Blanca a la Juventus. Un acto que debía contribuir a la promoción del torneo en el país, pero que Trump convirtió en un ridículo cuando, con torpeza, buscó el apoyo de los turineses a su política sobre la transexualidad en el deporte. «Son muy diplomáticos», dijo ante la visible incomodidad de la delegación de la Juventus.
América como solución
En un país que mira con displicencia al nuevo torneo de la FIFA y que presenta asistencias de público bastante bajas en los partidos menos interesantes, sólo la actuación de los equipos de países tan futboleros como Brasil o Argentina está aportando un poco de brillo. Igual que ocurría con la Copa Intercontinental y ocurrió después con el anterior formato del Mundial de Clubes, para los hinchas de Flamengo o de River, este torneo es la ocasión de sentirse parte de la élite del fútbol, de actualizar viejas páginas de gloria.
La FIFA sabía que todos los continentes debían estar representados. Porque una victoria de Mamelodi Sundowns sería celebrada en todo el África negra y Espérance, Al Ahly o Wydad deberán atraer la atención de los aficionados árabes. Igual que en Sudamérica las victorias de Botafogo o Flamengo frente a Chelsea y PSG se celebraron como si fuera uno de sus equipos. No, un aficionado de Fluminense no va a celebrar una victoria de Flamengo, igual que uno de River nunca celebraría una victoria de Boca; pero sí existe una empatía continental frente a los dominantes clubes europeos. A diferencia del Mundial de selecciones, este torneo no va a despertar el interés general de la población, pero su éxito pasa más por América, África o Asia, que por Europa.
Necesitaban de la presencia de los clubes europeos y la aseguraron gracias al dinero del acuerdo con DAZN. Ahora, paradójicamente, al torneo le vendría muy bien que alguno de los equipos americanos dejara en el camino a los teóricos favoritos, porque las buenas actuaciones de Palmeiras o River le dan al Mundial de Clubes un interés que no le pueden dar Real Madrid o Bayern. Si a eso le sumamos algún gol más de Messi o de Mbappé, Infantino y la FIFA podrán volver a sacar una sonrisa. Sea como sea, la pelota no puede dejar de rodar.