‘Plié’ y salto adelante del concurso de danza Developpe
Gran Vía de Bilbo; fuera, ambiente de un sábado de rebajas. Dentro, seriedad y concentración. No en vano, los jóvenes bailarines, de entre 16 y 19 años, se juegan el paso a la final en la segunda edición del concurso Developpe, creado por Igor Yebra y Jone Goirizelaia. Este año, con salto adelante.
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Salimos de la semifinal de la categoría Principal, en la que han participado bailarinas y bailarines de entre 16 y 19 años. Hemos ido apuntando los que nos han sorprendido y, de la quincena que ha participado, nos salen más de seis; son buenos, pero muy buenos. «¿Es una impresión propia o este año hay más nivel que el pasado?», preguntamos, desde nuestra ignorancia –y cierta envidia sana; quién pudiera bailar como estos chavales–, a Jone Goirizelaia.
La ex política y abogada es también coreógrafa y directora de Ballets Olaeta, una referencia histórica de la euskal dantza, e impulsora, junto al coreógrafo, bailarín y profesor Igor Yebra del concurso internacional de danza Devepeloppe Dantza, un certamen para una franja de edad entre 10 y 19 años y que es apoyado por la BBK, el Ayuntamiento de Bilbo y la Diputación de Bizkaia.

No es una impresión, Goirizelaia nos lo confirma. «Estamos muy contentos. Ha habido alrededor de un 10 por ciento de incremento en los inscritos respecto al año pasado y, en total, son más de 300 bailarines y bailarinas. También se ha incrementado en euskal dantza, donde compiten ocho grupos. Y, sobre todo, está el gran aumento en la participación de bailarines masculinos: de dos del año pasado, hemos pasado a diez, que, además, están a un nivel muy alto en todas las categorías y están muy preparados. El año pasado nos quedamos un poco preocupados por ese dato, pero este la tendencia ha cambiado».
Los datos: un 10% más de inscripción, aumento del número de bailarines masculinos de clásica, también de compañías de euskal dantza y todos los herrialdes representados.
Estamos en la entrada de la sala BBK, en plena Gran Vía bilbaina, donde, desde el jueves, se está celebrando la segunda edición de este concurso, que busca visibilizar el trabajo que se está realizando en la danza, descubrir jóvenes talentos de entre 10 y 19 años de la danza clásica y ayudarles a impulsar en su carrera. Los premios son económicos y en forma de becas y estancias formativas en centros de prestigio internacional (Compañía Nacional de Danza de Madrid, Alberta Ballet de Canadá, Ballet Nacional del Sodre de Uruguay, Académie Internationale d'Été de Niza, Jude & Mikhaelev Ballet Academy de Burdeos...).
En poco tiempo, se está consolidando como uno de los encuentros de referencia para la danza clásica en Euskal Herria y a nivel estatal. Solo un dato: este año hay participantes de todos los herrialdes –se ha sumado una escuela de Biarritz– y ha aumentado la participación en un 10%. En total, son 300 jóvenes bailarinas y bailarines de clásico y euskal dantza. Las categorías son individuales –divididas por edades en infantil, junior y principal– así como las grupales, en euskal dantza y estilo libre.
Una de las claves de este concurso es Igor Yebra. No hay que olvidarlo, es uno de los grandes nombres que ha dado Euskal Herria a la danza: ha sido ‘étoile’ o estrella de la Ópera Nacional de Burdeos durante una década, bailarín invitado en numerosas compañías internacionales, coreógrafo y director artístico del Ballet Nacional Sodre de Uruguay durante tres temporadas.
Yebra se ha traído a Bilbo a Charles Jude (fue estrella del Ballet de la Ópera de París y director del ballet del Teatro de Burdeos, además de ahora presidente de la Asociación Lifar) y a un jurado formado por Muriel Romero (directora de la Compañía Nacional de Danza), Leire Ortueta (bailarina del Royal Ballet y maestra de la Royal Ballet School), Mónica Zamora (bailarina principal del Birmingham Royal Ballet) y Mikel Gonzalez Pujana (de Bizkai Folklore Taldea).
Los fotógrafos franceses especializados en danza O. R. Studio andan dando también las 'masterclasses' de este sábado y, a su vez, otorgarán otro nuevo galardón creado este año, el de Mejor Imagen Escénica.
Entre los doce bailarinas y bailarines que se han inscrito al premio Lifar, creado este año en el concurso en homenaje al legendario bailarín y coreógrafo Charles Jude, en el 40 aniversario de su fallecimiento, vemos al durangués Kaiet Amezua, medalla de oro en clásico en la primera edición del concurso Developpe. Les dejamos a estos futuros premio Lifar sobre el escenario, preparándose y recibiendo una clase en vivo.
Las finales se celebran este domingo y la gala de clausura, abierta al público, está fijada para las 17.00. Actuarán Barkoxeko Dantzariak y también destacadas figuras vascas que están desarrollando su carrera en grandes compañías: Gaizka Morales y Alejandro Polo, desde la Compañía Nacional de Danza; o Mikel del Valle y Marta Otazu, desde MDV Danza.
«Yo me crié casi en la escuela de Igor Yebra donde estuve desde los 7 a los 14 años. Vivía en la escuela y, con su madre Mila, Igor me inculcó el amor a la danza», dice Martín Díaz
La estrella de esta cita será el joven basauritarra Martín Díaz, que lleva desde 2018 en el Royal Ballet de Londres, primero en su escuela y, tras graduarse en 2022, como artista de la compañía. «Ha sido una pena no poder ir antes a Bilbo, pero tengo dos funciones y llegaré el domingo casi sin poder calentar, pero contento», nos explica por teléfono desde Londres, entre función y función; porque hoy toca doblete. El domingo actuará en Bilbo junto a Hannah Parks, compañera en la célebre compañía británica.
Martín Díaz actúa en Bilbo por primera vez en su carrera. Alumno en la escuela de Igor Yebra –«yo me crié casi en esa escuela, donde estuve desde los 7 a los 14 años. Vivía en la escuela y, con su madre Mila, Igor me inculcó el amor a la danza. También le tengo que agradecer a mi maestra Anna Generalova», nos cuenta–, a los 13 años empezó a estudiar en Madrid y de ahí, a Londres.
Miembro del cuerpo de baile y con «contrato de por vida» en la prestigiosa compañía, nos reconoce que «mi aspiración es seguir escalando y llegar a Principal». ¿Y es el ambiente tan competitivo como el cine, por ejemplo, lo retrata?, le preguntamos. «No es para tanto –contesta– Yo diría que la escuela es más competitiva que la compañía. Aquí tenemos un sentimiento de familia y, si hay competividad, es sana».