«Antes la gente tenía miedo a las maras, ahora le tiene al Gobierno»
Miembro del Movimiento Universitario de Pensamiento Crítico de la Universidad de El Salvador, el profesor universitario Israel Payés analiza en entrevista con NAIZ la narrativa oficial del presidente Nayib Bukele, lo que se esconde tras ella y cómo ha logrado consolidar su imagen de antisistema.
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Israel Payés, profesor universitario en El Salvador, describe al presidente salvadoreño, Nayib Bukele, como una persona «egocéntrica y mitómana», cuya narrativa difiere de lo que sucede sobre el terreno.
«Tiene dos entidades del Gobierno dedicadas a mejorar su imagen y a monitorear todas las redes para ver por dónde va el discurso a nivel global. La gente le escucha y piensa que es antisistema, pero en realidad no hay grandes diferencias entre lo que dice y lo que quiere la oligarquía. Dentro y fuera del país, Bukele ha hecho bandera de la seguridad. Si el país es tan seguro, ¿por qué mantiene el régimen de excepción?», se pregunta Payés en entrevista esta con NAIZ durante su reciente viaje a Bilbo.
¿Cómo una persona del perfil de Nayib Bukele llega al poder y consigue hacerse con esa imagen de antisistema que ofrece seguridad?
Bukele es una persona egocéntrica y mitómana. Miente como si fuera algo natural. Entendiendo así su personalidad, podemos llegar a comprender que muchos pensaran que él era una persona de izquierdas por el mero hecho de haber participado en un partido de izquierda como el FMLN. Su discurso de entonces iba dirigido a llegar a todas esas personas que tenían ese mismo discurso.
Usó al FMLN como vehículo para hacerse con las alcaldías de San José Villanueva, un municipio las afueras de San Salvador, y de la capital.
Luego, al ver que ya no podía ganar más espacio y que a través del FMLN no tenía posibilidades de llegar a la Presidencia, cambió prácticamente toda su oratoria y empezó a arremeter contra la izquierda y la derecha, colocándose a sí mismo como una figura antisistema. Incluso habla contra la oligarquía.
Cualquiera puede pensar que está luchando contra eso, pero si analizas sus acciones y su discurso, ves que en realidad le está haciendo el juego al sistema y que está alineado con un sector de la burguesía que se había sentido relegado por la élite de la oligarquía de San Salvador.
«En El Salvador tenemos un Estado de terror. Hay una cantidad considerable de fosas clandestinas. En la zona donde vive Bukele han encontrado entre 10 y 20 fosas»
Es cierto que cualquiera que escucha hablar a Bukele no logra identificar si es de derecha o de izquierda. ¿Por qué? Porque es publicista y tiene un control muy grande de las redes sociales. Tiene dos entidades del Gobierno dedicadas a mejorar su imagen y a monitorear todas las redes para ver por dónde va el discurso a nivel global. La gente le escucha y piensa que es antisistema, pero en realidad no hay grandes diferencias entre lo que dice y lo que quiere la oligarquía.
Dentro y fuera del país, Bukele ha hecho bandera de la seguridad y es un referente para muchos países de Latinoamérica. Lo es porque tiene el control de la narrativa. De El Salvador sale solo lo que él considera que debe saberse. Los medios alternativos están luchando para tratar de romper esa narrativa que nos muestra a El Salvador como el paraíso, incluso para los turistas, y como el país más seguro del hemisferio occidental.
Sin embargo, mantiene el estado de excepción.
Así es. Un país que, en teoría, es el más seguro, ¿por qué necesita impedir o al menos prohibir los derechos fundamentales de sus ciudadanos? Si el país es tan seguro, ¿por qué mantiene el régimen de excepción? ¿Por qué permite que una cantidad considerable de inocentes sigan presos? ¿Por qué persigue a periodistas, sindicatos, movimientos populares, defensores de derechos humanos...? ¿Por qué roban las pensiones de los trabajadores? Es posible que dentro de dos años ya no haya dinero para los pensionistas. Entonces, ¿de qué seguridad hablamos?
Esa seguridad de la que habla fue un pacto que hizo con las maras y que se mantiene en silencio. A los cabecillas de las maras se les permitió abrir negocios en el sector turístico. Constituidos como empresas privadas, gestionan, por ejemplo, los balnearios turísticos que son propiedad del Estado y ofrecen paquetes turísticos. Pero quienes en verdad están detrás de esas empresas son los líderes de las maras. Eso tampoco se dice.
«Esa seguridad de la que habla fue un pacto que hizo con las maras y que se mantiene en silencio. Si, efectivamente, hay seguridad, ¿por qué tiene la necesidad de reservar toda la información que el pueblo debería tener?»
Si, efectivamente, hay seguridad, ¿por qué tiene la necesidad de reservar toda la información que el pueblo debería tener? Toda la información relativa al Gobierno está reservada. Nadie sabe, por ejemplo, cómo se emplean las finanzas del Gobierno, cuando esa información debería ser pública. ¿Por qué no le permite al pueblo conocer cómo se están manejando esos fondos? Un país seguro no tiene por qué limitar la información que el Ministerio Público debería compartir con la ciudadanía.
Denuncia un aumento de las desapariciones forzadas bajo el mandato de Bukele y el hallazgo reciente de fosas clandestinas con cerca de 200 cuerpos.
En El Salvador tenemos un Estado de terror. Hay una cantidad considerable de fosas clandestinas. En la zona donde vive Bukele se han encontrado entre 10 y 20 fosas.
El Gobierno envió al Ejército, tanquetas, patrullas para que los familiares –madres, abuelas, esposas…– no estuvieran yendo a buscar a sus seres queridos. Los amenazó con aplicarles el régimen de excepción. El silencio que impera en el país es porque la gente tiene miedo; antes les tenía miedo a las maras, ahora le tiene al Gobierno, a la Policía.
¿Qué representa el Cecot?
Esta megacárcel es parte de la negociación que Bukele hizo con las maras para que disminuyera la violencia. El presidente les ofreció estar en un lugar específico con todas las atenciones. En comparación con las condiciones de otros penales, en el Cecot tienen algunos privilegios.
En otras cárceles, las propias familias son las que tienen que subsidiar a sus familiares presos aunque no tengan una condena en firme; la Dirección General de Centros Penales les cobra 150 dólares. La familia se ve obligada a sufragar el periodo de reclusión de su familiar cuando el Estado debería ser el responsable de su salud y su alimentación.
En cambio, son los familiares quienes les tienen que llevar las medicinas y la comida si quieren que tengan una alimentación mejor. Mientras, en el Cecot es el Estado el que se encarga de su manutención. Esa es la gran diferencia de la que no se habla.
¿Qué otras cosas no se dicen de esta megacárcel?
El Cecot fue construido en una zona donde en la década de los 80 una de las organizaciones guerrilleras tenía su base social. A la comunidades que vivían allí les expropiaron sus tierras y las desalojaron. Les prometieron que les pagarían una indemnización y hasta hoy siguen esperando.
Las comunidades que viven alrededor de la cárcel están sufriendo la contaminación que generan los deshechos de la cárcel y que son arrojados a los manantiales de la zona, que son utilizados por las comunidades para abastecerse de agua. Cuando empezaron a organizarse para denunciarlo, el Gobierno les amenazó con aplicarles el régimen de excepción si seguían protestando.
Por tanto, una cosa es el discurso, lo que se escucha fuera de El Salvador, y otra, lo que pasa sobre el terreno. El pueblo está sufriendo mucho la represión, el miedo y el terror por parte del Estado.
Pero llegará un momento en que ustedes ya no van a escuchar esa narrativa porque en El Salvador hay un movimiento popular que se está moviendo.
El año pasado, el Gobierno despidió a 7.000 trabajadores del sector público; quienes buscan trabajo en la empresa privada, no lo encuentran; el Gobierno ha sacrificado todos los beneficios sociales –a los adultos mayores les ha quitado el subsidio, a los niños les ha quitado la alimentación en las escuelas…–.
«El pueblo está sufriendo mucho la represión, el miedo y el terror por parte del Estado. Pero llegará un momento en el que ustedes ya no van a escuchar esa narrativa porque en El Salvador hay un movimiento popular que se está moviendo»
Mientras los sectores populares se han quedado sin protección y sin escudo social, las grandes empresas, los grupos oligárquicos y el círculo más cercano al Gobierno, que caracterizo como un lumpen-burgués, han crecido. Antes se dedicaban en alianza con diferentes cárteles a negocios de trata de personas, de droga… Siguen haciendo lo mismo, pero ahora desde esferas del Estado.
¿Cómo sitúa a Donald Trump en este contexto geopolítico? ¿Cómo valora los últimos acontecimientos?
Las garras del imperialismo norteamericano siempre han estado hiriendo y desgarrando a Latinoamérica; la verdad, no hay diferencias entre demócratas y republicanos. Tienen muy arraigado el último manifiesto de que EEUU está llamado a enriquecerse con los recursos naturales que tiene Latinoamérica.
Donald Trump tiene muy interiorizada esa visión, no como nación, sino como el grupo de élite con el que está aliado, porque la mayoría de sus negocios van en función de los intereses de los que están cercanos a él más los intereses de las élites transnacionales.
En este contexto se sitúa la agresión contra Venezuela; no se trata de narcotráfico, sino del petróleo y las tierras raras, y de todo lo que representa Venezuela. Como ya lo han dicho desde el Comando Sur, van también detrás del agua de América, por eso les interesa el Amazonas.
Ya han logrado cambiar los Gobiernos en Bolivia, en Ecuador, en Chile… Hay que enmarcar la agresión de EEUU contra Latinoamérica en el desarrollo de una pelea de intereses geopolíticos. Washington considera una amenaza que China y Rusia se acerquen a Venezuela y a otros países latinoamericanos. Washington teme perder su hegemonía.