La riqueza del país está dejando de indicar calidad democrática
Los Estados español y francés están cayendo en la percepción que la ciudadanía y los grupos de poder tienen en torno a la corrupción, según Transparencia Internacional. El fallo apunta a sistémico en toda Europa y EEUU cae en paralelo.
El último informe de Transparencia Internacional (en adelante, TI) correspondiente a 2025 parece dibujar cómo se está desvaneciendo la diferencia en cuanto a la calidad democrática entre países desarrollados y subdesarrollados. La bonanza económica se está dejando de mostrar como un parámetro de mayor limpieza en las instituciones y de justicia.

La tendencia de los dos Estados que se dividen Euskal Herria es decreciente, pero parten de puntos diferentes. París, donde el expresidente Nicolas Sarkozy fue condenado en 2025 a cinco años de cárcel por financiarse irregularmente con fondos enviados por Muamar al Gadafi, todavía ocupa los primeros puestos del ránking, concretamente el 25. Tiene por delante a Alemania, a los países nórdicos, a algunos de los más desarrollados de otras partes del mundo, como Japón o Nueva Zelanda, así como a otros países extremadamente pobres y pequeños donde, por lo que sea, la población considera que no hay corrupción, como es el caso de Bután, Barbados o las Seychelles.
El caso francés es peculiar, pues TI no toma como referencia el año 2012 como en el resto de países, sino que la medición arranca en 2022. Y en solo cuatro años, la puntuación de la percepción de la corrupción ha caído seis puntos, de 72 a 66. La degradación de esta sensación, probablemente, tenga conexión directa con el aumento de las fuerzas de extrema derecha en un país que combina una grave crisis institucional con economía estancada.
Por su parte, el Estado español no arrancaba de un peldaño tan alto. En este caso, los datos sí que se remontan a 2012, año en el que TI realizó un cambio metodológico en sus puntuaciones. En ese momento, la sensación de la ciudadanía sobre la corrupción estaba un punto por encima de la registrada en el Estado francés este año: 67 puntos.
Aquel 2012 gobernaba Mariano Rajoy con mayoría absoluta e iba a ser, precisamente, la corrupción la que iba a socavar su Gobierno. Aunque el «caso Gürtel» (todavía a día de hoy sin juzgarse por completo) había arrancado formalmente en 2009, las evidencias de prácticas ilegales en el PP copaban los titulares de los periódicos. A inicios de 2013, el diario “El País” publicó los manuscritos de la contabilidad B de Luis Bárcenas, en los que aparecía la anotación «M.Rajoy 2.100.000 [pesetas]» cada trimestre. El expresidente, según estos documentos, se llevaba en dinero negro 25.600 euros anuales.
La corrupción no solo azotaba a los de la gaviota, pues los medios de comunicación de la derecha replicaban con novedades sobre el caso de los ERE en Andalucía. Y fue el año también del estallido del «caso Nóos», que tenía como centro a Iñaki Urdangarin, yerno del rey español Juan Carlos de Borbón.
El blindaje de los palmeros del hoy monarca emérito de los españoles también se resquebrajó de forma definitiva en abril de 2012, debido a la caída que sufrió en Botsuana durante una cacería de elefantes con su amante. A lo que fue una crisis moral (por mujeriego y vividor) seguirían después escándalos fiscales que provocarían su abdicación (2014) y posterior exilio a los Emiratos.
Que la sensación de corrupción que existe hoy en el Estado francés sea equiparable, por tanto, a la que se sentía en 2012 en el Estado español abona eventuales cambios profundos en la situación política del Hexágono. En las elecciones de 2015, en medio de esa sucesión de escándalos, Podemos se hizo con un 20% de los votos (tan solo 1,6% menos que el PSOE) y Ciudadanos consiguió otro 14%.
Llevando a cabo otro paralelismo, este algo más arriesgado, pues se trata de un sistema jurídico bastante diferente, hay que resaltar que EEUU tras el primer año de gobierno de Donald Trump logró 64 puntos, siendo este su peor registro y cayendo doce puntos desde 2015.
El problema del Estado español es que, al partir en 2012 de una puntuación comparativamente baja en relación con su entorno y haber caído otros 12 puntos en estos 13 años, empieza a ser sobrepasado en este indicador internacional por países de dudosa calidad democrática. Es significativo que lo supere Arabia Saudí, pero es que también lo ha hecho Ruanda, Botsuana, Chipre, Chile y Portugal.
¿Quién provoca esta caída?
La criminóloga Ailén Rubio, responsable de medios de AI, advierte de que el análisis no puede reducirse a una comparativa entre países. Las subidas y bajadas responden a diferentes criterios. En este sentido, aunque la percepción ciudadana es de un deterioro constante en el Estado español, en realidad en estos 13 años no siempre ha ido todo a peor. El Estado comenzó a caer desde esos 66 puntos de 2012 y pronto bajó de la barrera de los 60. No obstante, en 2019 llevó a cabo una remontada, alcanzando otra vez los 62. Esto tiene correlación temporal con la caída del Gobierno de Rajoy y la moción de censura que, precisamente, Sánchez justificó en que la corrupción ahogaba al mandatario popular.
Rubio precisa además que, de los distintos indicadores que se toman en cuenta para el ránking, el que más ha lastrado al Estado español en 2025 es uno que emite el Foro Económico Mundial «y en el que los grandes empresarios manifestaban su desconfianza en la forma en que en España se realizan las grandes contrataciones públicas». Este mismo indicador apuntaba, como posible solución, el desarrollo de herramientas informáticas inteligentes para controlar este tipo de adjudicaciones.
La tendencia que están adoptando los Estados español y francés, por otra parte, está alineada con el resto de países de la UE. «Lo que apunta nuestro indicador es que, a nivel europeo, existe un declive de las políticas anticorrupción. No es, por tanto, exclusivamente una dinámica propia de la Administración española», indica la criminóloga. En conjunto, los países de la UE se han convertido en la zona del mundo que más cae en el indicador.
Euskal Herria, mejor que otros territorios del Estado español
Ese deterioro generalizado de la Unión Europea choca con la adopción por parte de la UE de una normativa muy ambiciosa para frenar la corrupción y garantizar la limpieza en la contratación pública, como es la directiva de 2014, que fue traspuesta en 2017 por el Parlamento de Gasteiz; y en 2018 y de forma bastante más ambiciosa, por el Parlamento navarro (naciendo así la Oficina Anticorrupción, la OANA).
Rubio reconoce, por otra parte, que la percepción de corrupción no es homogénea en el Estado español. Sitúa a la Comunidad Autónoma Vasca como mejor posicionada. «Mientras que Vitoria en 2025 acogió el Open Goverment Partnertship, que fue la cumbre mundial para un gobierno abierto, y le dio relevancia a este tipo de controles, tenemos otras comunidades, como Baleares, donde se desmanteló la agencia autonómica antifraude», señala.
Preguntada sobre la dicotomía entre quienes sostienen que existe una excesiva judicialización de la política (o incluso un lawfare) y los que defienden que esto se debe a que se trata del gobierno más corrupto que ha habido, esta portavoz del TI señala que son una organización apartidista. «No entramos ahí. A nuestros ojos, si hay una investigación, este es un indicador de que el sistema funciona, independientemente de que luego se llegue a una condena en firme o no», señala.
Lo que TI reivindica para el Estado español es una estrategia nacional que tenga «una perspectiva holística» y que identifique de verdad dónde están los riesgos. Urge, asimismo, a que esta iniciativa se aborde de forma sincera y no como respuesta a un momento de necesidad y con una intención partidista.
La corrupción en el mundo
Pocos son los países que han conseguido mejorar sus ratios en la última década y algunos lo han logrado de forma notable. Es el caso de Italia, que ha mejorado diez puntos y que ahora se ha colocado prácticamente a la par que el Estado español (53 puntos). O Grecia, que aunque se mantiene en 50, ha subido 14 con respecto a 2012. No solo consiguen mejorar países con números muy bajos. Es muy destacable el trabajo realizado por Irlanda quien, partiendo en 2012 de una situación muy similar a la del Estado español (69, tres puntos por encima) ha seguido progresando hasta los 76, lo que la coloca entre las doce mejores puntuaciones del mundo y a la par de Alemania.
Otro ejemplo a seguir es el de los países bálticos, que están desplegando políticas que les dan resultado. Estonia ha mejorado doce puntos (se queda en 76, como Irlanda y Alemania), Letonia sube otros doce (se queda en 60), y Lituania suma once (65). Bielorrusia, aliado ruso, es uno de los países más castigados en el ránking, con una caída de 16 puntos en solo cinco años (se ha quedado en 31).
En lo que respecta al Magreb y Oriente Próximo, TI destaca que hay alguna caída, pero que en general se mantienen estables y con unos datos comparativamente bajos. Lo mismo sucede en el África Subsahariana, donde sí hay algunos movimientos llamativos, como en Angola, que ha conseguido una de las mayores mejorías, de 17 puntos en una década.
En cualquier caso, TI subraya que el hecho de que haya países que consigan desplegar políticas que obtienen datos efectivos debe servir de inspiración para otros países. Es posible mejorar.