El Oso de Oro para ‘Yellow Letters’ no detiene el fuego cruzado en la Berlinale
Ante el silencio de la edición anterior, la clausura de la Berlinale se ha dividido en 2 facciones claras y necesariamente enfrentadas: la posición amabilista-institucional de Tricia Tuttle y Wim Wenders, presidente del Jurado Oficial, y las reivindicaciones incómodas de los cineastas propalestinos.
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La edición 76 del Festival de Berlín ha bajado el telón con un programa especialmente poco notorio, que a más inri se ha visto eclipsado por el negacionismo divisorio mantenido por las esferas públicas del festival. Esta noche, el escenario del Berlinale Palast se ha convertido en campo de batalla tácito. Por un lado, había quienes reivindicaban la posibilidad del cine como herramienta ajena a la política, en la línea de las declaraciones de Wim Wenders en su rueda inaugural.
En este grupo, los ganadores del Oso de Oro por ‘Yellow Letters’, un drama de cocción lenta ambientado en Turquía y con el Estado como el gran enemigo de su familia protagonista. İlker Çatak, nominado al Óscar Internacional por ‘La sala de profesores’ (2024), ha evitado dar discurso alguno porque «la película habla por sí sola, de su mensaje político y del de sus artistas». Su productor, Ingo Fliess, ha lanzado una proclama de unión, ante el panorama de disenso: «La amenaza real está allí afuera: son los autócratas, los partidos de derechas, los nihilistas de nuestro tiempo, que tratan de hacerse con el poder y destruir nuestra forma de vida. No nos peleemos, peleemos contra ellos».
También ha habido quienes ponían los puntos sobre las íes con respecto de las consecuencias que esta postura acarrea, menos numerosos aunque no menos audibles desde el patio de butacas. Allí se ha originado un auténtico tumulto cuando se han cruzado estandartes de liberación de Palestina con protestas contra el bullicio anti-glamuroso de la gala. «Este no es un espacio para el diálogo», pedía nerviosa, la presentadora, «pero os oímos».
En la facción contestataria, han brillado las palabras del merecedor del Gran Premio del Jurado, Emin Alper por ‘Kurtuluş (Salvation)’. Esta sigue el derrumbe postraumático del líder de una secta en las montañas turcas, convencido de que los bárbaros son al caer. Alper proclamaba que, para evitar que la violencia sufrida reverbere al futuro, «lo mínimo que podemos hacer es romper el silencio y recordarles que no están solos». Ha dedicado el premio a los palestinos, «viviendo y muriendo en las peores condiciones posibles», a los iraníes «bajo el régimen» y a los kurdos en el Oriente Medio, «que sufren desde hace casi un siglo». Además, ha dirigido un recuerdo a una larga lista de políticos y activistas turcos: «No estáis solos».
No había grandes favoritas en una competición profundamente heterogénea (o dispersa, según se lea), y Wim Wenders ha confesado que los tres Osos principales «nos importan por igual». Sin embargo, ha sido indiscutible el triunfo de ‘Queen At Sea’, merecedor del Premio del Jurado y de las Interpretaciones de Reparto, para Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall. El galardón interpretativo ha sido especialmente entrañable, dentro del tono encendido de la gala. Courtenay ha sido un esencial para el cine británico desde ‘La soledad del corredor de fondo’ (1962) y Calder-Marshall tuvo su papel más recordado en la ‘Cumbres borrascosas’ con Timothy Dalton (1970).
Por su enorme interpretación en el wéstern queer ‘Rose’, Sandra Hüller ha dejado sin Oso a la Interpretación a Amy Adams, que anticipaba premio dirigida por Kornél Mundruczó en ‘At The Sea’. Pero, debemos insistir, la de hoy no ha sido una gala especialmente lucida en términos estrictamente artísticos. Son efectos directos de que sí, todo sea político.
Tricia Tuttle y Wim Wenders piden perdón a medias
Ha sido la primera declaración pública de la directora artística de la Berlinale desde el sábado 14, tras conocer la cancelación de la visita al festival de la escritora Arundhati Roy por la falsa equidistancia del Jurado de Wim Wenders ante el genocidio en Gaza y en respuesta a la carta publicada contra la «censura» del festival por 81 personalidades del mundo del cine, entre ellas el anterior Oso honorífico Tilda Swinton.
Hoy, en su discurso inaugural, Tuttle ha parecido pedir perdón: «Reclamasteis que nos diéramos cuenta y os lo agradecemos mucho». Las críticas, dice, «no siempre se sienten bien, pero están bien, porque significan que importamos». Luego, ha procedido con los visos tradicionales del «...pero», insistiendo en que «la libre expresión existe en la Berlinale. Solo que no la conforma una voz, sino muchas».
Un apunte: ninguna de las críticas dirigidas a la cúpula ha apuntado a la falta de diversidad de miradas, simplemente a la negativa del certamen a posicionarse públicamente en contra de un genocidio probado; no es opinión, es colaboracionismo silencioso (y atendiendo a la edición pasada, también censura directa al equipo de ‘No Other Land’).
Seguía Tuttle, «quienes no hablan, lo hacen a través del cine», infiriendo que una película contiene «la complejidad y contradicciones» de un debate político. La representante ha pedido «abrazar la crítica, porque forma parte de la democracia. También lo es el desacuerdo», que ha valorado porque «a veces es muy difícil expresarlo». Me enfada el tono paternalista de sus palabras, porque desarticula la responsabilidad mediática tras una capacidad emocional.
Además, ha equiparado las críticas como producto de un «mundo facturado» y guiado por «el duelo, la rabia y la urgencia hacia el mundo que se encuentra allí afuera y adentro de las salas». Eso es, otra vez, convertir la verdad en una versión relativa y contestable. «Si ha sido una edición emocionalmente cargada no es un fracaso de la Berlinale, sino solo la Berlinale haciendo su trabajo, el cine haciendo su trabajo. Ahora, celebremos las películas», remataba Tuttle. «Emocionalmente cargada» supone equiparar una crítica con argumentos como un simple arrebato injustificado.
Wim Wenders también se ha justificado, escudándose en que su ideario apolítico ha generado una «discrepancia artificial». A «los activistas» ha recordado sobre sus reivindicaciones que «estas son nuestras causas también. Os aplaudimos». Unas ideas, dice, que pueden ser complementarias, aunque hablen en «lenguajes» diferentes. Ha apelado a la simbiosis: «No es una competición, es una alianza». Sus palabras también presuponen una tentativa de superioridad moral que, simplemente, no es. La clausura del año pasado se desarrolló el día antes de las elecciones alemanas, en las que la ultraderecha de la AfD acabó posicionándose como segunda fuerza política. Ante una amplitud acrítica, los monstruos se nos cuelan.
PALMARÉS:
Oso de Oro a la Mejor Película
‘Gelbe Briefe (Yellow Letters)’, de İlker Çatak
Gran Premio del Jurado
‘Kurtuluş (Salvation)’, de Emin Alper
Premio del Jurado
‘Queen At Sea’, de Lance Hammer
Mejor Dirección
Grant Gee por ‘Everybody Digs Bill Evans’
Mejor Interpretación Protagonista
Sandra Hüller, por ‘Rose’ de Markus Schleinzer
Mejor Interpretación de Reparto
Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall, por ‘Queen At Sea’ de Lance Hammer
Mejor Guion
‘Nina Roza’, de Geneviève Dulude-de Celles
Oso de Plata a la Contribución Artística
Anna Fitch y Banker White, por ‘Yo (Love is a Rebellious Bird)’ de Anna Fitch y Banker White