Joaquín Iraizoz Vizcar, «Toki»

Kaixo, Emilio

Desde mi posición de miembro del colectivo memorialista, Zurbau, sintiéndome interpelado por tu artículo "El espectro de Mola", creo sinceramente que te has equivocado de principio a fin con tu escrito.

He de decirte que no conozco un alegato semejante para desacreditar al colectivo memorialista, incluida la derecha, que hipócritamente guarda las formas.

Desconociendo el funcionamiento de la agrupación, afirmas que cuatro voceros (así nos denominas despectivamente) manejamos el colectivo memorialista navarro, ninguneando a los afiliados y a la sociedad navarra, una afirmación muy atrevida e insidiosa. Solo porque nuestras tesis no coinciden con tus opiniones, entiendo que, sin haberte acercado a la agrupación en ningún momento, habrá sido una simple deducción de lo que puede estar sucediendo en tu medio, la Universidad. No lo sé, la verdad.

Mezclas en un totum revolutum opiniones escritas de tipo personal con otras exclusivamente de la agrupación, que te aseguro han sido en su práctica totalidad muy medidas.

Parece molestarte que los de abajo, los que hemos pisado barro y trabajado sobre el escritorio, la mayoría víctimas, nos hayamos atrevido a expresar nuestras, reflexiones, argumentos y, también, nuestros sentimientos a la opinión pública. En fin, y aun así dices que no quieres entrar en el fango.

Achacas la falta de debate a la cerril posición del colectivo memorialista por el «derribo», cuando la inmensa mayoría de colectivos memorialistas, algunos desde que en el 78 sacaron a sus familiares de las cunetas, mantienen esos sentimientos.

No dices, sin embargo, que tu equipo desde la universidad ya fijasteis posición el año 2016 a favor de la «resignificación», argumento escrito que se ha esgrimido desde la «Dirección General de Paz y Convivencia» y en el que se ha basado todo lo desarrollado hasta hoy.

¿Qué tipo de debate se desarrolló para aquella conclusión? Ninguno, por lo menos de puertas para fuera.

¿Cuál ha sido entonces la «palabra de Dios» a la que aludes? ¿El sentimiento y la opinión de buena parte de la sociedad navarra, donde se incluye la práctica totalidad de las asociaciones memorialistas y de defensa de los derechos humanos, o la conclusión aconsejadora desde el equipo del Fondo Documental de la Universidad Pública, de donde ha derivado toda la posterior legislación?

La agrupación, desde luego, no cuenta con los medios técnicos y humanos que las instituciones tienen a su disposición, pero ello no ha sido óbice para que nuestros grupos de trabajo de forma altruista, hayan prestado una gran colaboración elaborando una completa documentación y poniéndola a disposición de toda la sociedad navarra. Desde luego, ninguno de ellos se ha atribuido esa condición de expertos que les adjudicas jocosamente.

Desdeñar, como lo ha hecho el «Comité de expertos», el informe exhaustivo que desde la Agrupación se les envió tras su designación por el ayuntamiento, ni siquiera para un mínimo contacto o una simple referencia en el informe final del comité, expresa el «respeto» considerado hacia el colectivo memorialista.

Sabes perfectamente que ese anhelo de justicia para con las víctimas y la desaparición de ese artefacto del horror del espacio público es la motivación por la que personas como yo nos hayamos atrevido a la exposición pública de nuestros sentimientos; no pretendas insinuar otra finalidad.

Para algunos, esperar una eternidad hasta una oportunidad como la actual era nuestra esperanza para avanzar en nuestros derechos.

La decepción, sin embargo, al respecto está siendo clamorosa. Las formas y el ninguneo desde la institucionalidad son de un calibre difícil de imaginar.

Que desde el «comité» se cargue contra la opción del «derribo» como favorecedora de la memoria de los cuneteros ha dolido, y mucho. Si se pretendía hacer daño, se ha conseguido, y tu escrito aún ha ahondado más esa herida; si no era esa vuestra intención, tiempo tenéis para rectificar.

Que bajo tu opinión el tema esté cerrado no quiere decir que para los demás sea así; la demostración es la potente manifestación del día 8 por las calles de Iruña.

Justificas tu posición al calificar la opción por el derribo por extemporánea y porque la coyuntura actual no da para más, pero años atrás, 2016, y en otra coyuntura política, vuestra apuesta fue la misma que la actual, «la resignificación».

Acabas tu escrito aseverando que el espectro de Mola, y deduzco del resto de cuneteros, ha desaparecido, y con él el simbolismo con el que se construyó; es decir, el paso del tiempo, en contradicción con la última modificación de ley, lo ha despojado de él y, por lo tanto, la administración puede disponer como le plazca.

¿A qué vienen entonces todas las argumentaciones sobre coyunturas, comités, modificaciones legales, expertos de uno y otro tipo o concursos de diversa índole, si resulta que hemos acabado admitiendo lo que la derecha viene manteniendo, es decir, que el dichoso mamotreto no tiene ningún condicionante simbólico que impida cualquier actuación en el mismo?

Reiterándome en el principio, la has metido hasta el zancarrón.

Agur bero bat.


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