Nadie en el mundo puede entender la carga de la Ertzaintza

Mientras en todo el mundo los miembros de la Flotilla que regresaban a casa tras ser secuestrados, maltratados y deportados por Israel eran recibidos con alegría y honores, en el aeropuerto de Loiu la Ertzaintza los recibía a palos y detenía a cuatro solidarios.

 A nivel internacional, tendrán serios problemas para entender qué ha pasado en Euskal Herria para que la Policía actúe con semejante brutalidad y falta de humanidad. Y delante de las cámaras, sin complejos. No hace falta recurrir al ejemplo canónico del marciano. Giorgia Meloni no sabrá explicar las imágenes de los policías vascos golpeando a los solidarios con Gaza, en un recibimiento para denunciar, precisamente, el maltrato dado por las Fuerzas de Seguridad israelíes a esas mismas personas. En la Ertzaintza prima una cultura represiva y autoritaria. Desde un punto de vista democrático, no se ha adaptado a los cambios sociales y políticos. Es sectaria y no responde a la pluralidad de la sociedad a la que debe servir. Sufre una deriva que acompaña al auge global de la ultraderecha y sus versiones españolistas. A pesar de los constantes conflictos que provocan, se les justifica y premia, y se niega el problema.

Si, tal y como señalaba en reacción a la carga el consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, entienden la sensibilidad que ha provocado en toda Europa la «detención ilegal» y «el trato al que se han visto sometidos», ayer les debían esperar los responsables de su Gobierno de derechos humanos, no policías. En todo caso, deberían entender que su prioridad es, precisamente, la salvaguarda de esos derechos. Así debe ser en Palestina, en aguas internacionales y en tierras vascas. Que la Ertzaintza no lo entiende así, lo sabe ya todo el mundo.

[EDITORIALA: Ertzaintzarekin dagoen arazoa ezin da ukatzen jarraitu]

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