Capriles exhibe imagen de fuerza pese a las encuestas desfavorables

«Se ve, se siente, Capriles presidente». Este ha sido el grito de guerra pronunciado por las decenas de miles de seguidores de Henrique Capriles, candidato de opositor en Venezuela, que han colapsado este domingo la avenida Simón Bolívar de Caracas.

@albertopradilla|CARACAS|2013/04/08|0 iruzkin
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El candidato opositor, Henrique Capriles, durante el acto electoral de este domingo. (Leo RAMÍREZ/AFP PHOTO)

La marcha, bautizada como «Caracas heroica», constituye la mayor exhibición de fuerza del antichavismo de cara a la cita con las urnas del próximo 14 de abril. Había euforia, pese a que la Mesa de Unidad Democrática, principal plataforma de la derecha, ha sido derrotada en las dos últimas citas con las urnas: el 7 de octubre de 2012, ante Hugo Chávez, en las presidenciales y, dos meses después, en las regionales.

La muerte del líder bolivariano el pasado 5 de marzo obliga a una nueva confrontación electoral en la que la oposición intenta vender una imagen triunfadora pese a las malas perspectivas que prevén las encuestas.

Desde primera hora de la mañana, varias marchas confluían en el centro de Caracas. En realidad,
la mayor parte procedían del este de la capital, la zona más acaudalada y donde el antichavismo
tiene sus principales bastiones. «Ganamos seguro. Las encuestas son pagadas por el Gobierno, pero estamos confiados», afirmaba Antonio López, caraqueño, mientras trataba de protegerse del intenso calor que castigaba la gran avenida. Junto a él, cientos de miles de personas llenaban hasta reventar el tradicional escenario de las grandes movilizaciones chavistas.

La batalla por las encuestas es un elemento más en la estrategia de Capriles, que intenta vender
un descenso de Maduro durante la campaña, que apenas va a durar diez días.

«Esa candidatura se desplomó y va en caída», proclamó, ante un público entregado, que aplaudía especialmente cada ataque contra el aspirante chavista y presidente en funciones.

Sin embargo, las palabras del opositor chocan los números de las encuestadoras. Ayer era la última jornada en la que podían publicarse estudios y todos ellos, salvo uno, daban por segura la victoria del candidato del PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela). La excepción es el trabajo elaborado por Datamática, que prevé un triunfo de Capriles con un 40%, por 35% para Maduro. No obstante, los resultados fueron hechos públicos por la propia MUD, por lo que más parece un intento de tensionar a sus seguidores que la prueba de un giro en las perspectivas. Sin embargo, la estrategia funciona.

Este domingo, todos los caprilistas esgrimían el sondeo para dar por hecho el triunfo y poner en duda la fiabilidad de los resultados. Una postura que se repite en todos los comicios. «Si ganan ellos será porque hay fraude», argumentaba López, que consideraba que si Capriles aceptó la derrota en octubre fue porque «sabía que Chávez estaba muy enfermo».

Existe una contradicción entre las perspectivas negativas y el ambiente que se respiraba en las calles de Caracas. Los opositores, muchos de ellos con camisetas del partido Libertad y Justicia, que lidera Capriles, mostraban su rostro más eufórico. Y su candidato les dio la réplica con un discurso duro, sin concesiones, mucho más agresivo que los que pronunció cuando tuvo que medirse con Chávez.

Hacia su rival, a quien descalifica como «mentiras frescas» o «el enchufado mayor», le dedicó una larga lista de descalificativos. En relación a su programa, incidió en la línea que ya apuntaba en octubre, presentándose como reformista pero con insistentes guiños al proceso bolivariano, con menciones a la Misión Vivienda o a los médicos cubanos, a quienes ha ofrecido la nacionalidad.

Además, hizo hincapié en la cuestión de la seguridad, una de las grandes tareas pendientes en
Venezuela.

A falta de una semana para la cita con las urnas, Caracas espera ahora el acto central de Nicolás
Maduro, que tendrá lugar el próximo jueves 11. Se trata de una fecha con gran carga simbólica, ya que coincide con el aniversario del golpe de Estado que sufrió Hugo Chávez en 2002.