Gabriela cumple 500 años repicando y bandeando en la catedral de Iruñea

Se llama Gabriela, pesa 2.480 kilos y lleva 500 años encaramada a la torre de la catedral de Iruñea, desde donde sigue emitiendo el sonido recio y persistente de su viejo bronce. Los Campaneros de la Catedral de Pamplona-Iruñeko Katedraleko ezkilazainak quieren celebrar sus cinco siglos de vida con un acto especial el próximo 7 de julio.

Iñaki Vigor|2019/06/12 10:10
Campanas
Colocación de las campanas de la catedral de Iruñea tras su restauración en 2011. (Lander F.ARROYABE/FOKU y Fotografías cedidas por Jokin ELARRE)

Con sus diez toneladas de peso, la campana María es la más grande, emblemática y sonora de la catedral de Iruñea, ya que su tañido se escucha a 14 kilómetros a la redonda. Su fundición se remonta a 1584, pero no es la más antigua de las once campanas existentes en la seo de la capital navarra, ya que Gabriela es 65 años más añeja. 

Gabriela acabó de tomar forma de campana el 18 de julio de 1519, por lo que pronto se cumplirá medio milenio de su existencia. Esa fecha nos remite a la época en que el Reino de Navarra ya había sido conquistado por las tropas castellanas, si bien algunos historiadores señalan que ya existía un proyecto para hacer esta campana en 1511, cuando el reino vascón todavía era independiente.

La situación política de aquella época y las vicisitudes eclesiásticas habrían aconsejado al cabildo de la catedral retrasar su construcción. Entre los miembros que ejercían en la seo de Iruñea se encontraba Amaneo, hermano del último rey navarro, Juan de Albret.

Un mensaje grabado y flores de lis
Gabriela es una campana regordeta, ya que tiene una altura en el vaso de 1,35 metros y un diámetro de 1,67 metros. Tal como era costumbre en la época de su fundición, tiene grabado un mensaje en latín, concretamente el supuesto anuncio del arcángel Gabriel a la Virgen María, de donde ha tomado el nombre de Gabriela. También tiene grabadas varias flores de lis, emblema de los Albret en los territorios de Ipar Euskal Herria.  

El paso del tiempo, y probablemente el tañido de varias horas seguidas para celebrar el paso del siglo XIX al XX, produjo una profunda grieta en este bronce y dejó de ser utilizada, hasta que en el año 2009 se decidió reparar todas las campanas de la catedral de Iruñea coincidiendo con la restauración de su fachada.

Los trabajos se prolongaron durante quince meses y consistieron en la limpieza, restauración de la sonoridad original e instalación de dispositivos para permitir toques manuales y mecánicos, estos últimos destinados sobre todo al uso litúrgico interno.

También se hizo un curso para ‘ezkilazainak’ nuevos y viejos, que obtuvieron así la correspondiente titulación. Finalmente, en febrero del año 2011 fueron alzadas de nuevo a las torres de la catedral, en medio de una gran expectación.

Debido a su peso y volumen (2,5 metros de diámetro y 2,2 metros de altura en el vaso), la campana María fue reparada ‘in situ’, mientras que Gabriela hubo de ser trasladada hasta Alemania para su restauración. De vuelta a Iruñea, fue ubicada en la torre sur para que se pueda bandear tanto manualmente como de forma mecánica en los toques litúrgicos. En la torre norte queda la campana María y las que dan las horas en punto y los cuartos.

La última persona a sueldo -escaso- encargada de los toques de las campanas fue una mujer, Petra Díaz Reguero, que ejerció hasta 1978. El tubo de la torre sur de la catedral todavía acredita en la piedra el sistema de sogas para hacer tañer las campanas desde su propio hogar, la Casa del Campanero.


Acto conjunto con La Pamplonesa
Además de los 500 años de la construcción de Gabriela, ahora se cumplen 100 años de la creación de La Pamplonesa. Con este motivo, tanto Iruñeko Katedraleko ezkilazainak como representantes de la banda de música han planteado al Ayuntamiento que incluya en el programa oficial de sanfermines un acto conjunto para celebrar ambos acontecimientos.

En concreto, proponen que el día 7 de julio, cuando en el atrio de la catedral culminen los actos de la mañana, suene en solitario la campana Gabriela como forma de recibir y felicitar a La Pamplonesa, que a su vez correspondería al saludo con varias piezas musicales.

Con ese acto también se quieren reforzar los argumentos para que el toque manual de campanas sea declarado como Bien del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Cabe recordar que el pasado mes de abril el Ministerio de Cultura y Deporte declaró el toque manual de campana como ‘Manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial’.

Aunque hoy puedan parecer objetos inútiles o vinculados a la iglesia, históricamente las campanas han tenido una gran importancia en la vida social de pueblos y ciudades. Durante siglos, cuando no existían los modernos medios de comunicación, las campanas servían no solo para convocar a los actos religiosos, sino también para anunciar muertes y nacimientos, advertir de la llegada de tropas enemigas, dar la alarma por incendios y por la proximidad de tormentas, informar de las horas y sucesos a los agricultores y ganaderos que trabajaban fuera del pueblo, celebrar acontecimientos importantes o festivos, acompañar rituales ancestrales… Las campanas tenían repiques y ritmos diferentes para cada caso, y el campanero se encargaba de transmitir sus mensajes a toda la comunidad.

También inaugurará el Flamenco On Fire
El acto del 7 de julio no sería el único protagonizado por Gabriela en su 500 aniversario, ya que también repicará el 20 de agosto para inaugurar la sexta edición del festival Flamenco On Fire.

Ese día, la Capilla de Música de la Catedral interpretará el Ángelus en latín, euskara y castellano, y a continuación se realizará un toque manual de Gabriela a cargo de campaneros de Iruñeko Katedraleko ezkilazainak.

Aunque parecía que las campanas estaban condenadas a quedar silenciadas, todavía siguen tañendo en la actualidad. Para promover su recuperación, conservar los ritmos tradicionales, y fomentar el aprendizaje y difusión de los toques manuales, recientemente se ha constituido la Asociación de Campaneros de Navarra-Nafarroako Ezkilazainak, cuyo presidente de honor es el arruazuarra Tomás Gamboa, campeón irrebatible en Sakana. Les gusta que se les llame así, ‘ezkilazainak’, porque esa es su función principal, es decir, ser ‘cuidadores de campanas’.