Hallan los restos del primer frente en Gipuzkoa contra los sublevados del año 36

La séptima edición de los campos de trabajo organizados por Aranzadi en el monte Belkoain, entre Andoain y Asteasu, han permitido situar en este lugar los primeros focos de resistencia con artillería de las tropas fieles a la República, que posibilitaron retrasar durante 34 días el avance de los sublevados en Gipuzkoa tras su entrada desde Nafarroa.

Joseba Salbador|2019/07/11 17:26
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La resistencia vasca en las batallas de Intxorta o el «cinturón de hierro» de Bilbo está bien documentada, pero poco se sabía hasta ahora de los choques registrados en la entrada a Gipuzkoa desde Nafarroa de los sublevados el 18 de julio de 1936.

Las seis campañas de excavaciones llevadas a cabo hasta la fecha en el monte Belkoain, entre Andoain y Asteasu, habían dejado constancia de estos enfrentamientos, ya que se encontraron numerosas trincheras y cientos de casquillos de fusil. Pero este año, por primera vez, se ha constatado la utilización de cañones y armamento de gran calibre en estos primeros compases de la guerra (agosto de 1936), tal y como lo demuestra el hallazgo de varias piezas de artillería que han sido mostradas hoy a la prensa, entre las que se encuentran obuses de 75 milímetros, algunos de ellos rellenos de metralla.

El secretario general de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Juantxo Agirre, ha explicado que la documentación analizada hablaba del lanzamiento de centenares de proyectiles de cañón, pero que hasta la fecha no había sido posible encontrar este emplazamiento. Finalmente, y complementando las excavaciones arqueológicas con la recogida de testimonios de los vecinos, ha sido posible localizar el lugar en el que fueron instalados los cañones. Agirre destacó el testimonio de Angel Usabiaga, de la venta de Zarate, quien había escuchado a su padre las referencias sobre el lugar exacto en el que se encontraban.

Según los datos aportados ayer, estos cañones fueron trasladados a ese lugar por un grupo de milicianos republicanos, que los utilizó hasta que el monte fue finalmente ocupado por las columnas de requetés dirigidas por Pablo Cayuela, el día 28 de agosto de 1936. Estos últimos se incautaron de los cañones y, tras girarlos 180º, los utilizaron para atacar las posiciones a las que habían retrocedido los gudaris de Eusko Gudarostea, en las inmediaciones del alto de Andazarrate, cerca de Aia.

La importancia de este hallazgo radica en que, gracias a esta linea de defensa, que fue organizada por el comandante Cándido Saseta desde Azpeitia, se consiguió retrasar el avance de miles de militares golpistas durante 34 días, lo que posibilitó la organización de la resistencia en Donostia o Bilbo, así como la constitución del Gobierno Vasco. Se trata, pues, de unos hechos de vital importancia en el transcurso de la Guerra del 36 pese a que no se conocían hasta la fecha.

En estos combates, además, fallecieron los primeros combatientes de ANV y PNV, como Mikel Alberdi y José Arana, cuyos cuerpos fueron trasladados a Loiola para celebrar los funerales.

En la presentación de ayer estuvieron presentes los alcaldes de Aduna, Zizurkil, Asteasu y Larraul, que han colaborado en estos trabajos, así como la veintena de jóvenes procedentes de todo el Estado que ha participado en los campos de trabajo, dirigidos por el arqueólogo francés Julien Blanco y el coordinador de Aranzadi Manex Arrastoa.

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