Sudáfrica se impulsa en su melé para tocar por tercera vez el cielo de Webb Ellis

Los springboks han aprovechado la superioridad de su empuje para dominar el choque sobre Inglaterra, y los ensayos de Mapimpi y Kolbe han servido para certificar una merecida victoria (12-32).

Imanol INTZIARTE|2019/11/02
Kolisi
El capitán Kolisi alza la Copa Webb Ellis rodeado por sus compañeros. (CHARLY TRIBALLEAU / AFP)

Hay que revisitar los clásicos, dicen. En estos tiempos de tanta novedad que se consume como una estrella fugaz, no está de más detenerse, girar la mirada hacia atrás y acordarse de lo que siempre ha funcionado.

«No scrum, no win», reza la máxima, convertida también ahora en marca de ropa. Sin melé no hay victoria. Si en cuartos y semifinales Sudáfrica había hecho del maul su ariete de batalla, en la final frente a Inglaterra los boks han exhibido su pujanza en esa guerra de ocho contra ocho.

Hasta cinco golpes de castigo han forzado en esa suerte. Muchos puntos sumados, muchos metros ganados, mucho martilleo sicológico sobre la mente del rival. Los ingleses, además, se han topado con la lesión de uno de sus pillieres, Sinckler, nada más comenzar. El de Harlequins ha quedado conmocionado tras chocar contra el codo de su compañero Itoje, y en su lugar ha entrado el veterano Dan Coles.  

Pollard cobraba. Desde la otra trinchera, Farrell trataba de aguantar el ritmo. Rondaba el ensayo de la rosa, pero Sudáfrica defendía por lo civil y casi por lo criminal, jugándose diez minutos de exclusión que no han llegado.

Carne fresca

En el intermedio, 6-12 para los de verde. Y a la vuelta de los vestuarios, Rassie Erasmus cambiaba los dos pillieres para seguir castigando a la primera línea inglesa. Carne fresca para la trituradora. Nada más entrar, melé, golpe –era ya el cuarto– y Pollard a pasar por caja (6-15, 45’). El libreto estaba escrito.

Eddie Jones veía que se le escapaba la final, y quitaba a Ford para meter a Slade, pasando Farrell al puesto de apertura. La melé inglesa pagaba con la misma moneda, y el 9-15 abría un toma y daca entre pateadores.

Con el 12-18, restando veinte minutos, en el Yokohama Stadium se escuchaba el ‘Swing low, sweet chariot’. La hinchada inglesa tenía fe y la cantaba a pleno pulmón. En vano.

Mapimpi primero, y Kolbe después, culminaban el trabajo de demolición con sendos ensayos. La delantera desgasta y los alas ponen los clavos (12-32). El ‘abc’ del rugby.

Tercer título para Sudáfrica. Un capitán de origen pobre y raza negra, Siya Kolisi, alzando el trofeo. Otra imagen icónica. Como aquella de Nelson Mandela y Francois Pienaar –que hoy estaba en el palco– hace 24 años. Conviene mirar hacia atrás de vez en cuando. Que no se nos olvide revisitar a los clásicos. Nos vemos en Francia 2023.