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Argelia: una, grande y suní

Argelia: una, grande y suní

Kapuscinsky denominó a Argelia como la Corea del Norte africana. Eso lo dice casi todo de el país más grande del Magreb y del segundo de África. Entender Argelia es una tarea difícil, incluso para los periodistas extranjeros que llevan allí años trabajando. Se asemeja a un puzzle de varios miles de piezas. Cada una de esas piezas encaja con dificultad con la otra para crear una imagen de país monolítico. A base de fuerza encajan todas si bien no les corresponda. Una de esas piezas, la cuestión identitaria amazigh, es la que muestra la mayor fisura en ese puzzle. No encaja con la idea de país árabe, musulmán y suní. Años atrás este inseparable tridente fue utilizado para aglutinar las diferentes poblaciones en contra de la potencia colonizadora, Francia.

 

 

Desinteresado por añadir la identidad, cultura o lengua a la razón de ser argelina, el poder niega sistemáticamente desde hace años cualquier pretensión diferenciadora de lo establecido por el FNL en la guerra de descolonización. Cualquier desmarque de estos tres pilares es señalado como antipatriótica y subversiva. Cualquiera que ose cuestionárselo puede dar con sus huesos en prisión.

 

Toda mecha necesita llama

 

Arab Aknine conduce tranquilo su vetusto coche. Las serpenteantes carreteras que llevan a los pueblos no están bien asfaltadas. Cualquier volantazo puede terminar en el valle, unos cientos de metros más abajo. Pese a ello el tráfico es intenso, aquí los pueblos no son “dormitorios” de las grandes urbes. Aquí en los pueblos la gente vive y hace vida. Arab es profesor de la universidad de Tizi Ouzzou, la capital de la Kabilya argelina. “Los jóvenes amazighs se han dado cuenta de que la urbe, Argel o incluso Tizi no les ayuda a construirse un futuro. Hay un regreso, un éxodo a la inversa a los montes. Recuperan las tierras de los antepasados. Construyen granjas y cultivan huertas. Se han percatado de que no pueden ser ellos mismos, con su idioma, su cultura y sus creencias en una ciudad como Argel. El estado niega cualquier otra identidad que no sea la oficial árabe. Mucho menos tolera a argelinos que no sean musulmanes suníes. Aquí en los montes de Djurjura la gente vuelve a respirar y a ser feliz”.

 

Arab en el terreno donde pretende cultivar la huerta y volver a ser autosuficiente

 

La estampa es preciosa. Unos montes aún con grandes neveros se levantan bruscamente desde una colinas saturadas de verdes. Entre las colinas y los montes un cresterío pedregoso recorre el paisaje de norte a sur y de este a oeste. Encima de esos cresteríos decenas de pueblos hacen equilibrios imposibles desde hace cientos de años para no caerse valle abajo. Viven así desde hace casi 500 años, desde que las invasiones árabes provenientes del oeste empujaron a los pobladores amazigh a refugiarse en los cresterios y cambiar radicalmente la arquitectura de los poblados. En la cima del monte veían venir al invasor árabe desde los valles. Así se sentían más protegidos. Gracias a esto en esta región la cultura, creencia y el idioma bereber ha permanecido casi como en la época anterior a la invasión.

 

Arab detiene el coche y se calza unas botas de goma para después y con el ruido de un caudaloso río que baja embravecido desde los neveros de fondo adentrarse en una parcela. “Hemos vivido de espaldas no sólo a nuestra cultura sino a nuestra propia tierra. Esta es la tierra de mis abuelos y he decidido predicar con el ejemplo y cultivarla. Hay que predicar con el ejemplo” explica Arab mientras muestra orgulloso su huerta. “Cómo va a querer un niño su tierra si ya en la escuela hasta la fonética que se impone es la árabe, que es totalmente diferente a la amazigh.” Arab sabe bien de lo que habla. La cultura bereber ha sido un contínuo leit-motif en su vida y es considerado como muchos como un guía ideológico. Fue él quien en el año 1980 organizó un encuentro para conmemorar el trabajo del cantante Kabylio Mouloud Mammeri. “La policía cargó desde el principio. No quisieron que se celebrara. No tenían la excusa del yihadismo, porque todavía no había surgido, ya que esto fue anterior. La gente se sintió humillada y atacada. Las manifestaciones se sucedieron en las calles de Tizi (Ouzzou). Miles de personas vinieron como pudieron desde aldeas que están a varios kilómetros. Las cargas policiales fueron brutales. Hubo cientos de detenidos y muchos de ellos denunciaron torturas e incluso alguna mujer dijo haber sido violada en comisaria. Esto sucedió en marzo del 80 y se ha conocido como la “primera primavera bereber”. Las nuevas generaciones que no vivieron la época colonial ni la descolonización vieron al gobierno argelino como un enemigo del pueblo amazigh. Ese hecho creó conciencia y muchos de los partidos kabylios y de identidad cultural amazigh se vieron reforzados. Muchos me han querido señalar como ideólogo de un movimiento amazigh identitario moderno. Me ha salido caro haber organizado aquello, ya que he sido señalado cada vez que un movimiento estudiantil levantaba la voz contra las fuerzas opresoras. Sin querer prendí la mecha de algo más grande pero no creo que yo sea culpable de eso. La mecha era el malestar del pueblo ante tanta represión, yo encendí la llama sin querer pero podría haber sido cualquier otro evento. Sea como fuese la respuesta del estado hubiera sido la misma, la violencia.  Desde entonces no ha sabido dar otra respuesta cada vez que los amazighs pedimos, no ya independencia o autonomía, sino respeto por nuestra identidad. El estado argelino es un estado fascista árabe. Cualquier estado fascista reprime por naturaleza otras identidades” explica Arab mientras da un largo trabajo a un vino argelino kabilio. “Es un vino excelente” dice.

 

Retrato de Arab

 

Estado mono-identitario

 

Hocine Azem pide una cerveza bien fría al camarero. Las reuniones de los activistas amazighs se desarrollan en bares donde está permitido la venta y consumo de alcohol. En la Kabilia son muchos los locales de este tipo, donde la policía no entra ni los chivatos del poder tienen oídos. “Aquí todos son amazighs y la mayoría de trabajadores son también de la causa” explica Hocine. A sus 48 años, Hocine es uno de los líderes más conocidos de la Kabilia. El gobierno lo tiene en su “lista negra”. 46 detenciones en 5 años. Prohibición de trabajar de funcionario. Amonesta a quienes le contraten. Vive de la buena voluntad de los seguidores que saben que es su voz cuando todo el mundo calla. Dentro del bar, al que sólo se accede si eres conocido y está protegido por una gruesa cerradura, son varias las personas que se le acercan. Le abrazan y le dan algo de dinero para que siga con su labor. Todos están agradecidos. “Tanmert, tanmert” (gracias en bereber). “No tengo sueldo. Mi partido está proscrito y no puedo tener ni siquiera un trabajo digno” explica mientras da un gran sorbo a la cerveza. Beber alcohol en la Kabilia es también una manera de ser rebelde ante el poder establecido. Argelia es suní y árabe. Todo lo demás es inconstitucional.

 

Hocine Azem en el bar donde se juntan los activistas amazigh de la Kabilia

 

En Argelia hay una infinidad de pequeños grupos culturales, políticos y de diversa índole que reivindican la identidad bereber. Desde el año 2001 un grupo creado por una pequeña élite intelectual denominada MAK aglutinó la mayoría de voces que pedían un reconocimiento especial dentro del estado. Desde sus inicios y hasta el 2013 el MAK significó Movimiento Autonomista de la Kabilia. Sus manifestaciones eran multitudinarias en Tizi. Casi siempre terminaban con algún detenido. Desde ese año 2013 el MAK pasó a denominarse Movimiento por la Autodeterminación de la Kabilia. Consideraron tras varias reuniones que el derecho de la autodeterminación era más importante que la autonomía al considerar Argelia un estado colonialista. “Todos los funcionarios que trabajan en la Kabilia son árabes mandados por el poder de Argel. No hay espacio para un bereber, mucho menos para una lengua, la tamazight, que sólo adorna algunos carteles. Pero es pura fachada. Una excusa del poder para decir que reconoce a mi pueblo. Pura fachada” reconoce Hocine.

 

Sin embargo el cambio de ideología del MAK a partir del año 2013 creo grandes brechas entre sus militantes históricos. Si bien una gran mayoría apoyó el cambio, otros que al principio estuvieron dentro de las filas del partido rompieron la disciplina y crearon el RPK, Rassemblement pour la Kabilie por sus siglas en francés (Manifestación por la Kabilia en castellano). El partido es el único que es legal en Argelia de entre los que reivindican una identidad diferente a la árabe. “Es un partido que se ha aliado con el poder, aparece frecuentemente en los medios. Su aparición en la prensa hace creer a los habitantes del país que no hay otro movimiento. Es un partido “cortina” para poder tapar el resto de movimientos legítimos” explica Hocine. Hocine ocupa varios puestos en los movimientos identitarios amazighs. Es vicepresidente del Consejo Mundial Amazigh, organización internacional no adherida a ningún país para reivindicar la identidad amazigh. También ocupa el cargo de vicepresidente del URK, Unión Republicana de la Kabilia. “No reconocemos a Argelia como país soberano ya que no reconoce a la Kabilia como país colonizado. Aunque sus habitantes fueran punta de lanza en la independencia de los años 60 el poder ha querido quitarnos de en medio. Hay amazighs en el poder argelino, pero trabajan contra su propio pueblo” dice Hocine.

Cristiano kabilio 

El presidente de este partido político ilegal es Bouaziz Ait Chebib. “Es el partido que más seguidores aglutina desde la desintegración del MAK. El partido RPK no ha podido ni conseguir el 10% de los seguidores que tenía el MAK en su momento. Nosotros incluso hemos conseguido superar las expectativas. Somos más que los que éramos en el 2013. No hay afiliados oficiales al ser un partido no sólo ilegal sino también perseguido. Eso y la mentalidad abierta para con los amazighs de diferentes sensibilidades sociales o religiosas ha hecho que hoy en día seamos el partido con más seguidores. Tenemos a cristianos católicos, protestantes, musulmanes suníes e ibadíes en nuestras filas. Si bien la mayoría somos ateos o agnósticos hay plena tolerancia. Somos ante todo amazighs y el resto no son hechos diferenciadores” declara Bouaziz. La entrevista al contrario que en el caso de Hocine se celebra en la casa de un cristiano. “Ser cristiano amazigh es tener al estado y a la sociedad árabe en tu contra. Nunca he sentido el rechazo de mi pueblo por tener creencias religiosas diferentes. Con los árabes pero sobre todo con los árabes que son funcionarios del estado es contínuo el atropello a mis derechos. Soy activista del URK, he tenido que entrar de noche en coche en pueblos donde la policía tenía acordonadas todas las entradas para celebrar una reunión. Sabía que si me cogían tendría problemas por ser tanto amazigh como cristiano. He sido detenido varias veces y sé de lo que hablo”. Este cristiano bereber de nombre se llama Djamel Benzid y no esconde públicamente ni su religión ni su identidad. “Soy ingeniero en una compañía de gas. Digamos que ocupo una posición privilegiada en la sociedad pero la presión a la que estoy sometido es tremenda. Mi mujer es musulmana, yo soy cristiano. Mis hijos tienen nombres cristianos en casa y musulmanes en la calle. Ni mi esposa ni yo les presionamos para que escojan una religión. Será su decisión cuando la tengan que tomar. Pero la identidad amazigh la tienen por las dos partes. Saben perfectamente que no son árabes” explica Djamel. “Es tan grande la presión del gobierno que todo el mundo sabe en Tizi (Ouzzou) que los asesinos de los 4 “padres blancos” el 27 de diciembre del 94 fue obra del gobierno. El GIA se desmarcó rápidamente. Nunca hubo detenidos si bien el atentado se perpetró a escasos 200 metros de la comisaría central de la ciudad. El poder ha querido señalar a la Kabilia como terrorista, amañando atentados, dejando que grupos actuaran aquí cuando no los creaba o hacía el mismo los atentados. El GIA, el terrorismo en general, ha sido la excusa perfecta para Argel para atacar una identidad y una manera de reivindicar pacifista. Quiere hacer ver a la opinión pública que aquí hay un problema de violencia endémica. La única violencia que hemos sentido es la del poder” añade Djamel antes de rezar ante la mesa rebosante de comida casera de su hogar en Tizi.

 

Cristiano Kabilio en su casa de Tizi

 

Pouvoir assassin

 

Son miles los espectadores que se agolpan en el estadio de Bejaia. Ante ellos una mujer con el traje regional bereber habla con voz entrecortada. Le tiembla el pulso casi tanto como la voz. Es la mujer de Matoub Lounes, cantautor kabilio misteriosamente asesinado en 1998. El estruendo del principio se convierte en una silencio reverencial. Todo el mundo escucha a la viuda de “la voz de la Kabilia”. El GPK, Gobierno Provisional de la Kabilia, lleva años denunciando que el asesinato de Lounes no fue un atentado del GIA (Grupo Islámico Armado). Ferhat Meheni es el líder de este gobierno en el exilio que es la voz en el exterior de la Kabilia y embajador de la causa amazigh argelina. En varias de sus declaraciones públicas ha señalado que “Lounes no interesaba al GIA. El GIA no ganaba nada con su desaparición. Solo el gobierno argelino conseguía redito de su asesinato. Juzgaron a dos inocentes, dos cabezas de turco”.

 

El día que Matoub Lounes recibió los balazos que le provocaron la muerte, su mujer y otras dos acompañantes iban con él en el coche. Ninguno de los testigos reconoció en el juicio a los que fueron acusados del homicidio. “Eran otros” asegura Hocine cuando se le pregunta. “Aquél día no había control donde solía estar. No había policías en las carreteras como de costumbre. Todo el mundo sabe que fue el poder quien mató a Lounes. Era un peligro para el majzén (palabra árabe que designa el poder no democrático que actúa a la sombra). Estaba consiguiendo que los amazigh nos levantaramos. Había alguien que cantaba en nuestra lengua reivindicando independencia, con claras alusiones al poder. Él sabía que corría ese peligro. Pero sabía que sería el poder quien actuaría, no los islamistas. Y así fue. Hoy todo el mundo sabe quién fue, si bien no se han juzgado a los verdaderos culpables” explica Hocine Azem.

 

Nadia Matoub, la viuda de Matoub Lounes, año tras año recibe el cariño de los suyos. Su intervención en el concierto anual en memoria de su marido es una de las más emotivas y esperadas. Es por ello que el silencio entre palabra y palabra de esta mujer sea algo casi sagrado. Nadie habla, nada tose, los niños dejan de moverse sin decirles nada. Una pantalla contigua proyecta imagenes de su marido en un concierto. Con voz entrecortada y visiblemente emocionada, pese a los 21 años del asesinato, no hace alusiones directas al gobierno y su culpabilidad. El concierto también se ha convertido en una suerte de manifestación no declarada por las últimas muertes que los amazigh acusan de cometer al estado argelino: Kamel Eddín Fekhar. Este activista murió también en extrañas circunstancias en Mayo de este mismo año cuando se encontraba encarcelado por protestar en contra del gobierno y sus políticas hacia las minorías del país.

 

Una mujer hace el signo de la victoria en el estadio donde se celebró el homenaje a Lounes

 

Nadia se despide de todos con un sonoro y fuerte “Tanmert” (gracias en amazigh). Lo que era silencio se convierte en una estruendosa voz que hace que las paredes del estadio tiemblen. El estadio puesto en pie agita las banderas amazigh y a una voz corean “Pouvoir assassin, pouvoir assassin !” (¡Poder asesino, poder asesino!).

 

 

 

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