Ainhoa Güemes eta Zaloa Basabe
Ainhoa Güemes eta Zaloa Basabe

¿Sortu no es feminista?

Ainhoa Güemes

He decidido publicar este artículo de opinión aun siendo consciente de que puedo acabar siendo la chiva expiatoria del abertzalismo feminista. De mojadas, al río. A los gestos de sinceridad y coherencia personal (que comprometen nuestra individualidad como parte de un colectivo) hay quienes responden con mala leche. Más autocrítica y menos soberbia, eso es lo que ahora nos exige el guión, si es que nos creemos esta historia de liberación que estamos protagonizando miles de personas. Menos jerarquía organizativa y más auto-control de mando.

Dicho esto, me gustaría reflexionar sobre lo siguiente:


 

Durante el proceso constitutivo de Sortu, se presentaron varias enmiendas (cuantitativamente más de las esperadas; cualitativamente nada nuevo bajo el sol: esbozos de opiniones sin criterio basadas en los tradicionales prejuicios), en las que se proponía cambiar el término feminismo por paridad, o hablar simplemente de sociedad patriarcal, es decir, se buscaban posibles giros eufemistas para tapar (invisibilizar, deslegitimar,…) a lxs activistas del movimiento feminista, negando la trayectoria histórica y el carácter político del movimiento. Y se hizo pasando por alto la urgencia, el reclamo, la exigencia y las diferentes razones que las feministas abertzales venimos esgrimiendo y argumentando, con el objetivo de situar la reivindicación feminista en el mismo plano y al mismo nivel que la socialista. Porque el socialismo no lleva implícito el feminismo. No nos engañemos.

¿Por qué desde nuestras bases se responde con tanta soberbia y rechazo al feminismo en general, y al feminismo abertzale en particular? ¿Hay que volver a subrayar que nuestra reivindicación apunta precisamente a la necesidad de consolidar el carácter político de los sujetos feministas en Euskal Herria? Que yo sepa, a día de hoy, todavía nadie, desde la izquierda abertzale, se ha manifestado públicamente refutando (con seriedad y argumentos) la principal reivindicación del movimiento autónomo feminista. De hecho, ha habido pocos gestos comunicativos que busquen la comprensión y el acercamiento. Se nos permite hablar desde algún que otro txoko; desde este, por ejemplo, sin duda, porque hemos irrumpido con inusitada fuerza. Pero cuando hemos interpelado a alguien directamente...

(como lo hice yo en este post http://www.naiz.info/eu/blogs/libre-feminista/posts/femenina-o-feminista-he-ahi-la-cuestion)

...se impone el silencio. No hay respuesta. Qué fácil es tirar la piedra y esconder la mano… O intentar resucitar por enésima vez la plataforma Ahotsak sin solucionar los problemas de fondo; que son organizativos, y atañen a cómo nos posicionamos en la escena política. Desde el púlpito o a ras de suelo: plano de inmanencia, no de trascendencia; ni más ni menos que nadie, como se suele decir.

¿Qué sucedería si de la noche a la mañana decidiéramos hablar de Solidaridad, en lugar de hablar de Socialismo? Somos solidarixs, pero no socialistas; es lo mismo que decir, somos paritarixs pero no feministas. Que quede claro. Somos pero no a la luz del día. O, no lo hemos sido nunca, y nos enorgullece no dar el salto a la transformación. Puesta a pensar retorcidamente, me imagino a algunxs monologando así: Podríamos llegar a ser solidarixs con las feministas, pero ¿ese gesto nos beneficia?; es beneficioso apropiarse de la fuerza y la inteligencia que las activistas abertzales feministas han demostrado poseer, pero, una vez usado su discurso, mejor lo desvirtuamos, para manejarlo a nuestro antojo, para mantenerlas al margen de la macropolítica, la política de verdad, la que se hace a puerta cerrada entre unos pocos elegidos. Ay, una vez más hemos topado con el techo de cristal, entre paredes blindadas y oídos sordos.

 

Además es importante hacer ver que:

Entre declaradas feministas la soberbia y la ignorancia también son bandera

Qué falta de valentía, o qué mala leche, aunque tal vez sea pura ignorancia… Pero, ¿a qué se debe la soberbia, la mala leche, el rechazo? Seamos sinceras, entre quienes nos declaramos feministas, (y aunque desde el feminismo precisamente se denuncian las relaciones desiguales de poder), también son frecuentes este tipo de reacciones, porque esta manera tan negativa y negadora de oponerse al cambio se da en todos los ámbitos de actuación. Yo creo que estas reacciones se dan a menudo debido a la falta de autocrítica y al mal uso que hacemos del poder. Desgraciadamente, a falta de criterio propio (por supuesto no todo el mundo sabemos de todo), y no aceptando que no se tiene ni idea; en este caso que no se tiene ni un mínimo interés por el devenir del pensamiento crítico feminista, digo, en lugar de admitirlo y dejar sitio a quienes algo más si demuestran saber, en lugar de hacer uso del poder con responsabilidad y con equidad, hay quienes por no levantar el culo de la silla, acaban imposibilitando e incapacitando a aquellxs que si tienen criterio sobre una cuestión u otra, y de ese modo, se va mermando la voluntad de participar en los acontecimientos relevantes. Al ver alzada la bandera de la ignorancia y de la estupidez ¿quién no siente ganas de mandarlo todo al carajo y dejar de participar, de navegar en este barco?

En los estatutos de Sortu, presentados ante notario el 9 de febrero de 2011, en el apartado 5 del Artículo 2: Ámbito y Bases ideológicas, se habla expresamente de feminismo (sin ningún tipo de eufemismo). De hecho, la razón de que en esos estatutos se visibilice la lucha feminista y su carácter político estructural (como pilar estratégico junto a las reivindicaciones a favor de la independencia y el socialismo), no se debe a la buena voluntad de no se sabe qué ente o autoridad moral, sino que obviamente se debe a la lucha colectiva, a la actividad imparable, vertiginosa y fructífera, a la fuerte presencia y a la persistente actitud de resistencia que cientos de feministas abertzales hemos protagonizado en las últimas décadas. No fue una casualidad que se tomara la decisión de proponer como candidata a lehendakaritza a una mujer. Bienvenida sea Laura Mintegi. Admiro su lucidez, y me siento orgullosa de que me represente. Pero asistimos perplejas a la construcción discursiva de Bildu en la que se habla mucho de género pero poco de feminismo. Este es uno de los desafortunados efectos en los que tras una palabra, o tras un gesto se oculta todo un síntoma: errores y desaciertos ocasionados por la falta de rigor.

Pero, y diréis, dale con el tema, qué manera de incordiar: ¿Por qué algunos compañeros y compañeras de viaje se empeñan en deslegitimar la lucha feminista? ¿Por qué otrxs aun siendo declaradxs feministas siguen sin cogerle al toro por los cuernos? Sería muy triste aceptar que algunas mujeres necesitan del feminismo para acceder a la cuota, y al entrar en la escena macropolítica, al ocupar por fin la silla, sufran una especie de trombosis intelectual y se olviden de defender aquello que las ha impulsado y aupado.

¿Qué ha sucedido en cuestión de meses para que el feminismo, de ser un pilar estratégico, pase a formar parte de otros subapartados? ¿Alguien nos podría aclarar en qué siglo se gestó y en nombre de qué lideresas luchadoras, guerreras, combatientes se alzó la bandera del 'movimiento paritario'?, ¿qué coño queremos demostrar cuando decimos paridad sin mencionar los feminismos, o mejor, qué narices queremos ocultar con ese eufemismo?

Compañeras y compañeros feministas con una pizca de poder y presencia macropolítica, deciros que desde aquí no se entiende nada, ¿alguien nos puede explicar a quienes no participamos en la macropolítica (el juego de la silla) qué ha pasado en los últimos meses, para que de ser un pilar central, el feminismo acabe en el saco del bloque místico: la defensa de Ama Lur o la maldita Marimanía esencialista vasca (las mujeres como cuidadoras de la tierra, la lengua y la cultura, de lxs hijxs que da la patria, pero no dueñas de los bienes patrimoniales ni inventoras del fuego ni del hornillo donde se cuecen las habas). Por eso no entiendo ni comparto la estrategia adoptada por Sortu en su última declaración. Y agradecería mucho que alguien me explicara tanto eufemismo.

En la Plataforma Ahotsak sucedió lo mismo, a la hora de la ‘verdad’ (y sabemos que verdades hay muchas pero solo valen unas pocas) se prefiere hablar de mujeres en general, ¿para alcanzar mayorías despolitizadas?, como si decir mujeres fuera explicar algo. No todas las feministas somos mujeres, sino que respondemos a diversas categorías de género y sexuales. Además, ni todas las mujeres son iguales (por eso hay que hablar en plural), ni comparten los mismos principios, ni por el hecho de nacer con un sexo biológico determinado luchan unas y otras en la misma trinchera. ¡Qué manía con salir en la foto esa que tan bien enmarca el perfil mujerista y no feminista del acontecer político vasco! Deberíamos preguntarnos por qué Lokarri ha invitado a Ahotsak a su foro y no al movimiento autónomo feminista.

¿Necesitamos siempre la tutorización y el beneplácito de los partidos para incidir políticamente? Nadie va a negar a estas alturas que vivimos en una sociedad marcadamente partidista. Pero hay momentos en los que hay que saber discernir. No puede ser que los movimientos sociales no acaben de participar nunca directamente en las instituciones. Yo he sido tan ingenua (o esperanzada) que he creído que Sortu era ‘mayoritariamente’ feminista (por necesidad, por convicción, por justicia), y he puesto junto a otrxs lo más noble y creativo de mí en este proceso liberador. Al saber que la 'mayoría' de la gente que participa en Sortu no es feminista, mejor bajarse del guindo. Una vez más, ¿es la mayoría la que tiene la razón? No lo creo. ¿Qué pasa con las grandes, saludables y robustas razones que nos hacen más libres en la diferencia? Que son malinterpretadas, desestimadas, ignoradas, desatendidas y minorizadas. Debido, como he dicho, por un lado, al mal uso que hacemos del poder (falta de autocrítica también entre compañeras del movimiento feminista); y por otro lado, debido a una excesiva y estúpida soberbia antifeminista, que fortalece los valores heteropatriarcales.

Por un motivo o por otro, en la izquierda abertzale (no somos perfectxs y no somos lxs únicxs), sobre cuestiones relacionadas con la historia del movimiento feminista, prevalecen posturas reaccionarias, basadas en la falta de criterio y que evidencian nuestra ignorancia. ¿A quién beneficia la ignorancia? ¿Hacia dónde nos conduce el distanciamiento, el desentendimiento mutuo? ¿Cómo deberíamos reaccionar ahora las feministas abertzales? Por mi parte, no deseo en absoluto abandonar el barco, pero sabiendo cuál es la ‘realidad’ que se impone, sin idealizaciones, y combatiéndola si hace falta, porque aunque en este viaje colectivo haya pasajes victoriosos y placenteros, este no es un crucero de ensueño.

Si resulta que estoy totalmente equivocada, que mi análisis es incorrecto, que alguien me explique esto, por favor, y a poder ser con argumentos. Responder con más silencio es tramposo, no vale. La autocrítica requiere poner las cartas sobre la mesa. Me refiero a la resolución del Congreso de Sortu firmada en Iruñea el pasado día 26, en la que se afirma:

“Nuestro compromiso con la voluntad popular es firme, y llevaremos hasta el final el proyecto de Estado Vasco, respetando y haciendo respetar dicha voluntad. La libertad plena, esa es nuestra única meta, y somos conscientes de que la liberación nacional debe ir unida a la transformación social, dado que ambas son parte del mismo objetivo: conseguir un pueblo libre formado por hombres y mujeres libres.

Por tanto, el nuestro es un proyecto socialista. Para hacer frente al sistema capitalista, a ese sistema que destruye el medio ambiente en todos los rincones del mundo, que condena a millones de personas a la más absoluta miseria, y que a través del neoliberalismo de estos últimos años ha llevado esas situaciones a extremos aún más críticos, debemos crear alternativas radicales, adaptadas a las características e identidad de cada pueblo. Ese es también el desafío al que debe enfrentarse Euskal Herria.

Nuestra principal tarea es construir Euskal Herria día a día, desde el punto de vista social, político, económico y cultural. Las áreas de trabajo son, entre otras, la justicia social para todos los hombres y mujeres, y la paridad entre ellos; el respeto a la madre tierra y la cohesión territorial, y la recuperación de la lengua nacional”.

 

La alternativa radical no es hablar de 'paridad' sin decir expresamente 'feminismo'

Ni siquiera se habla en el texto de sociedad patriarcal. El capitalismo y el patriarcado van de la mano, pero no son la misma cosa. ¿Sabéis? Los que más satisfechos se van a sentir con esta decisión de deslegitimar nuevamente al movimiento feminista son los obispos vascos, esos que van de la mano de Ratzinger y el Opus Dei: conservadores de centro o izquierda, ultraderechistas, retrógrados, machistas de andar por casa,… ¿No os dais cuenta que al desautorizar el trabajo y las reivindicaciones legítimas de los sujetos políticos feministas le estais dando comba a la estrategia inquisitoria del Vaticano? Mejor cuerpos domesticados que cuerpos subversivos. Sin lucha feminista no habrá personas libres. ¿No os dais cuenta de que el potencial de chicas rebeldes y gente feminista que existe en Euskal Herria no existe en otros lugares? ¿Creéis que esa fuerza surge de la nada y no hay que alimentarla? Somos una preciada rareza que hay que cuidar. Sed de feminismo, hambre de libertad. ¿Pensáis que algunas de nosotras no estamos pagando un alto precio por resistir, por acceder al espacio público y hacerlo sin pelos en la lengua, dando testimonio de quiénes somos, qué deseamos, y qué pretendemos?

Si nos dejáis solas, en la cuneta una vez más, nuestras exigencias seguirán siendo desatendidas, nuestra confianza hacia nuestros hermanxs mermada, nuestro cuerpo ‘femenino’ o abyecto, queer, descategorizado,... seguirá siendo un campo de batalla. Las castas sacerdotales de todos los tiempos, de todas las naciones, seguirán negándonos el derecho a vivir una vida afirmativa, y el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos (mirad qué pasa con el aborto). Quizá tenía razón Oteiza, ¿el problema no será que dentro de cada vasco y cada vasca habita un cura retrógrado y misógino? ¿Por qué si no vaciar e ignorar las creaciones, las construcciones vitales y discursivas que a las feministas abertzales nos cuestan la vida? Si, literalmente, resistir al heteropatriarcado y al capitalismo nos cuesta la vida. ¿Habemus comprendido algo?

El pasado diciembre, concluía con estas palabras el post que escribí después de asistir emocionada a la mesa redonda protagonizada por ex presas políticas vascas. Se me quedó grabada sobre todo una de las declaraciones, cuando se afirmó que en la cárcel, más que nunca, ellas sintieron sed y hambre de feminismo. Se referían a la necesidad vital (en sentido literal: una cuestión de vida o muerte) de establecer vínculos afectivos y de tejer redes con las compañeras del movimiento feminista. Por ello, yo insistía en ese post, y vuelvo a insistir, por si sirve para algo:

“Tomemos nota de sus testimonios, para que no haga falta recordar a nadie una vez más que el feminismo es un movimiento de liberación para el conjunto de las personas, que la revolución en Euskal Herria y en otros pueblos libres del mundo será feminista o no será. En respuesta a cualquier enmienda (obviamente me refiero al proceso constitutivo de Sortu), a cualquier queja, a esas opiniones sin criterio que abundan también en nuestro entorno, decir que no, que no lo vamos a llamar de otra manera, que se trata precisamente de visibilizar nuestra lucha, y nuestra lucha es ante todo FEMINISTA; que el movimiento feminista está legitimado, autorizado y reforzado por la vida ejemplar de todas aquellas que lucharon antes por un mundo donde la diversidad y las diferencias de sexo y género generen riqueza y satisfacción, no represión y segregación. Este es nuestro linaje, un linaje de heroínas combativas, supervivientes de ayer y hoy”.

http://www.naiz.info/eu/blogs/libre-feminista/posts/ex-presas-politicas-vascas-nuestro-mayor-delito-ha-sido-subvertir-los-roles-hegemonicos-de-la-feminidad

 

 

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