Joseba SALBADOR

Entre los valles Urumea y Leitzaran

Besabi, punto de partida para ascender al Adarra o al Onddi, constituye un punto estratégico para conocer la prehistoria vasca a través de los múltiples monumentos megalíticos del Neolítico que hay en sus inmediaciones. 

gara-2021-06-16-Reportaje

No hay mendizale que se precie que no haya almorzado en la venta de Besabi a la vuelta del monte Adarra. Pero, además de ofrecer la posibilidad de realizar una agradable salida montañera, este enclave ubicado en el término municipal de Urnieta esconde muchos más tesoros.

El acceso a este lugar es muy sencillo, basta con salirse de la A-15 en Urnieta como si fuéramos a la ITV, recorrer 700 metros en dirección Andoain por la antigua carretera hasta el alto de Irurain y coger el cruce hacia Besabi. Tras casi 4 kilómetros de subida, llegamos a la explanada del restaurante donde, una vez estacionado el coche, tenemos diferentes posibilidades.

La más sencilla, la subida al monte Onddi (548 metros) y regreso por el cromlech de Mulisko gaina (6,9 kms / 1 h 50’.). La ruta, bien señalizada, comienza en la pista que parte junto a los paneles que nos informan de todo lo que podemos ver en el macizo Onddi-Adarra-Mandoegi.

Esta zona está considerada como el límite occidental de los monumentos megalíticos del Pirineo, ya que una vez traspasado el Leitzaran –la frontera entre vascones y bárdulos– desaparecen casi por completo.

Así, al poco de iniciar nuestra marcha, en el collado de Pozontarri, encontraremos ya el primer dolmen del Neolítico. Poco después accederemos al cortafuegos que nos dirige por una fuerte pendiente hacia la cima, muy cerca ya del Urumea y del barrio de Ereñotzu, desde donde también podemos ascender.

Siguiendo las marcas verdes y blancas, descendemos hacia los cromlech de Mulisko (kanposantu zaharra), uno de los monumentos megalíticos más espectaculares del macizo. A partir de este punto, no tenemos más que seguir descendiendo hasta alcanzar la pista por la que habíamos subido hasta el collado de Pozontarri, y de ahí directos hasta la venta de Besabi.

Adarra y Eteneta

La segunda posibilidad que nos ofrece Besabi es ascender a la cima del Adarra (819 m), pero pasando antes por el menhir de Eteneta (8,4 kms / 2 h 40’). Para ello, comenzaremos a ascender hacia el caserío Montefrío y, poco antes, abandonaremos la pista y nos adentraremos en el bosque para continuar subiendo por un camino bien marcado.

Al final del bosque, saldremos hacia la derecha y tras pasar por la fuente de Agirreazpi, nos dirigiremos al collado de Eteneta, el más espectacular de la zona gracias a su menhir vertical colocado en el centro del cromlech.

Si seguimos adelante podremos llegar a la cima del Onddo (785 m.), aunque en este caso cogemos hacia la izquierda y, sin pérdida, ascendemos tras una fuerte pendiente al Adarra.

La bajada la podremos hacer por el camino de subida o desviándonos hacia el Aballarri, donde está la mole de piedra que dio origen a la leyenda de «aballa harri». En este camino pasaremos junto a los cromlech de Elurzulo, Aballarri y Arleor.

Bajada al Leitzaran

La tercera opción es bajar al valle del Leitzaran, que se encuentra a 5,3 kilómetros de distancia. Si vamos andando tardaremos una hora, pero si vamos en bici lo haremos en pocos minutos.

Para ello, en el punto donde comienza la subida a Adarra seguiremos por la carretera para pasar enseguida junto a la antigua venta de Maizulo, situado justo encima de la cueva donde se encontró un esqueleto humano de hace más de 5.000 años.

Tras un corto repecho, pasamos por los caseríos Kukutegi y Pardaki, donde la ruta comienza a descender suavemente y, al cabo de media hora, llegaremos a la sidrería Mizpiradi, donde podemos reponer fuerzas.

En este punto cogemos a la izquierda y seguimos bajando hasta el siguiente caserío, Garagorri, casa natal del sacerdote y filólogo vasco Manuel Larramendi (1690-1766). Pocos metros más adelante nos desviaremos de nuevo hacia la izquierda para dirigirnos hacia el caserío Asu, a los pies del Atxular, y bajar al recóndito valle Ubaran. Siguiendo la pista que discurre paralela al río Ubane llegaremos a uno de los puentes del ferrocarril del Plazaola, el de Auzokalte. Si subimos a él, podremos adentrarnos a la izquierda en el valle del Leitzaran atravesando el largo túnel de Otieta o acercarnos a la derecha hasta Andoain.