Oriol Clavera

Arles, más fotogénica en verano

Con la llegada del verano, Arles ofrece una basta propuesta de exposiciones fotográficas que duran hasta casi finales de setiembre. Son los Rencontres de la Photographie, una buena excusa para visitar la ciudad de la Provenza.

Plaza del centro de Arles. (GETTY IMAGES)
Calle céntrica de Arles. (GETTY IMAGES)

Callejear a primera hora de la mañana, cuando la ciudad y sus algo menos de 60.000 habitantes duermen, es un buena manera de tomarle la medida a esta ciudad francesa. Estamos en el pequeño barrio de la Roquette, entramado de callejuelas que se encuentran y separan ahora aquí, ahora allá, a orillas del Roine.

El río, inmenso, parece darse cuenta a su paso por la ciudad de que tiene poco camino por delante antes de desembocar en el mar. Son los escasos 40 kilómetros que discurrirá por la Camarga hasta su desembocadura, en un delta verde y turquesa repleto de lagunas.

Pero remontemos de nuevo río arriba. Estábamos en la Roquette. El barrio se va despertando. Cruzamos la Place Doumier y, después, la de J. Patrat, para encaminarnos por la Chartrouse hacia el sur. Se oye un lejano ajetreo que no concuerda con la tranquilidad de estas calles. En el Boulevard George Clémenceau,descubrimos el misterio: de aquí para allá, en decenas de puestos están preparando el género a lo largo de la ancha avenida que se prolomga hasta el Boulevard des Lices.

Dejamos el mercado atrás y nos adentramos de nuevo en el casco antiguo por la calle Jean Jaurés, que nos guía hacia la Place de la Repúblique. En este lugar, centro neurálgico de la ciudad, un gran obelisco se alza como una chincheta de Google Maps. No es este su lugar original, sino que procede de las afueras de la ciudad, donde se ubicaba el circo romano.

La ciudad, de origen griego (600 a.C.) y con el nombre de Thelina, fue ocupada poco más de medio siglo después por los celtas saluvios, que la renombraron como Arelate. Y no fue hasta el año 123 a. C. que llegó para quedarse el Imperio Romano, hasta el punto de que en el siglo IV se convirtió en la segunda capital del Imperio de la mano de Constantino.

De la época romana han perdurado magníficos restos, inscritos como el Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como el Teatro Antiguo, que fue de los primeros teatros de piedra del mundo romano. Casi un siglo después y a escasos metros, se levantó el Anfiteatro (finales del siglo I), popularmente conocido como las Arenas, que puede acoger hasta 25.000 espectadores.

Actualmente, además de acoger la visita de turistas y algún que otro evento, es utilizado para corridas de toros. Si, aun así, los amantes de la historia y las piedras no han saciado su amor por esa época, les quedan por visitar las Termas de Constantino (emperador que nació en la ciudad), algunos restos de las antiguas murallas y la necrópolis de Aliscamps.

Todas estas piedras que acumulan dos siglos de erosión son, seguramente, las únicas que se salvan de convertirse en soporte físico para la inmensa galería al aire libre en la que se transforma la ciudad durante los meses de verano. Sin olvidar, eso sí, la casi treintena de espacios expositivos ubicados en su casco antiguo, principalmente. Fotografías en color, en blanco y negro, de temáticas sociales, documentales, pasando por las más «artísticas», están expuestas en paredes, muros, fachadas, en plazas, en calles y en callejuelas. Es la gran fiesta de la fotografía, una cita a no perderse.

La Camarga

La Camarga es el gran espacio natural y humano que comprende el delta más grande de Europa, que es el del río Roine. Una gran extensión de 145.000 hectáreas en la que, dependiendo de la zona, se cultiva principalmente arroz, cereales y vides. Las lagunas, con la de Vaccarès a la cabeza en tamaño, además de ser el ecosistema ideal para las más de 400 especies de aves que podemos encontrar, con la mayor población de flamenco del continente, también son hábitat del caballo de la Camarga, al que veremos pastar por los humedales.

Son una raza propia del lugar y es utilizado por los ganaderos que crían toros. Como en otros lugares, como les Terres de l'Ebre o el País Valencià, las tradicionales corridas son eje central en las fiestas patronales. Es fácil encontrarse con alguna, en la que los caballos montados por los ganaderos conduciendo los toros del campo a las plazas, es un espectáculo en sí mismo.

Gran parte de la Camarga está protegida dentro del Parque Regional Natural de la Camarga y está dentro del término municipal de Arles, otorgándole el honor de ser el municipio más extenso del Estado francés, con 760 km cuadrados.