
Joaquín Pueyo, pionero de la trufa en Araba, es el protagonista de un documental que está rodando la Asoción Etnografía Amalur y cuyo trailer se presenta este sábado en la Casa de Cultura de Santikurutze Kanpezu.
La ‘caza’ o recolección de trufa empezó en el Estado en una posguerra marcada por la pobreza y permitió ganarse la vida a personas como Joaquín Pueyo (Barbastro, Huesca, 1932), que en plena dictadura pasaba la muga para vender este hongo tan apreciado en la gastronomía.
En busca de trufales recorrió varias regiones y a principios de la década de los 60 se topó en Santikurutze Kanpezu con un encinar que, según su ojo experto, reunía las condiciones para ser un trufal generoso. Y acertó: en una sola mañana recogió 22 kilos. Fue entonces cuando decidió que este sería su lugar de ‘caza’.
Finalmente fueron 35 los años en los que Pueyo regresó cada noviembre para recolectar trufa.
El germen del proyecto
La idea de rodar el documental ‘Donde duerme la trufa. Joaquín, el pionero de la trufa alavesa’ surgió en 2022 cuando Arturo Martínez, secretario de la asociación y guía turístico de profesión, se planteó diseñar una ruta guiada por los trufales de la comarca de la Montaña Alavesa.
Durante el proceso de documentación, encontró en el Archivo Histórico de Araba un contrato de arrendamiento de un monte público en Antoñana firmado en el año 1963. Este papel le puso sobre la pista de Joaquín Pueyo, que a sus 93 años sigue viviendo en Barbastro. En 2023, Martínez se desplazó a la localidad oscense acompañado del presidente de Amalur y experto trufero, Igor Zubizarreta.
En esa primera visita, el nonagenario aragonés les relató cómo descubrió la riqueza micológica de la Montaña Alavesa, una zona a la que en aquella época también llegaron truferos de otros lugares, sobre todo de Catalunya, aunque los primeros en hacerlo fueron Pueyo y sus dos socios –ya fallecidos–, que además fueron los que más tiempo se quedaron.
Tras esa conversación, Martínez y Zubizarreta comenzaron a barruntar la idea de grabar un documental sobre la figura de Pueyo y su trabajo en Araba para «mantener viva la memoria de un mundo que desaparece: el mundo rural», explica el primero.
En mayo del año pasado regresaron a Barbastro, ya con un cámara y un técnico de sonido, para grabar una charla de cuatro horas que será el núcleo del documental, que cuenta con financiación de la Diputación Foral de Araba y del Gobierno de Lakua, pero que requiere de más fondos para poder ser terminado.
En busca de financiación
Sus promotores confían en que Lakua tenga una mayor protagonismo económico en el proyecto, aunque trabajan también otras posibles fuentes de ingresos como empresas privadas, fundaciones e incluso crowdfunding (microfinanciación colectiva). «Será un documento histórico. Es parte de nuestra historia y posiciona la trufa como nuestra», valora Zubizarreta.
La presentación del trailer pretende precisamente servir de gancho para lograr esa financiación. Es además una excusa para rendir homenaje a Pueyo, que ha acudido a Santikurutze Kanpezu acompañado de su familia.
Su visita a Araba le ha permitido además reencontrarse con Lauri, la mujer que durante esas 35 temporadas de trufa le preparaba cada noche la cena cuando, tras una larga jornada de trabajo recolectando estos hongos subterráneos, regresaba a su hospedaje en El Casino.
Ahora se recoge trufa cultivada
En aquel entonces, Pueyo recolectaba trufas silvestres, pero en la actualidad su recogida está limitada con medidas muy estrictas. Ahora se recogen por tanto trufas de cultivo con una técnica que apenas ha variado en estos 60 años: el trufero recorre el monte con un perro entrenado para localizar trufas con su olfato, las desentierra con un machete y las guarda en un zurrón.
El entrenamiento de estos canes comienza en su etapa de cachorros y dura dos años. El trufero debe tener paciencia y estar dispuesto a invertir tempo en enseñar al animal y a pasar muchas horas en el monte, normalmente pasando frío porque la temporada va de noviembre a marzo, explica Zubizarreta.
La preparación de las parcelas para el cultivo de trufa es mucho más larga que el adiestramiento canino, ya que desde los primeros trabajos de preparación del suelo, la posterior plantación y cuidado de los árboles inoculados con el hongo –sobre todo robles y encinas–, hasta la recolección de trufas pasan ocho o nueve años.
El plazo de producción de una parcela puede durar veinticinco años, aunque la cosecha va menguando progresivamente y los años realmente fructíferos suelen ser diez. «Y eso si todo va bien y, sobre todo, si los primeros pasos de preparación terreno se han hecho bien», añade este trufero alavés.
Una producción tan a largo plazo encarece el producto. Aunque su precio es muy variable, comprada directamente al productor puede rondar los 700 euros el kilo, apunta Zubizarreta.

Petritegi baserriaren 500. urteurrena ospatuko dute aurten

Silva y Txiki Begiristain, juntos de sidrería en Usurbil

Euskal musikaren sektoreak kezkaz begiratzen dio makrokontzertuen gorakadari

Científicos que trabajan en Groenlandia alertan del riesgo de una apropiación de Estados Unidos
